Rudolf Steiner
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RUDOLF STEINER
Rudolf
Steiner (1861-1925) es una de las figuras más singulares y polifacéticas del
pensamiento centroeuropeo de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Filósofo
de formación, editor de las obras científicas de Goethe, conferenciante
incansable y fundador de un vasto movimiento espiritual conocido como
Antroposofía, su influencia se extiende mucho más allá de la filosofía
académica, pues llegó a la educación, la agricultura, la Medicina, la arquitectura,
las artes escénicas y la economía social. Conocido popularmente como el «padre
de la Antroposofía», Steiner desarrolló una cosmovisión que pretendía tender un
puente entre el método de las ciencias naturales y la investigación de una
realidad espiritual que, según él, podía conocerse mediante facultades
cognitivas entrenadas.
Rudolf
Joseph Lorenz Steiner nació el 25 de febrero de 1861 en Donji Kraljevec, una
pequeña localidad situada en el Imperio Austrohúngaro y que hoy pertenece a
Croacia. Su padre, Johann Steiner, trabajaba como telegrafista y más tarde como
jefe de estación de ferrocarril, un oficio que llevó a la familia a mudarse con
frecuencia por distintas localidades del imperio. Steiner atribuyó a esta infancia
junto a las vías férreas, y al contacto cotidiano con la tecnología moderna de
la época y con la naturaleza rural, una influencia decisiva en su temprana
curiosidad por conciliar el mundo material con una intensa vida interior, en la
que, según relató en su autobiografía, ya de niño experimentaba percepciones de
tipo espiritual.
Fig.1= Caricatura de Rudolf Steiner.
A
los dieciocho años, ingresó en el Instituto de Tecnología de Viena, donde cursó
matemáticas, física, química y ciencias naturales, al tiempo que asistía como
oyente a clases de filosofía y literatura. En 1891 obtuvo el doctorado en
Filosofía en la Universidad de Rostock (Alemania), con una tesis dedicada a la
teoría del conocimiento. Poco después, en 1894, publicó la que él mismo
consideraría su obra filosófica capital “La filosofía de la libertad”, un
tratado de epistemología y ética en el que exploraba las condiciones bajo las
cuales el ser humano puede actuar con libertad moral genuina. Durante esos años
en Weimar y en Berlín, Steiner se movió en ambientes literarios y académicos,
escribió sobre la filosofía de Nietzsche, colaboró en ediciones de Schopenhauer
y se convirtió en un intérprete reconocido del idealismo alemán (Kant, Fichte,
Schelling, Hegel).
A
partir de 1900 comenzó a frecuentar la Sociedad Teosófica, organización de
inspiración oriental fundada por Helena Blavatsky, y en 1902 fue nombrado
secretario general de su sección alemana, sin embargo, Steiner insistió siempre
en que sus enseñanzas no se basaban en el pensamiento teosófico tradicional. Las
tensiones doctrinales con la dirección internacional de la Sociedad Teosófica condujeron
a la ruptura definitiva. En 1912-1913 Steiner y la mayor parte de la sección
alemana fundaron una organización propia: la Sociedad Antroposófica. Entre 1913
y 1919 se construyó en Dornach (Suiza) el primer Goetheanum, un singular
edificio de madera concebido como sede mundial del movimiento y en la década de
1920, Steiner impulsó la aplicación práctica de sus ideas a numerosos campos:
fundó la primera escuela Waldorf en Stuttgart (1919), impartió el curso que dio
origen a la agricultura biodinámica (1924) y sentó, junto con la médica Ita
Wegman, las bases de la medicina antroposófica. Rudolf Steiner murió en Dornach
el 30 de marzo de 1925, a los 64 años.
En
1919, a petición de Emil Molt, director de la fábrica de cigarrillos
Waldorf-Astoria en Stuttgart, Steiner diseñó un currículo y un método
pedagógico para los hijos de los trabajadores de la empresa, formó
a 12 educadores y dirigió personalmente la escuela durante los siguientes 5
años. Nació así la primera escuela Waldorf, origen de una red
educativa que hoy suma miles de centros en todo el mundo. La pedagogía Waldorf
concibe el desarrollo infantil en etapas de siete años, articuladas en torno al
pensar, el sentir y el querer, y concede un papel central al arte, la
narración, el ritmo, el trabajo manual y el contacto con la naturaleza, con una
introducción relativamente tardía y equilibrada de la instrucción académica
formal y de las nuevas tecnologías. Las escuelas que surgieron a partir de ahí
tomaron el nombre del lugar donde se creó la primera, Waldorf, y constituyen
uno de los movimientos de educación alternativa más extendidos del planeta.
Fig.2= Entorno educativo Waldorf.
La pedagogía Waldorf se ha consolidado a lo largo de más de un siglo como un modelo que propone una educación integral, artística y respetuosa con los ritmos de desarrollo del niño. Entre 1921 y 1931 se fundaron diez nuevas escuelas Waldorf en Alemania, y durante la misma década surgieron centros hermanos en Holanda, Inglaterra y Suiza. La primera escuela en Inglaterra, hoy Michael Hall, se creó en 1925, y la primera en Estados Unidos, la Rudolf Steiner School de Nueva York, en 1928. A partir de 1938 todas las escuelas Waldorf en la Alemania nazi fueron cerradas, ya que el régimen no toleraba una pedagogía que educaba para la libertad y ponía el acento en el desarrollo de la individualidad. Actualmente existen más de 1.000 escuelas Waldorf independientes, cerca de 2.000 jardines de infancia y alrededor de 646 centros de educación especial repartidos en más de 60 países, lo que la convierte en uno de los movimientos escolares independientes más grandes del mundo.
Uno de los pilares centrales de la pedagogía Waldorf es la teoría de los "septenios", según la cual el desarrollo humano se organiza en ciclos de aproximadamente siete años, cada uno con necesidades, capacidades y tareas evolutivas propias. En el Primer Septenio, de 0 a 7 años, el de la imitación y la voluntad, el niño se desarrolla principalmente a través de la observación e imitación de los adultos de referencia y la exploración sensorial del entorno, a través del juego libre, la fantasía y el contacto con materiales naturales en un ambiente de calidez, ritmo y armonía. En el Segundo Septenio, de 7 a 14 años, el de la imaginación y el sentir, se despiertan la vida emocional y la capacidad imaginativa del niño y el aprendizaje se apoya en el arte, los cuentos, las leyendas y la narrativa como vehículos para acceder al conocimiento, y se introducen la lectoescritura, las matemáticas, las ciencias y los idiomas. En el Tercer Septenio, de 14 a 21 años, el de la búsqueda de la verdad, la adolescencia activa un período de autodescubrimiento, consolidación de la identidad y desarrollo del pensamiento abstracto y crítico y se estudian física, química, literatura, historia y ciencias sociales sin abandonar el componente artístico y práctico; el objetivo de esta etapa es ayudar a los alumnos a convertirse en personas libres, moralmente responsables e integradas socialmente.
A diferencia del modelo convencional de asignaturas fragmentadas en clases diarias, las escuelas Waldorf trabajan mediante "épocas", bloques de tres a cuatro semanas en los que se profundiza intensamente en una materia principal durante las primeras horas de la mañana, la llamada "clase principal", antes de pasar a la siguiente. Este enfoque busca favorecer la concentración y una conexión profunda con los contenidos. El elemento artístico no se emplea como una actividad complementaria, sino como vehículo didáctico transversal para todas las materias. La acuarela, el dibujo de formas, la escultura en arcilla y cera, la música vocal e instrumental, el teatro y la euritmia forman parte del currículo diario y semanal en todos los niveles educativos. La euritmia, o ritmo armónico, traduce en movimientos corporales los sonidos del lenguaje y de la música. No hay libros de texto ni evaluación cualitativa. Las aulas Waldorf dan prioridad a los materiales naturales, como la madera, la lana o el algodón, frente a los hechos de plástico, y se retrasa deliberadamente la exposición a pantallas y dispositivos digitales, especialmente durante la primera infancia y la educación primaria, en coherencia con la valoración del juego libre y la experiencia sensorial directa.
Fig.3= Algunos materiales de las escuelas Waldorf.
Los alumnos crean sus propios "cuadernos de época", que elaboran a partir de las explicaciones del maestro. Durante la enseñanza primaria no existen exámenes ni calificaciones numéricas; la evaluación es individual, continua y cualitativa, mediante informes detallados sobre el desarrollo global de cada niño. El maestro Waldorf desempeña un papel central y de gran permanencia, acompañando frecuentemente al mismo grupo de alumnos durante varios cursos consecutivos. Se le exige una formación específica y una "autoeducación" continua, entendiendo la docencia como un ejercicio artístico guiado por la observación profunda de cada estudiante. Los claustros de profesores funcionan, en la tradición Waldorf, como un espacio permanente de formación pedagógica compartida. La jornada escolar se organiza siguiendo un principio de ritmo, la mañana se dedica a la clase principal y a las materias que requieren repetición constante, como idiomas, euritmia, deporte o música, reservando el final de la jornada para los trabajos manuales, la jardinería o los experimentos científicos.
Con independencia de las controversias que rodean sus fundamentos filosóficos, distintos análisis reconocen a la pedagogía Waldorf una serie de aportaciones valoradas dentro del debate educativo contemporáneo, como dar a la educación un enfoque integral que atiende de forma equilibrada al desarrollo intelectual, emocional, social y práctico del alumno. Hay una integración del arte y la creatividad como herramientas de aprendizaje en todas las materias. El respeto por los ritmos evolutivos individuales evita la aceleración académica prematura. Hay un vínculo pedagógico estable entre maestro y alumno a lo largo de varios cursos. La ausencia de presión evaluativa mediante exámenes y notas durante la infancia evita al alumno las situaciones repetidas de estrés.
En España, la pedagogía Waldorf cuenta con reconocimiento del Ministerio de Educación y con una red de centros y asociaciones que agrupan a las distintas escuelas del país. La pedagogía Waldorf representa una de las propuestas educativas alternativas más influyentes y duraderas del último siglo, con una identidad pedagógica claramente diferenciada al hacer énfasis en el arte, el respeto por los ritmos evolutivos del niño, la ausencia de evaluación numérica temprana y una visión integral del ser humano. Hay que reconocer sus aportaciones al debate internacional sobre una educación más humanista y artística y sigue siendo un modelo educativo que aspira a continuar formando parte del panorama pedagógico actual y futuro.
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