La Hija es una Chica
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LA HIJA ES UNA CHICA
La Genealogía describe hechos observados en las familias y cómo influyen en el
carácter y la personalidad de sus miembros y qué tienen relación, junto con otros
factores, con el lugar que ocupan en la familia y el sexo de los miembros. Los
comportamientos de las personas dentro de un núcleo familiar tienen un
importante componente inconsciente e instintivo, por lo que la forma como se
comportan algunos miembros de la familia con otros tiene su origen, en un alto
porcentaje, en el Inconsciente de las personas afectadas.
Dentro
de los factores inconscientes que albergan las personas en la especie humana
está el fenómeno de supervivencia en el modelo de una tribu, que ha sido vivido y transmitido durante muchísimas generaciones, en el que los hombres han tenido siempre
funciones defensivas del núcleo tribal y las mujeres la del cuidado y la
crianza de los hijos. Es por estas circunstancias ancestrales asociadas a la
supervivencia que la llegada de hijos varones da una cierta sensación de
tranquilidad a los miembros de una tribu como en una familia y no es la misma
sensación cuando son hijas, a pesar de que las mujeres son tan importantes como
los hombres en la continuidad de la especie.
Fig.1= El modelo de supervivencia de la especia en la tribu.
De una manera inconsciente, el padre ve en su hijo varón una proyección de sí mismo y la madre siente lo mismo con su hija, pero las funciones que se les van a adjudicar según vayan llegando los hijos y una buena parte de su personalidad dependerán de las proyecciones que hagan estos padres y el resto de los miembros de la familia sobre ellos. Además del sexo de los hijos, marcará su personalidad de manera también muy importante el orden en el que van llegando a la familia, y cuando se hace una combinación de las dos variables, se puede comprobar la gran influencia que éstas tienen sobre ellos.
La llegada de una chica va a provocar el interés de las mujeres de la familia por la afinidad entre sexos y especialmente el de la madre, la abuela paterna y la abuela materna, pero también el de las tías y primas además de las hermanas que han llegado previamente. La relación con el padre, los abuelos y demás miembros varones de la familia tendrá que ver con la atracción por sexo, aunque este vínculo suele ser menos intenso que el que se obtiene con las mujeres.
Cuando la hija es la primera de la pareja, el padre tiende a no vincularse inicialmente con ella y a dejar en manos de la madre y del resto de las mujeres de la familia el cuidado y atención de la niña, al menos en los primeros dos o tres años de su vida, pero si vienen más hijos y según el sexo y el orden de llegada, el vínculo con esta hija se hará más fuerte con el paso de los años o no. Sin embargo, la madre establecerá un vínculo con ella que puede durar toda la vida, aunque no exento de periodos de tensiones entre ellas.
Fig.2= Relación los padres con sus hijas.
Cuando la hija llega en el segundo lugar, la madre establece un
vínculo especial con ella que además será muy intenso y que las convertirá en
compañeras de por vida, aunque si vienen nuevas hijas posteriormente, la madre
puede dedicar más atención a la hija pequeña. Dependiendo de la cantidad de
hermanos que vengan después, esta hija puede ejercer de segunda madre y de moduladora
de la relación entre ellos.
La relación con los hermanos de esta hija dependerá del número
de hermanos y del sexo, de forma que si el mayor es un chico lo más probable
es que vivan en mundos aparte y que su relación sea más bien superficial. Pero
si la mayor es otra chica, habrá mucha rivalidad entre ellas, especialmente por
la atención de la madre, y lo más probable es que la mayor busque la protección
del padre y un vínculo más fuerte con él. Si la hija es la pequeña, es muy
probable que reciba la atención y el cariño de todos los miembros de la familia,
pero si se queda en el medio puede que le cueste encontrar su sitio.
La relación con las abuelas dependerá de si es la primera o la
segunda hija, de manera que la abuela paterna tenderá a vincularse con la
primera hija y la abuela materna con la segunda. Si llegan nuevas hijas, el
reparto puede ser más complicado y dependerá de si estas hijas ocupan los lugares
pares o impares en el orden de llegada para que tiendan a elegir la influencia
de los miembros de la familia del lado del padre o la del lado de la madre.
Fig.3= La importante relación con las abuelas.
Si esta hija tiene tías, es muy probable que alguna de ellas
busque un vínculo especial con ella y que en el futuro pueda influir en su
personalidad y que tenga la propensión a seguir sus pasos. En general, la
tendencia a vincularse será la del lado paterno si ocupa los lugares impares en
el orden de llegada y la del lado materno en el caso de que ocupe los lugares
pares.
La relación con las primas puede ser muy estrecha si los padres
se relacionan frecuentemente con sus hermanos y éstos también tienen hijas. Si
son de la misma edad, se convertirán en compañeras de juego y muchas veces
parecerán inseparables. Si son mayores pueden ejercer de segundas madres con
sus primas y si son menores es probable que esta hija ejerza de cuidadora de
ellas y, probablemente, ejercerá una importante influencia en su personalidad.
En resumen, se puede decir que, actualmente, la llegada de una
hija a la familia suele ser siempre una buena noticia y las relaciones que
acaben generando influencias importantes y vínculos familiares dependerán del
orden de llegada y de la existencia e importancia de ciertos miembros de la
familia. Desgraciadamente, en algunas partes del mundo y en algunas culturas,
la llegada de una hija se considera un peso para la familia e incluso una
desgracia por el hecho de tener que buscar con quién casarla, a veces con un
gasto económico importante.
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