Vaya al Contenido

El Primogénito - UNA VIDA INTEGRAL

Saltar menú
Saltar menú

El Primogénito

GENEALOGIA HUMANA > SITUACIONES GENEALÓGICAS ESPECIALES
- GENEALOGÍA –
- LAS SITUACIONES GENEALÓGICAS ESPECIALES -

EL PRIMOGÉNITO


A lo largo de la historia de la Humanidad, el nacimiento del primer hijo ha sido considerado un acontecimiento de extraordinaria relevancia. Más allá del simple hecho biológico de ser el primer descendiente, el primogénito ocupa un lugar único en las estructuras familiares, en los sistemas jurídicos y en las tradiciones sociales de prácticamente todas las culturas conocidas. En Genealogía, el término primogénito designa al primer hijo nacido de una pareja y tiene una carga simbólica, jurídica y afectiva que ha determinado el destino de individuos, familias y naciones enteras. La primogenitura, o sistema en el que el hijo mayor hereda los derechos, títulos y bienes de los padres, fue el principio organizador de la transmisión del patrimonio en la mayor parte de las civilizaciones históricas.

El primogénito crece en un entorno radicalmente diferente al de sus hermanos posteriores ya que, durante un período variable, que puede ir de meses a varios años o para siempre, es el único hijo que tienen los padres, el que recibe de forma exclusiva toda la atención, expectativas y recursos materiales y emocionales de sus padres y de otros familiares cercanos. Esta situación irrepetible deja una huella profunda en la formación de su personalidad. Los padres, que son también primerizos, proyectan sobre el primer hijo sus ideales, miedos, esperanzas y ambiciones de manera más intensa que sobre los hijos posteriores. Esta sobreexposición a las expectativas de los padres y abuelos es uno de los factores determinantes en la formación de la personalidad del primogénito.

Fig.1= El primer hijo.
 

La investigación genealógica y psicológica ha identificado una serie de rasgos característicos en los primogénitos que se pueden encontrar en mayor o menor medida en cada uno. Se puede decir en general que el primogénito tiene una mayor tendencia al liderazgo, a la responsabilidad, a guiar a sus hermanos menores si los hay o a otras personas, intenta ser modelo de conducta, tiene una capacidad de organizar y de estructurar, quiere mantener el primer lugar en el afecto y aprobación paternos o de otras figuras de poder. Tiende a respetar las normas establecidas, a buscar la perfección, le cuesta delegar en otros, tiene una mayor propensión a la ansiedad ante el fracaso, a desarrollar mejor el lenguaje, a tener un mayor cociente intelectual, conciencia social elevada, a ser ejemplo para los demás y tiende a aliarse con las figuras de autoridad, como los padres, profesores o jefes.

El nacimiento del primer hijo constituye para los padres uno de los momentos de mayor transformación de sus vidas, ya que pasan de ser únicamente hijos para convertirse también en padres. Es el paso de una generación a otra nueva y se activan reacciones internas en las que los padres proyectan sobre él sus ideales incumplidos, sus miedos y las aspiraciones. Los primogénitos tienden a repetir patrones de vida, profesiones, formas de ser, enfermedades y conflictos de los antepasados del lado del padre, especialmente del abuelo paterno si el primogénito es un chico o de la abuela paterna si es una chica, y esto puede manifestarse en ámbitos tan diversos como las relaciones de pareja, la vocación profesional o los conflictos que le surgen en la vida.

Con el primogénito varón el padre no tiene experiencia previa, por lo que se puede despertar en él el orgullo y la euforia, un sentimiento de potencia y realización, pero también el miedo y la inseguridad, el temor a no estar a la altura, a cometer errores irreparables, y también el contacto con el bebé despierta memorias emocionales de la propia infancia. La relación con su propio padre, el abuelo paterno, reaparece con intensidad y lo bueno y lo malo de ella vuelve a primer plano. Pueden surgir también celos con el bebé y experimentar una rivalidad inconsciente por la atención que le dedica la madre. Muchos padres proyectan sobre su primer hijo varón la oportunidad de reparar sus propios fracasos o equivocaciones e intentan darle lo que ellos no pudieron tener en su vida. Esto puede ser algo positivo si se hace respetando al hijo o convertirse en una carga insoportable para éste si el padre deposita en él la responsabilidad de que cumpla sus deseos.

Fig.2= La relación especial entre el primogénito varón y su padre.
 

Cuando el primogénito es una mujer el padre puede sentir sensaciones confusas e incluso contradictorias. Puede tener las mismas sensaciones de alegría y euforia por haber creado una nueva generación, pero con frecuencia se ve muy condicionado por su capacidad de transmitir sus deseos a su hija, a menudo con una frustración inconsciente de no poder proyectar sobre ella la idea de trasladarle su legado. Con frecuencia esta vivencia se convierte en una distancia entre ellos y la pérdida del vínculo que es fundamental en los primeros años de la vida de ella y que la hija suele detectar como un rechazo por parte de su padre, que muy probablemente le va a llevar a lo largo de su vida a intentar atraer su atención para cubrir sus carencias. Es habitual que estos intentos no lleguen a cumplirse totalmente y que la brecha que el padre ha creado al principio de la relación con su hija se mantenga toda la vida en mayor o menor medida.

Para la madre, el primer hijo representa el inicio de una experiencia sin vuelta atrás, un antes y un después. El embarazo, parto y lactancia del primogénito es el primer encuentro consciente del cuerpo de la mujer con la maternidad, ya que los cambios físicos, hormonales y emocionales son vividos con una intensidad que, en general, no vuelve a vivirse de la misma manera en los siguientes embarazos, si los hay. Con esta experiencia se activa en la mujer un proceso de revisión de su historia personal, en especial de la relación con su propia madre. Con frecuencia le surgen muchas dudas sobre cómo va hacer todo el proceso de maternidad, qué tipo de madre será y si va a poder hacerlo todo adecuadamente, lo que la conecta inevitablemente con su propia madre y la experiencia que ha vivido con ella desde la infancia.

Si el primogénito es un chico la relación de la madre se transforma en algo diferente y especial, ya que es muy fácil que proyecte sobre él algunos rasgos de la relación que ha tenido con su propio padre y también con su pareja. Sin embargo, con el paso del tiempo puede encontrarse con la frustración de no poder trasladarle sus rasgos de personalidad o sus comportamientos femeninos porque lo más probable es que este hijo acabé mirando a su padre y a su abuelo paterno para establecer su personalidad. Pero sí que será un modelo para el primogénito cuando éste tenga que establecer sus propias relaciones con otras mujeres, como amigas o compañeras de trabajo y con las que después serán sus parejas y sus hijas, si las tiene.

Fig.3= Modelos de influencia genealógica cuando el primogénito es un chico o una chica.
 

Si la primera hija es una chica, la madre intentará establecer con ella una relación especial, sobre todo si al padre le está costando establecer el vínculo inicial con su hija, ya que ella lo más probable es que desarrolle su instinto materno de protección y quiera evitar que su hija sufra en este caso. Además, el natural atractivo entre personas del mismo sexo hará que la madre encuentre muchos puntos de unión con esta hija en cuanto a forma de ser y gustos, pero es muy probable que poco a poco este vínculo especial se vaya diluyendo por el natural interés de esta hija en su padre y en su línea genealógica, especialmente sobre su abuela paterna. Con el paso del tiempo puede ocurrir que la madre sienta una distancia con su hija y que ésta proyecte y sobre ella las frustraciones que pueda tener su padre con su madre, lo que muchas veces la dejará en un lugar delicado en los conflictos entre los dos padres. También vivirá la dificultad de saber si ponerse del lado del padre o de la madre en ciertos momentos.

Los abuelos del primogénito también intentarán proyectar sobre él o ella sus propias influencias y dependerá de si el primogénito es chico o chica para que aparezcan gestos importantes de acercamiento por parte del abuelo paterno o de la abuela paterna. Sin embargo, habrá una tendencia natural de la abuela materna a apoyar a su hija en los procesos de crianza para ayudarla a sacar adelante a ese bebé, y esto puede ser mucho más intenso que el espacio que le acabe dejando a su suegra para hacer ese mismo trabajo. Esta preferencia puede ser motivo de conflicto en la pareja, especialmente si el padre quiere reclamar más espacio para que propia su madre intervenga en el proceso de apoyo a la crianza. Los abuelos también pueden proyectar sus propios problemas sobre los nietos primogénitos, especialmente si ya ha habido anteriormente primogénitos de sus otros hijos. La relación que hayan tenido cada uno de los abuelos con los padres del primogénito también marcará la forma como se establecen los vínculos y las influencias.

Los vínculos y la relación especial que tienen el padre la madre con su primer hijo se pueden también ampliar en la sección genealógica de esta página web dedicada a la llegada de los hijos. De manera general se puede decir que el primogénito simboliza para los padres y para toda la familia la continuidad de la estirpe y la esperanza de todo un grupo en el futuro que se depositará sobre él o ella. La importancia del primogénito a lo largo de la historia se ha reflejado en muchos escritos, novelas, relatos y mitos que se suelen proyectar en forma de enseñanza para todos sobre la llegada del primer hijo a una familia, y también aparecen en estos escritos históricos las proyecciones o los deseos que se depositan sobre los primogénitos por parte de la familia.








.
Regreso al contenido