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El Dominó - UNA VIDA INTEGRAL

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El Dominó

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EL DOMINÓ


El Dominó es uno de los juegos de mesa más extendidos y longevos del mundo. Se juega con un conjunto de fichas rectangulares, tradicionalmente de madera, hueso o marfil, divididas en dos mitades marcadas cada una con un número de puntos. Combina elementos de azar y la distribución inicial de fichas, con un importante componente estratégico, ya que exige memoria, cálculo de probabilidades y la capacidad de bloqueo del adversario. La sencillez de sus reglas, unida a la profundidad táctica que ofrece, ha permitido que se practique tanto en el ámbito familiar y social como en competiciones formales de carácter nacional e internacional.

No está claro el origen exacto del Dominó, aunque lo más probable es que surgiese en China, hacia el siglo XII o XIII, donde existían juegos de fichas con combinaciones de puntos asociadas a los resultados posibles de dos dados. La versión actual, que conocemos como “Dominó occidental”, surgió en Italia durante el siglo XVIII, probablemente como evolución o adaptación local de los juegos orientales. Desde Italia, el juego se difundió rápidamente hacia Francia, donde adquirió gran popularidad en los salones del siglo XVIII, y de allí a Inglaterra y al resto de Europa. Llegó al continente americano a través de la colonización europea, especialmente por vía española y francesa, arraigando con fuerza en el Caribe, Cuba, República Dominicana y Puerto Rico, y en otros países de América Latina, donde se transformó en un elemento central de la vida social y comunitaria, jugado habitualmente en parques, porches y establecimientos públicos. Hoy el Dominó se juega en prácticamente todo el mundo y cuenta con federaciones y organizaciones mundiales.

Fig.1= El Dominó.


Cada ficha del Dominó está dividida por una línea central en dos mitades cuadradas, cada una con un número de puntos que va de cero, o blanco, a un máximo determinado por el tipo de juego. El conjunto clásico, o Dominó doble seis, incluye todas las combinaciones posibles entre los números 0 y 6, sin repetir, incluidas las dobles, que tienen el mismo número en ambas mitades. El número total de fichas de un juego de Dominó doble-seis es de 28, en el que pueden jugar de 2 a 4 jugadores, aunque existen variantes con mayor cantidad de puntos y fichas, como el doble-nueve, de 55 fichas, el doble-doce, con 91 fichas, e incluso el doble-quince, que se emplean en partidas con más jugadores. Tradicionalmente las fichas se fabricaban en hueso, marfil o ébano; en la actualidad predominan los materiales sintéticos como el plástico, la resina o la madera lacada, además de existir versiones digitales para dispositivos electrónicos.

Al inicio del juego en el clásico doble-seis, se ponen las 28 fichas boca abajo y cada jugador escoge 7 fichas, pero si hay menos de 4 jugadores, se deja el resto de las fichas boca abajo para ir cogiendo fichas según ponen la suya en cada jugada hasta que se acaban. Comienza la partida el jugador que posee la ficha doble más alta, por ejemplo, el doble seis; si nadie la tiene, se juega la doble más alta disponible o se determina por sorteo. Los turnos avanzan en sentido horario y en cada turno el jugador debe colocar una ficha cuyo valor en uno de sus extremos coincida con uno de los extremos abiertos de la cadena de fichas formada en la mesa. Si un jugador no dispone de ninguna ficha jugable, debe robar del montón, si hay fichas, hasta obtener una jugable, o pasar el turno si el montón está vacío. Las fichas dobles se colocan habitualmente en sentido perpendicular a la línea de fichas. La partida finaliza cuando un jugador coloca su última ficha, de forma que “domina” o hace “dominó, o cuando la partida queda bloqueada porque ningún jugador puede jugar. El ganador suma en su cuenta los puntos totales de las fichas que quedaron en manos de los demás jugadores. Si la partida se bloquea, gana quien tenga menos puntos en sus fichas restantes. Habitualmente se juega a un número de puntos acordado previamente, por ejemplo, 100 ó 200.

La estrategia principal consiste en procurar mantener el control sobre los números que aparecen en los extremos abiertos de la línea de fichas y llevar un registro mental de las fichas jugadas, que permite deducir con mayor precisión qué fichas conservan los demás jugadores. Conservar fichas dobles u otras que ya sean escasas, puede emplearse para bloquear al rival en momentos decisivos y puede dar una gran ventaja, y deshacerse de fichas de alto valor en puntos reduce la pérdida potencial si la partida se bloquea. Los errores más comunes de los principiantes son jugar la primera ficha disponible sin evaluar el efecto sobre los extremos abiertos, no llevar la cuenta de las fichas ya jugadas, deshacerse tardíamente de las fichas de más alto valor en puntos e ignorar el comportamiento del compañero de equipo en las modalidades por parejas.

Fig.2= Personas jugando al Dominó.


El Dominó ha trascendido su carácter puramente recreativo para consolidarse como un juego competitivo en numerosos países. Existen federaciones nacionales e internacionales que regulan los torneos oficiales, entre ellas la Federación Internacional de Dominó (FIDO), fundada para estandarizar las reglas y organizar campeonatos mundiales. Países como Cuba, República Dominicana, Venezuela, Puerto Rico, España y varias naciones africanas y asiáticas cuentan con ligas y campeonatos nacionales de Dominó, algunos de ellos con notable seguimiento mediático y participación de miles de jugadores. Asimismo, se celebran campeonatos mundiales que reúnen a selecciones representativas de distintos países bajo reglas homologadas. El desarrollo de aplicaciones móviles y plataformas en línea ha permitido la práctica del dominó en formato digital, con torneos virtuales, clasificaciones globales e inteligencias artificiales capaces de jugar a nivel competitivo, lo que ha renovado el interés por el juego entre las nuevas generaciones.

El Dominó ocupa un lugar destacado en la identidad cultural de numerosas comunidades. En países del Caribe y de América Latina, jugar al Dominó constituye un ritual social cotidiano, asociado a la convivencia familiar y vecinal, practicado con frecuencia en espacios públicos como parques, plazas y porches. El Dominó constituye un ejemplo de juego de mesa que combina simplicidad de reglas con una técnica estratégica, sustentada en principios matemáticos y probabilísticos claros. Más allá de su componente lúdico y competitiva, el Dominó representa un valioso espacio de cohesión social, memoria colectiva y transmisión cultural intergeneracional, lo que explica su vigencia y popularidad.








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