El Hijo Criado por los Abuelos
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EL HIJO CRIADO POR LOS ABUELOS
En las actuales y agitadas sociedades occidentales, donde habitualmente los
dos padres de un niño tienen una vida laboral que les impide estar criando a
sus hijos durante unas cuantas horas al día, durante varios días e incluso en períodos
más largos, es habitual que otras personas asuman el papel de la crianza de un niño en lugar de los padres, y lo más habitual es que estas
personas sean los abuelos, tanto por parte del padre como de la madre. Si los
periodos de crianza se alargan mucho en el tiempo puede surgir una dificultad genealógica
a la hora de saber cuál es la herencia que va a recibir ese hijo por parte de su
familia y cómo afectara a la personalidad, el carácter, la forma de ser y las tendencias y modelos que provienen de su familia. Es muy probable que estos niños pueden tener que
procesar el conflicto denominado como “segundo padre” o “segunda madre” en el
que puede haber una rivalidad entre abuelos y padres a la hora de gestionar a
los niños y una confusión sobre a quién hay que hacer caso si hay diferencias importantes en la forma de educar.
En todo el mundo, millones de
niños crecen bajo el cuidado principal de sus abuelos y las causas son muy
diversas, como la migración de los padres a otras zonas o países, el fallecimiento
de uno o de ambos, la enfermedad, el encarcelamiento, las adicciones, la maternidad
o paternidad adolescente, la separación conflictiva, la violencia en la pareja,
las necesidades laborales o las decisiones judiciales de protección infantil.
En muchos países de América Latina, África y Asia esta realidad es estructural
y forma parte de la organización cotidiana de las familias; en Europa y
Norteamérica ha crecido de forma sostenida en las últimas décadas, y habitualmente ya se las denomina “grandfamilies” o “familias de abuelos criadores”. Esta
circunstancia suele reflejarse en el plano psicológico con los estilos de
crianza, la función emocional, la autoestima, la identidad, los vínculos
sociales y el desarrollo moral, y en el plano genealógico en herencia
compartida con los abuelos, la transmisión de valores y la narrativa a través
de las generaciones, las lealtades familiares, los secretos, la historia
familiar y la construcción de la identidad a partir del linaje familiar.
Fig.1= Abuelos y nietos.
Se considera que los seres humanos nacen con una predisposición a copai modelos y a formar vínculos con las figuras de crianza y de cuidado que les brinden protección y seguridad. Para el niño criado por abuelos, la pregunta central es si la forma de relación afectiva con ellos es adecuada, sensible, estable y está disponible fácilmente. Los abuelos pueden convertirse en una importante base de seguridad, especialmente cuando asumen el papel de la crianza desde edades tempranas del niño de forma continuada. Sin embargo, la desconexión temprana con los padres, la pérdida o la adversidad que motivó el traslado hacia los abuelos, pueden dejar huellas de inseguridad. El desarrollo infantil es el producto de interacciones entre el niño y los sistemas que le rodean, como la familia, la escuela, el vecindario, los cuidadores, los servicios sociales, la cultura, las leyes, las creencias y el momento histórico y vital. Esto es especialmente útil porque la crianza realizada por abuelos depende también de muchos factores externos, como la situación económica de ellos, el estado de salud, el reconocimiento legal de la custodia, el estigma social y las redes comunitarias.
Es normalmente aceptado que la familia funciona como un sistema emocional global y que muchos de los patrones, como el de la ansiedad, la diferenciación, la triangulación de relaciones y los conflictos, se transmiten de una generación a otra. Desde este punto de vista, el niño criado por sus abuelos no solo se relaciona con ellos, sino que se inserta en un triángulo que incluye a sus padres ausentes o parcialmente presentes. La forma en que los adultos manejan esa relación influye de manera directa en la construcción de la personalidad del niño. Los niños adquieren conductas, valores y formas de resolver conflictos observando e imitando sus modelos. Los abuelos suelen ser modelos de funcionamiento, de cómo gestionar la paciencia, las habilidades, el trabajo, las creencias, las tradiciones, la rigidez o la tolerancia, entre otras cosas. La edad a la que el niño llega a vivir con sus abuelos y el modo en que se resuelven las crisis en esta familia suelen ser decisivos. Además, los abuelos son transmisores privilegiados del lenguaje, de ciertos valores, de los relatos, los oficios y las costumbres.
Un niño comparte el 25 % de su material genético con cada abuelo, y el 50 % con cada progenitor. Los estudios de gemelos y de sus familias indican que los rasgos de personalidad, como la extraversión o introversión, la amabilidad, la responsabilidad o la estabilidad emocional, tienen una heredabilidad aproximada de entre el 30 % y el 50 %, y el resto de la variabilidad se atribuye a factores ambientales, en su mayoría no compartidos entre sus propios hermanos, y a la interacción entre genética y entorno. El niño puede parecerse en temperamento a sus abuelos, por ejemplo, en reactividad emocional, sociabilidad o tendencia a la ansiedad, sin que ello se deba a la crianza, sino a rasgos heredados a través de sus padres. Y a la inversa, un niño criado por abuelos puede tener un temperamento muy distinto al de ellos. Cuando los abuelos crían a un nieto, a menudo repiten la forma crianza que ellos recibieron, pero otras veces intentan corregir los errores cometidos con sus hijos, pero puede aparecer sobreprotección o la dificultad para poner límites.
Fig.2= Los abuelos pueden hacer las funciones similares
a las de los padres.
Los niños y adolescentes que
conocen más historias, anécdotas y relatos de su familia, como dónde nacieron y vivieron sus abuelos, cómo se
conocieron sus padres, cuál fue su profesión o qué dificultades superaron, presentan una mayor
autoestima, control personal y estado de bienestar. Los abuelos, como
depositarios de la memoria familiar, ejercen aquí una influencia singular en la
identidad: aportan raíces, un sentido de pertenencia y una continuidad
temporal. En el niño criado por sus abuelos se refuerza la pertenencia al
linaje, pero también se debe construir una narrativa coherente sobre la causa de la ausencia
de sus padres. Una historia honesta, adaptada a la edad y libre de
culpabilización suele favorecer la integración; el silencio o la mentira suelen
generar confusión, fantasías y desconfianza. Se han descrito también las “lealtades
invisibles”, que son las obligaciones implícitas y no habladas hacia la familia
de la persona que pueden condicionar las decisiones, comportamiento y emociones
de un descendiente.
Los abuelos suelen ofrecer una mayor
presencia en la crianza, disponibilidad de tiempo y una vinculación emocional
profunda que protege frente a la inestabilidad. Se transmiten muchos valores y componentes
culturales, costumbres, lengua, espiritualidad, ética del trabajo y las formas
de respeto, lo que fortalece la identidad cultural y el sentido de pertenencia.
Para muchos niños, los abuelos representan el refugio frente a situaciones de
riesgo, y la experiencia vital de los abuelos puede brindar al niño una visión
serena del tiempo, de la pérdida y de la superación. Comparados con niños acogidos
por otros familiares o por no familiares, los niños que se crían con los
abuelos presentan mejores resultados en estabilidad, conducta y bienestar
emocional. Además, el niño mantiene la relación con tíos, primos y otros
parientes, ampliando su red de apoyo. Pero hay que tener en cuenta que en la
adolescencia surge la brecha generacional de forma intensa y esto puede alterar
la relación. La mala salud de los abuelos puede ser también un problema.
En cuanto a la
manera en la que se aplican las Leyes Genealógicas a un niño criado por sus
abuelos dependerá en gran medida de la mayor o menor presencia de sus
progenitores en la vida de los hijos y del tiempo que permanezcan junto a sus
abuelos y si estos tienen la capacidad de imponer normas o formas de conducta
en la educación de los nietos. Puede surgir un conflicto en la línea de
herencia a través del padre o de la madre porque puede confundirse la situación
de los abuelos como si realmente fuesen sus padres. El sexo del nieto va a
condicionar también mucho la línea por lo que le llegarán las influencias de
sus abuelos e incluso los bisabuelos, y la herencia en tercera generación puede
verse alterada. Lo normal es que los vínculos sean más fuertes entre el abuelo
y el nieto y la abuela y la nieta pero dependiendo de si los abuelos son del
lado paterno o del lado materno el vínculo puede ser mayor o menor. La
existencia de otros hermanos puede también complicar la forma de relación con
los abuelos.
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