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La Complementación entre el Abuelo y la Nieta - UNA VIDA INTEGRAL

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La Complementación entre el Abuelo y la Nieta

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- LAS LEYES GENEALÓGICAS: LA AFINIDAD Y LA COMPLEMENTACIÓN POR SEXO -

LA COMPLEMENTACIÓN ENTRE EL ABUELO Y LA NIETA


Cuando se hace un estudio genealógico a alguien, las leyes que se le aplican para ver las posibles influencias en su componente inconsciente, en su personalidad y en su carácter dependen de muchas variables y, con frecuencia, se solapan unas con otras para ver cuáles de estas variables predominan en cada persona. En el caso de la ley de Afinidad y Complementación por sexo aplicada a los diferentes miembros de una misma familia, las influencias pueden ser muy complicadas de precisar, aunque hay una serie de factores que permiten acercarnos de una manera un poco más concreta a la complementación en cada caso.

En el caso de la complementación entre el abuelo y la nieta, hay que tener en cuenta que estamos saltando dos generaciones y, salvo que haya habido algún fallecimiento importante en la línea de los padres o la ausencia de alguno o de estos, los abuelos tendrán una importante influencia en el carácter y la personalidad de los nietos, pero el trato diario, la educación y la responsabilidad sobre ellos puede ser importante o secundaria en función de que los padres hayan tenido una buena o mala relación con sus propios padres y que permitan que los abuelos tengan un importante vínculo con sus nietas.

Fig.1= El abuelo y la nieta.
 

La relación entre el abuelo y la nieta va a depender de manera muy importante del orden de llegada que haya tenido esa nieta en su familia, es decir, si ocupa el primer, el segundo, el tercer, el cuarto, etc. lugar entre sus hermanos, pero también será necesario ver cómo se aplica en cada caso la Ley de Herencia en Tercera Generación y la Ley de Tendencia Par o Impar. El otro factor importante a tener en cuenta será si el abuelo es el de la línea del padre o de la madre. En cualquier caso, el abuelo tenderá a relacionarse con sus nietas en función de la relación que ha tenido con su propia madre, la que tenga con su hijo o hija y la de su mujer, la abuela.

Si es el abuelo paterno y la nieta está en el primer lugar, la tendencia de ésta será la de heredar del carácter y la influencia de la abuela paterna, lo que supondrá para este abuelo un especial atractivo a la hora de dedicarle atención a esa nieta, a la que intentará encontrar ciertos parecidos con la abuela paterna y los proyectará sobre ella, aunque en el caso en que la relación entre los abuelos no sea buena o estén separados, puede de que esto redunde en contra de la buena complementación entre el abuelo y la nieta. Si el abuelo paterno no se ha llevado bien con su hijo, se puede producir una barrera en la que haya dificultad para que se produzca la complementación.

Si es el abuelo paterno y la nieta está en el segundo lugar, la tendencia de esta se da la de heredar la personalidad de la abuela materna, por lo que la forma de conectar entre esta nieta y el abuelo paterno dependerá de la forma cómo se relacionen el abuelo y su nuera. Si la relación es buena, es probable que esta nieta pueda acercarse más al abuelo paterno y establecer un buen vínculo, pero si no es así, la complementación quedará muy probablemente disminuida.

Fig.2= La Tendencia Par e Impar de los abuelos.
 

La relación del abuelo paterno con las siguientes nietas dependerá de si ocupan los lugares sin pares o pares entre sus hermanos y también de si estas nietas provienen de sus hijos o de sus hijas y del orden de llegada que ocupen a su vez los hijos del abuelo paterno en su familia y la comunicación e interacción que haya habido entre este abuelo y sus hijos. Lo más probable es que la tendencia a la complementación entre el abuelo paterno y las nietas dependa de si ocupan el lugar impar, habitualmente más probablemente cercano al abuelo paterno, o el par entre sus hermanos y que se repita el modelo expuesto en los dos casos anteriores.

Si es el abuelo materno y la nieta está en el primer lugar, la relación entre ellos será probablemente menos intensa y también más difícil la complementación, ya que la herencia de esta nieta recaerá más fácilmente en el lado de su padre, en lugar del de su madre, cogiendo con más probabilidad la herencia de la abuela paterna. De nuevo, la probabilidad de complementación dependerá del lugar que tenga la hija del abuelo en su propia familia y cómo se haya llevado con su padre. Aquí también condicionará mucho la relación que tengan el yerno y el abuelo materno entre ellos.

Si es el abuelo materno y la nieta está en el segundo lugar, la complementación será mucho más fácil y es muy probable que entre ellos surja un cariño especial y una muy buena relación, dependiendo de nuevo de si la relación del abuelo materno con su hija, la madre de la nieta, haya sido buena o no y del lugar que ésta haya ocupado en su familia. Para el abuelo materno, será muy fácil conectar con esta nieta ya que es muy probable que haya cogido la herencia de la abuela materna y el abuelo sienta un atractivo especial por ella, rememorando la relación que haya tenido con su mujer, la abuela materna, aunque si ésta no ha sido buena, el vínculo entre el abuelo y la nieta puede complicarse.

Fig.3= La especial relación entre abuelos y nietos.
 
La relación del abuelo materno con sus nietas variará según el lugar que estas ocupen entre sus hermanos, según corresponda a un lugar par o impar y también influirá si las nietas son hijas de sus hijos o de sus hijas, así como el orden de nacimiento de los propios hijos del abuelo y el tipo de comunicación e interacción que haya mantenido con ellos. En general, la tendencia a la complementación entre el abuelo materno y las nietas dependerá de si estas ocupan una posición par, que suele favorecer una mayor cercanía entre ellos, o una impar, repitiéndose probablemente el patrón descrito en los casos anteriores.

En resumen, se podría decir que la complementación entre los abuelos, tanto el materno como el paterno, con sus nietas tendrá a ser buena, especialmente en la época de la infancia y cuando éstas sean ya mayores de 30 años, y que con mucha probabilidad despertará en ellas un especial afecto hacia sus abuelos sobre todo cuando estos abuelos se vayan haciendo mayores y puedan requerir una mayor dedicación hacia ellos por parte de la familia.














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