Vaya al Contenido

Adicción a la Estética - UNA VIDA INTEGRAL

Saltar menú
Saltar menú

Adicción a la Estética

LAS ADICCIONES > ADICCIÓN A COMPORTAMIENTOS
- LAS ADICCIONES –
- LAS ADICCIONES: ADICCIÓN A COMPORTAMIENTOS -

LA ADICCIÓN A LA ESTÉTICA


La búsqueda de la belleza con el objetivo de atraer la atención de otras personas o su aprobación para obtener afecto, ha acompañado a la humanidad desde siempre, pero en las últimas dos décadas algo ha cambiado de manera radical por la facilidad de acceso a tratamientos estéticos, muchas veces a precios asequibles, la presión en las redes sociales y la posibilidad de modificar digitalmente la propia imagen en segundos para ver posibles resultados de los tratamientos, han derivado el cuidado natural del cuerpo hacia una conducta compulsiva para un número creciente de personas. Este fenómeno tiene una clara raíz en la insatisfacción crónica con la propia imagen corporal y facial y la necesidad de intervenir sobre ella de forma repetida para aliviar un malestar que, paradójicamente, casi nunca desaparece a pesar de los tratamientos.

El término de “Adicción a la estética” se emplea para describir un patrón de conducta compulsiva orientado a modificar la apariencia física a través de procedimientos quirúrgicos, tratamientos cosméticos, edición digital de imágenes personales o rutinas de cuidado corporal extremas, con preocupación persistente y desproporcionada por algún aspecto del cuerpo o el rostro, necesidad recurrente de someterse a nuevas intervenciones, tratamientos o retoques, aun cuando los anteriores no resolvieron el malestar, alivio temporal tras cada intervención, seguido de una vuelta a la insatisfacción con el propio cuerpo o el desplazamiento del malestar hacia otra zona, interferencia significativa en la vida laboral, social, económica o afectiva de la persona, y la dificultad para detener esta conducta pese a ser consciente de sus consecuencias negativas.

Fig.1= Rechazo a la imagen corporal.



La mayoría de los especialistas coinciden en que esta conducta constituye una adicción conductual similar en su proceso físico, neurológico y psicológico a cualquier otra adicción a comportamientos, como la adicción al juego o a las compras, y que en un porcentaje importante de casos está asociada a un trastorno psiquiátrico subyacente: el trastorno dismórfico corporal o TDC. El trastorno dismórfico corporal, o dismorfofobia, es un trastorno mental reconocido dentro del espectro obsesivo-compulsivo. Se caracteriza por una preocupación excesiva y persistente por uno o varios defectos percibidos en la apariencia física que, para los demás, son leves, imaginarios, inexistentes o pasan completamente desapercibidos, pero que causa una angustia significativa y un claro deterioro personal. De cada diez personas que acuden a una consulta de cirugía o medicina estética, una o dos podrían estar motivadas por una distorsión de la imagen corporal más que por un deseo estético razonable.

Pero, en estas personas, la intervención quirúrgica rara vez resuelve el malestar de fondo que tienen con su cuerpo en estos pacientes. Lejos de aportarles tranquilidad, se refuerza el proceso obsesivo y tras la operación, la preocupación tiende a desplazarse hacia otra parte del cuerpo o a rechazar los resultados obtenidos, perpetuando la búsqueda de nuevos defectos y sus necesarios tratamientos. Estas personas suelen tener además otros trastornos como ansiedad social, tendencia al aislamiento, episodios depresivos, trastorno obsesivo-compulsivo o TOC, trastornos de la conducta alimentaria, baja autoestima crónica y perfeccionismo patológico. Los procedimientos estéticos más usados son la cirugía estética, como rinoplastia, liposucción, aumento o reducción de mamas, la inyección de sustancias químicas como bótox o ácido hialurónico, el uso de hilos tensores, peeling, laser, o la aplicación excesiva de maquillajes.

La adicción a la estética no tiene una causa única, sino que surge de la combinación de factores biológicos, psicológicos y socioculturales. Entre los Factores psicológicos está la baja autoestima, la necesidad de validación externa, el perfeccionismo, los antecedentes de crítica, burla o humillación relacionada con la apariencia física, especialmente durante la infancia o la adolescencia o las experiencias traumáticas o de acoso (bullying). En los Factores biológicos está el posible componente hereditario del TDC, y las alteraciones en los circuitos cerebrales de recompensa y regulación emocional, similares a los observados en otras conductas adictivas. En los Factores socioculturales se destaca, con diferencia, el uso de las tecnologías digitales con el auge excesivo, la dependencia social asociada a la era digital, la difusión masiva a través de las redes sociales y la facilidad para la edición digital de la propia imagen, han creado un entorno de exposición constante a estándares de belleza muchas veces inalcanzables, que tienen efectos importantes sobre la salud mental de millones de personas, especialmente entre adolescentes y mujeres jóvenes.

Fig.2= Operaciones de cirugía plástica.



La aparición de los filtros de belleza en aplicaciones como Instagram, TikTok o Snapchat, ha añadido una nueva capa al problema: la posibilidad de ver, en tiempo real, una versión "mejorada" del propio rostro. Esta experiencia, repetida muchas veces, normaliza un ideal de belleza que no existe en la realidad y erosiona progresivamente la tolerancia hacia la propia imagen real. Diversos estudios describen un patrón en el que cuanto más recurre una persona a los filtros para alcanzar el ideal digital, mayor es el rechazo que experimenta al confrontar su aspecto real con el editado, lo que a su vez refuerza la necesidad de seguir filtrando sus imágenes para obtener satisfacción personal y aceptación social. Este mecanismo ha sido descrito por algunos autores como "dismorfia del filtro", un fenómeno en el que el rostro editado se convierte en el punto de referencia interno de la persona, sustituyendo a su imagen real. La consecuencia más preocupante de este fenómeno es su traslado al mundo físico, ya que cada vez más personas solicitan procedimientos estéticos con el objetivo de parecerse a la versión modificada de sí mismas, con un impacto especialmente marcado en las mujeres jóvenes.

Identificar a tiempo los indicios de una adicción a la estética es clave para prevenir las consecuencias más graves. Entre las señales de alarma más frecuentes se encuentra el someterse a múltiples procedimientos estéticos en poco tiempo, planificar el siguiente antes incluso de recuperarse del anterior, insatisfacción persistente con los resultados, incluso cuando familiares, amigos o el propio profesional consideran el resultado adecuado, evitar fotografías, reuniones sociales o eventos importantes por miedo a mostrar la apariencia real, pasar largos periodos de tiempo frente al espejo o evitarlo por completo, el uso excesivo de filtros digitales con malestar al ver sus fotografías reales, un gasto económico desproporcionado en tratamientos, cirugías o productos estéticos, ocultar a los demás la cantidad real de tratamientos y procedimientos realizados, malestar emocional asociado a la percepción del propio cuerpo.

La adicción a la estética tiene muchas consecuencias negativas. Entre las Consecuencias físicas están las complicaciones quirúrgicas como cicatrices, asimetrías, necrosis tisular o infecciones, el deterioro progresivo e irreversible de estructuras corporales por intervenciones repetidas, y los riesgos derivados de procedimientos no regulados o de bajo coste. Las Consecuencias psicológicas son la cronificación de la ansiedad y de los síntomas depresivos, el aislamiento social progresivo, la pérdida de la identidad personal, sustituida por una identidad construida en torno a la imagen y el mayor riesgo de padecer trastornos de la conducta alimentaria. Las Consecuencias sociales y económicas son el endeudamiento por el coste acumulado de tratamientos y cirugías, el deterioro de relaciones familiares y de pareja, el rechazo a ir a reuniones sociales y la pérdida de oportunidades laborales o académicas por miedo al rechazo o por el excesivo tiempo dedicado a la conducta.

Fig.3= Tratamientos estéticos físicos y químicos.



El abordaje de la adicción a la estética requiere un enfoque integral que combine el apoyo médico, psicológico y, en algunos casos, el farmacológico. Tiene que haber una evaluación psicológica previa por parte de los profesionales de la cirugía y de la medicina estética para evaluar las motivaciones reales del paciente antes de realizar cualquier procedimiento o tratamiento y estar atentos a las posibles señales de trastorno dismórfico corporal, derivando a los pacientes en riesgo a un especialista en salud mental. La Psicoterapia es eficaz en el tratamiento del TDC y de las conductas asociadas a la adicción a la estética porque ayuda a la persona a identificar y modificar los pensamientos distorsionados sobre su imagen corporal, así como a reducir las conductas compulsivas de comprobación, edición o intervención. Puede ser necesario tratar el trastorno de ansiedad, la depresión o el TOC. El abordaje del entorno social suele ser muy eficaz para evitar o tratar esta adicción.

En cuanto a la prevención, cada vez resulta más importante el control por parte de los padres y educadores del uso de las redes sociales, de los teléfonos móviles y de los ordenadores, especialmente en niños y adolescentes, establecer límites saludables en el tiempo de uso de redes sociales y aplicaciones de edición de imagen,  promover el descanso periódico del uso de las aplicaciones y programas sustituyéndolo por otras actividades como la lectura, el deporte o las actividades de grupo en el exterior. Es necesario fomentar el pensamiento crítico frente a los estándares de belleza digitales y sociales que surgen en forma de modas. Hay que impulsar una educación emocional que no vincule la autoestima exclusivamente a la apariencia física. Se debe buscar ayuda profesional ante la sospecha de un comportamiento adictivo o las señales de preocupación desproporcionada por la propia imagen, sin esperar a que la conducta se agrave. Es bueno fomentar la aceptación de la diversidad corporal y estética en los medios de comunicación y las plataformas digitales.

La adicción a la estética es un fenómeno complejo que combina las vulnerabilidades psicológicas individuales, el trastorno dismórfico corporal, la baja autoestima o el perfeccionismo, con un contexto sociocultural que, a través de las redes sociales y los filtros digitales, multiplica la exposición a ideales de belleza inalcanzables. Sus consecuencias no se limitan al plano físico ya que afectan de manera importante a la salud mental, las relaciones sociales y la estabilidad económica de quienes la padecen. La solución no está en el tratamiento estético, sino en abordar y neutralizar el origen psicológico del malestar. Por ello, la prevención, la detección temprana y el acceso a tratamiento psicológico especializado son las herramientas más eficaces frente a este problema creciente, que exige la colaboración conjunta de profesionales de la salud mental, cirujanos, esteticistas, las empresas de las plataformas digitales y la sociedad en su conjunto.








.
Regreso al contenido