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El Triángulo de las Influencias de una Mujer - UNA VIDA INTEGRAL

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El Triángulo de las Influencias de una Mujer

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EL TRIÁNGULO DE INFLUENCIAS DE UNA MUJER


La Ley Genealógica del Triángulo de Influencias explora los rasgos de personalidad que una persona puede heredar tanto de sus abuelos como del progenitor de su mismo sexo. Estos antecedentes familiares desempeñan un papel fundamental en la formación del carácter y en la manera en que cada individuo enfrenta los momentos decisivos de su vida. Los rasgos se van a reflejar en la forma de manejar los conflictos, en las relaciones con hermanos, primos o compañeros de trabajo, y en la manera de integrarse en su entorno social. También influyen en el modo de vincularse afectivamente con la pareja y en la relación que se establece con los propios hijos y nietos. La intensidad de estas influencias dependerá, en gran parte, de la fuerza del vínculo existente con los abuelos y con el progenitor del mismo sexo.

Esta ley genealógica está claramente influenciada por otras leyes como la Ley de la Herencia en Tercera Generación, la Ley del Orden de Llegada y la Ley de la Herencia por Sexo. Su aplicación y capacidad de influencia depende del número de hermanos en la familia, del orden en que nacen y del sexo de cada uno. Estos factores permiten determinar con mayor precisión qué abuela ejercerá una influencia más directa y cuál tendrá un papel más secundario, así como entender de qué modo la personalidad de la madre influirá en la de su hija.

Fig.1= La Ley del Triángulo de Influencias para una mujer.
 

En este caso se estudia el triángulo de influencias que recibe una mujer, formado por las tres figuras femeninas que más pueden marcar su carácter: su abuela paterna, su abuela materna y su madre. Si la persona analizada ocupa un orden de nacimiento impar, predominará la influencia de la abuela paterna, mientras que la de la abuela materna será más secundaria. En cambio, si el orden de nacimiento es par, la influencia de la abuela materna tenderá a ser más fuerte que la de la paterna. La capacidad de condicionar el carácter de su hija por parte de la madre variará en intensidad según el lugar que ocupe esta hija dentro de la familia.

Cuando la hija es la primera, suele heredar rasgos de personalidad relacionados con la figura paterna, sobre todo si existe una buena relación entre el padre y la abuela por parte del padre, ya que esto favorece una influencia directa de esta última. En cambio, si esa relación es conflictiva o distante, dicha influencia tiende a debilitarse. Normalmente, la conexión con la abuela materna es menos relevante, aunque puede ganar importancia si la abuela paterna no goza de buena reputación dentro de la familia o es rechazada. En ese caso, la hija buscará de forma natural la influencia de la abuela materna. Por lo general, la relación entre la madre y su primera hija se rige por la Ley de la Afinidad por Sexo que hace que haya cercanía entre ambas, aunque siempre existirán dificultades de comunicación y de relación como consecuencia de la especial relación de esta hija con el padre.

Si la hija ocupa el segundo lugar, su tendencia natural será heredar más rasgos de la abuela materna y menos de la abuela paterna, sobre todo si tiene una hermana mayor que ya ha asumido esa influencia. En cambio, si la primera no lo ha hecho, es posible que la segunda busque recibir la influencia de la abuela paterna. Si la abuela materna no goza de buena reputación o no es aceptada dentro de la familia, esta hija probablemente tenderá a identificarse más con la abuela materna. La relación entre la madre y la segunda hija suele ser naturalmente fácil y buena, aunque también dependerá de si la primera es una hija o un hijo: si el primero es un hijo varón, la madre ejercerá claramente una mayor influencia sobre la segunda, pero si es una chica, lo más habitual es que reduzca significativamente la intensidad de la relación que haya con la mayor en relación a la que tenga con la segunda.

Fig.2= La relación entre la hija, la madre y las abuelas.
 

A partir de la segunda hija, los triángulos se determinarán según si existen chicos o chicas en el primer y segundo lugar, quienes podrían haber absorbido influencias de sus respectivos triángulos. La norma general indica que, cuando las hijas ocupan posiciones impares, tienden a presentar un triángulo con mayor influencia de la abuela paterna y de la madre, y menor de la abuela materna. En cambio, las hijas en posiciones pares muestran una influencia de la madre y una más marcada de la abuela materna que de la paterna. La intensidad de la relación de la madre con cada hija dependerá del orden de nacimiento y de las conexiones entre ellas, definidas por las demás leyes genealógicas.

Esta ley, como hemos analizado, estará fuertemente influida por otras reglas que hayan establecido preferencias de influencia previas. Dichas reglas pueden hacer que la Ley del Triángulo de las Influencias se vea más o menos condicionada por las decisiones anteriores de las hermanas mayores y por la habilidad de la madre para crear vínculos adecuados con cada una de sus hijas. El análisis de todas las variables en familias numerosas resulta cada vez más complejo, ya que es difícil determinar cuál será la tendencia dominante de cada hija y su capacidad para captar la atención tanto de la madre como de las abuelas.








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