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Jean Piaget - UNA VIDA INTEGRAL

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Jean Piaget

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JEAN PIAGET


Jean Piaget es una de las figuras más influyentes de la psicología del siglo XX y un autor de referencia obligada cuando se habla del desarrollo cognitivo infantil. Su obra, que se extiende a lo largo de más de cincuenta libros y centenares de artículos, sentó las bases científicas de cómo se origina y se transforma el conocimiento humano desde la infancia hasta la vida adulta. A diferencia de otros enfoques de su época, que entendían el desarrollo infantil como una simple acumulación de información o como el resultado de la maduración biológica, Piaget propuso que el niño es un sujeto activo que construye su propio conocimiento a través de la interacción con el entorno. Esta visión, conocida como Constructivismo, transformó no solo la psicología del desarrollo, sino también la pedagogía, la filosofía de la ciencia y disciplinas afines.

Jean William Fritz Piaget nació el 9 de agosto de 1896 en Neuchâtel, Suiza, en el seno de una familia académica, pues su padre, Arthur Piaget, era profesor de literatura medieval, y su madre, Rebecca Jackson, provenía de una familia ilustrada. Este ambiente intelectual despertó en él, desde muy temprana edad, una notable curiosidad científica. Piaget mostró un interés precoz por la biología y la historia natural. A los diez años publicó su primer artículo científico, una breve nota sobre un gorrión albino observado en un parque público, y durante su adolescencia trabajó como ayudante voluntario en el Museo de Historia Natural de Neuchâtel, especializándose en el estudio de los moluscos. Esta formación biológica temprana resultaría decisiva pues Piaget siempre entendió el desarrollo de la inteligencia como un proceso de adaptación biológica al entorno. Se doctoró en Ciencias Naturales por la Universidad de Neuchâtel en 1918, con una tesis sobre los moluscos alpinos. Poco después, movido por un creciente interés en la psicología y el psicoanálisis, se trasladó a Zúrich y posteriormente a París.

Fig.1= Caricatura de Jean Piaget.



En París, Piaget trabajó en el laboratorio de Alfred Binet, colaborando en la estandarización de las pruebas de inteligencia infantil. Lo que más le interesó no fueron las respuestas correctas de los niños, sino sus errores sistemáticos, y observó que los niños de edades similares cometían los mismos tipos de fallos, lo que sugería que el pensamiento infantil sigue una lógica propia y cualitativamente distinta a la del adulto, y no es una versión incompleta de ésta. En 1921 fue nombrado director de investigación en el Instituto Jean-Jacques Rousseau de Ginebra, institución dedicada a las ciencias de la educación, donde desarrolló gran parte de su obra durante décadas. En 1923 se casó con Valentine Châtenay, con quien tuvo tres hijos: Jacqueline, Lucienne y Laurent. La observación minuciosa y sistemática del desarrollo de sus propios hijos, registrando sus reacciones ante estímulos, juegos y pequeños experimentos cotidianos, proporcionó a Piaget una parte importante de la evidencia empírica sobre la que construyó su teoría de los estadios del desarrollo. A lo largo de su carrera ocupó cátedras en las universidades de Neuchâtel, Ginebra, Lausana y la Sorbona de París. En 1955 fundó el Centro Internacional de Epistemología Genética en Ginebra, institución que dirigió hasta su muerte y que reunió a investigadores de distintas disciplinas, como psicología, lógica, matemáticas o biología, para estudiar de forma interdisciplinar el origen y desarrollo del conocimiento. Piaget continuó investigando y publicando hasta el final de su vida. Falleció el 16 de septiembre de 1980 en Ginebra, a los 84 años. Su legado es reconocido como una de las aportaciones más extensas y determinantes de la psicología del siglo XX.

Piaget definió su campo de estudio como “Epistemología genética”, el análisis científico, y no meramente filosófico, de cómo se forma el conocimiento humano a lo largo del desarrollo de una persona. Le interesaba responder a una pregunta clásica de la filosofía “¿Cómo conocemos lo que conocemos?” pero utilizando el método de observación y experimentación propio de las ciencias naturales, en lugar de la especulación filosófica pura. Para Piaget, la inteligencia es una forma de adaptación biológica porque, del mismo modo que el organismo se adapta físicamente al medio, la mente se adapta cognitivamente a través de dos procesos complementarios, la asimilación y la acomodación, que tienden hacia un estado de equilibrio cada vez más estable y complejo. Esta perspectiva sitúa a Piaget en la tradición del constructivismo: el conocimiento no es una copia pasiva de la realidad ni está predeterminado genéticamente, sino que se construye activamente en la interacción entre el sujeto y su entorno.

El núcleo más conocido de la obra de Piaget es su “Teoría de los estadios”, la idea de que todos los seres humanos atraviesan, en el mismo orden, cuatro grandes etapas cualitativamente diferentes de desarrollo cognitivo. La edad de aparición de cada etapa puede variar de un niño a otro, pero la secuencia se considera universal e invariable. La Sensoriomotora va de 0 a 2 años, la de los sentidos y la acción motora; la Preoperacional va de 2 a 7 años, es la de la función simbólica, el lenguaje, el juego simbólico, el dibujo y el pensamiento intuitivo y egocéntrico; la de Operaciones concretas va de 7 a 11 años, y es la de las operaciones lógicas reversibles aplicadas a objetos y situaciones concretas, y el razonamiento abstracto todavía es limitado; la de Operaciones formales va de 11 años en adelante, en la que se desarrolla el pensamiento abstracto, hipotético-deductivo y proposicional.

Fig.2= Niños jugando en la Naturaleza.



En la Etapa sensoriomotora (0–2 años) la inteligencia es de tipo práctico, el niño conoce el mundo a través de los sentidos y de la acción motriz directa, mirar, chupar, agarrar o golpear; esta etapa la dividió en seis subestadios, que van desde los reflejos innatos hasta la aparición de las primeras representaciones mentales internas; el logro más importante de este periodo es la permanencia del objeto, la comprensión de que los objetos siguen existiendo, aunque desaparezcan del campo visual, capacidad que se consolida hacia el final de esta etapa. La Etapa preoperacional (2–7 años) se caracteriza por el desarrollo de la función simbólica, que permite al niño representar mentalmente objetos y situaciones ausentes mediante el lenguaje, el dibujo y el juego simbólico; sin embargo, el pensamiento sigue siendo intuitivo y presenta limitaciones importantes como el egocentrismo, o dificultad para adoptar la perspectiva de otra persona, la centración, o tendencia a fijarse en un solo aspecto de una situación, ignorando los demás y la ausencia de reversibilidad mental.

En la Etapa de las operaciones concretas (7–11 años) el niño adquiere la capacidad de realizar operaciones lógicas reversibles, siempre que se apliquen sobre objetos y situaciones concretas y tangibles; aparecen la conservación de la cantidad, la masa, el peso y el número, así como la capacidad de clasificar objetos según varios criterios simultáneamente y de ordenarlos según una dimensión o seriación; el pensamiento se vuelve menos egocéntrico y más lógico, pero todavía depende del apoyo de referentes concretos y no puede manejar con soltura ideas puramente abstractas o hipotéticas. La Etapa de las operaciones formales (11 años en adelante) es la etapa final del desarrollo cognitivo según Piaget; el adolescente adquiere la capacidad de pensar de forma abstracta, hipotético-deductiva y proposicional, puede razonar sobre situaciones posibles (no solo reales), formular y contrastar hipótesis, y reflexionar sobre su propio pensamiento (metacognición); esta forma de razonamiento es la que permite abordar disciplinas como el álgebra, la lógica formal o la filosofía; investigaciones posteriores han mostrado que no todos los adultos alcanzan plenamente este nivel en todos los ámbitos.

Aunque Piaget no se propuso elaborar un método pedagógico, su teoría ha tenido una enorme repercusión en la educación, especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XX. Propuso el aprendizaje activo, en el que el alumno aprende mejor manipulando, explorando y experimentando, la adecuación de los contenidos al nivel de desarrollo cognitivo del alumno, la importancia del error como parte natural del proceso de aprendizaje, el fomento del conflicto cognitivo o desequilibrio como motor del aprendizaje y la valoración del juego como vehículo de aprendizaje en la infancia temprana. Su insistencia en que el niño es un agente activo en la construcción de su propio conocimiento y no un simple receptor pasivo sigue siendo, más de cuatro décadas después de su muerte, uno de los principios más citados y utilizados en la investigación y en la práctica educativa en todo el mundo. La obra de Jean Piaget constituye una de las aportaciones más completas y coherentes jamás realizadas al estudio del desarrollo humano, su legado continúa vivo tanto en la psicología como en la educación, y su figura sigue siendo un punto de referencia ineludible para cualquier estudio sobre el desarrollo cognitivo humano.








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