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La Preparación de la Tierra - UNA VIDA INTEGRAL

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La Preparación de la Tierra

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LA PREPARACIÓN DE LA TIERRA


Normalmente el huerto biológico tiene un ciclo anual que pasa por todas las estaciones y en cada una de ellas hay que hacer labores específicas, de preparación o de mantenimiento del terreno. Habitualmente, el invierno es la época de inactividad de la tierra, en la que se la permite que descanse, que se regenere, que recupere nutrientes y que equilibre los microorganismos que contiene. Durante la primavera se suelen hacer las labores de preparación del terreno y la siembra, en el verano las plantas están crecidas y empiezan a dar sus frutos y en el otoño es la época de recogida.

En la época de descanso del invierno, se suele dejar que crezcan de manera natural las plantas adventicias que puedan y de esta forma hacen una protección natural de los microorganismos que contiene durante la época de frío. Hacia el final del invierno se suele remover la tierra para desarraigar las plantas que hayan crecido y se dejan sobre el terreno para que puedan ser absorbidos sus nutrientes. Esta labor se puede hacer a mano si el huerto es pequeño o también se puede utilizar una máquina ligera de roturar que solo afecta a los primeros 20 centímetros del terreno y no altera a los miroorganismos.

Fig.1= Movilización de la tierra.


Una vez removida a la tierra se debe dejar descansar al menos 15 días para que se reponga su estructura y se absorban los nutrientes de las plantas que estaban antes de moverla. A continuación, se debe valorar si es adecuado o no añadir nutrientes externos en forma de abono como, por ejemplo, el compost vegetal que se haya preparado previamente y este maduro para echarlo. Este compost puede estar hecho de restos vegetales de varios orígenes y el mejor es el que han preparado las lombrices de tierra. También se puede añadir compost derivado de animales que estén libres o que se hayan criado en una ganadería con alimentación ecológica.

Hay muchos tipos de compost, tanto de origen vegetal como animal y se debe utilizar el más adecuado para el tipo de planta que se va a utilizar. Los compost de origen animal aportan mucho nitrógeno al terreno y son adecuados para las plantas que más lo necesiten. Entre ellos está el compost que proviene de las heces y orina de las ovejas, de las cabras, de las gallinas, de las palomas o de otras aves. El de origen vegetal puede provenir de restos del bosque adecuadamente fermentados, de los restos de cosechas anteriores, de cenizas, de maderas, paja o de los desechos no contaminados del hogar.

Una vez que se haya esparcido el compost, se puede dejar que lo absorba el terreno simplemente con el agua de las lluvias o se puede volver a hacer una roturación del terreno para que se mezcle adecuadamente con la tierra en su interior. De nuevo, hay que dejar el terreno descansando unos 15 días hasta que esté listo para la siembra. El objetivo de la roturación es conseguir que la tierra tenga una textura suelta y esponjosa que facilite el desarrollo de las raíces y la circulación adecuada del aire y del agua.

Fig.2= Compost.


En cuanto a la humedad, si el año es normal de lluvias, no hay mucho que hacer porque el agua será absorbida de manera natural por el terreno. Pero en caso de que el invierno haya sido seco y el inicio de la primavera lo sea también, será necesario regar la tierra para que los microorganismos puedan crecer adecuadamente en ella. Es bueno controlar habitualmente la humedad del terreno para evitar que sufran los microorganismos con la sequía.

Cuando se ha acabado con el compostado y se ha removido adecuadamente la tierra, llega el momento de alisarla y prepararla para poder sembrar. Hay diferentes estilos de huertos y otras tantas formas de preparar el terreno. Algunas personas utilizan surcos para plantar las semillas o la planta en el alto del surco aunque otras lo hacen en su parte profunda. Otra manera es hacer bancales o zonas con formas cuadradas, rectangulares, redondas, ovaladas o triangulares, y de éstos hay dos tipos, el bancal elevado o el bancal hundido, según se pretenda airear más el terreno o aprovechar mejor el agua.

Si se ha hecho el trabajo adecuado con el terreno, la tierra estará lista para recibir las semillas o las plantas en las mejores condiciones posibles.








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