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El Primer Hijo - UNA VIDA INTEGRAL

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El Primer Hijo

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- LAS LEYES GENEALÓGICAS: EL ORDEN DE LLEGADA -

EL PRIMER HIJO


La llegada del primer hijo suele ser para una pareja un acontecimiento muy importante y que cambia de manera radical la forma de convivencia de la pareja y la situación no solamente de los dos padres sino también de toda la familia a la que pertenecen ambos. La importancia puede ser mucho mayor si ese primer hijo es también el primer nieto y el primer sobrino, ya que polariza la atención de muchos más adultos sobre ese nuevo miembro.

Normalmente, cuando una pareja ha decidido pasar a la fase de criar hijos por primera vez, entran en un estado de euforia y de expectación hasta que se produce el embarazo. El inicio del embarazo no siempre acaba en un parto, ya que durante nueve meses pueden ocurrir muchas cosas que frustren el proceso final del nacimiento de un bebé. La pérdida del embrión en cualquier momento del embarazo puede generar malestar, tensión y sufrimiento a los miembros de la pareja.

A veces, el embarazo se produce de forma accidental, inesperada o no deseada, por lo que se pone en marcha un proceso de tensión hasta que se produce la aceptación o el rechazo del embarazo por uno o por ambos miembros de la pareja. Todo lo que ocurra en el terreno físico, mental o emocional de la pareja, desde el mismo momento de la concepción hasta la llegada del bebé a través del parto, va a influir en la personalidad y el carácter de este nuevo miembro de la familia.

Fig.1= La llegada del primer hijo o la primera hija.


El recién nacido ocupa inmediatamente su posición de primer hijo en la familia, pero en el caso de que nazca más de un bebé a la vez, tanto de manera natural como por cesárea, el orden natural puede establecerse en el momento del nacimiento o en los siguientes meses, de manera que cada uno de los bebés ocupará el orden correspondiente en la familia de primero, segundo, tercero, etc., ya que ninguno de ellos puede ocupar el mismo lugar que otro.

Las necesidades del recién llegado van a hacer que uno o los dos miembros de la pareja, y también en menor medida del resto de la familia, tengan que dedicar una gran parte de su tiempo a atender sus necesidades diarias, como alimentación, higiene, calor, protección, afecto y otras tantas. De manera biológica, de la misma manera que ocurre con las hembras de otros mamíferos, la mujer suele activar la fabricación de hormonas que le impulsan de manera instintiva a cuidar de ese nuevo bebé y a dedicarle gran parte de su tiempo para conseguir que salga adelante. El hombre, sin embargo, no genera tantas hormonas y se activa de forma preferente la función de protección de la madre y del bebé, aunque también pueda dedicar gran parte de su tiempo a la crianza de éste. También suele ocurrir que las otras mujeres que forman parte de la familia activan su lado maternal y tratan de apoyar a la madre y al bebé.

Pero esta mayor dedicación de tiempo, más habitualmente de la madre, a los cuidados del bebé va a favorecer que la pareja disponga de menos tiempo para su propia evolución y para compensar las tensiones que surgen en su relación y es fácil que se resienta ante la presencia de este nuevo miembro. El proceso de cansancio acumulado a lo largo del primer año del bebe puede favorecer que aparezcan tensiones, conflictos y sufrimiento en el interior de la pareja que ayuden a que haya enfrentamientos entre sus miembros que antes no habían tenido. También se pueden activar nuevos lazos de unión al ver la capacidad de crianza de ambos.

Fig.2= Madre y padre con el primer hijo.
 

El primer hijo va a tener a su disposición la atención y dedicación de los padres, ya que no existe competencia a su llegada, lo que va a favorecer que este hijo se sienta único y especial y va de desarrollar un sentimiento de propiedad de los padres, de sus juguetes y de todo lo que le rodea. Si después de él vienen nuevos hermanos, aparecerá el “síndrome del príncipe o la princesa destronados”, que le hará pensar que los nuevos miembros de la familia le están quitando su sitio y sus propiedades, entre las que, por supuesto, se encuentran los padres o cualquier otro miembro de la familia.

Con frecuencia, este hijo va a tener una tendencia al egoísmo y a sentirse con el derecho de reclamar toda la atención de otras personas, especialmente en el caso de que los padres se vuelquen en exceso en ese niño o lo conviertan en el motivo principal de su vida. Esto se verá agravado si otros miembros, como los abuelos, también convierten al nuevo miembro en la motivación principal de sus vidas.

En el caso de que no haya más hijos, este miembro se convierte en el hijo único y desarrollará lo que conocemos como el “síndrome del hijo único”, que puede tener sus ventajas y sus desventajas. La primera ventaja podría ser la de no tener que compartir sus objetos ni las personas que le rodean con otros hermanos. Pero esta también será una desventaja, ya que no aprenderá a convivir con otros niños en el interior de la familia y no aprenderá a desarrollar la capacidad y habilidad social de interaccionar y compartir, a no ser que, en parte, pueda aprenderla con su compañeros y amigos de guardería o de colegio.

Fig.3= Hijo único y nieto único.
 

Cuando se combina el orden de llegada, en este caso el primer hijo, con el sexo de este miembro, se podrán ver con más facilidad las influencias positivas o negativas que será probable que marquen el carácter y la personalidad y gran parte de su vida a esta persona. Estas influencias se completarán también con la "herencia en tercera generación" y las querencias, atracciones o rechazos de algunos miembros de la familia hacia ese primer hijo.

Hay que resaltar que el proceso de maduración de un ser humano es muy lento y que los diez primeros años de la vida de un niño van a estar marcados por la influencia directa de la familia y de todos los miembros de ésta, especialmente la de los padres, abuelos y tíos, y que cualquier incidente que ocurra en el entorno familiar y social de esa primera década y también durante la segunda, va a marcar gran parte de la tendencia de comportamiento, forma de ser y carácter de esta persona.

Puesto que las variables que ocurren e inciden en la persona durante las dos primeras épocas de su vida son múltiples, siempre habrá que combinar la situación personal del primer hijo con todo lo que ocurra a su alrededor, como la relación buena o mala de los padres, los conflictos familiares de los padres con otros miembros, la economía buena o mala de la familia y los entornos sociales en los que se desarrolla ese nuevo miembro.

Fig.4= Tensiones en la pareja.
 

En cuanto a las influencias genealógicas que pueden recaer sobre el primer hijo o la primera hija, hay que tener en cuenta que cuando hay un solo hijo la influencia es de ambos lados, del padre y de la madre. Pero, puesto que la posición es la 1, la mayor influencia tenderá a ser la del lado del padre, por la ley genealógica de lugar par o impar.

Sin embargo, el sexo del hijo y la influencia en tercera generación nos va a acercar a precisar con más detalle la influencia genealógica más probable sobre ese hijo. Si el primer hijo es un chico va a tener prioridad la influencia directa del abuelo paterno sobre su carácter y personalidad, pero si es una chica la influencia dominante tenderá serla de la abuela materna. Pero en caso de que, por las circunstancias familiares u otros factores, no sea atractiva esa influencia, siempre puede optar por el lado de la madre y entonces podrían ser las influencias del abuelo materno o de la abuela materna.

Fig.5= Influencias genealógicas sobre el primer hijo y la primera hija.










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