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Adicción a la Cafeína - UNA VIDA INTEGRAL

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Adicción a la Cafeína

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LA ADICCIÓN A LA CAFEÍNA


El café es la bebida estimulante más consumida en el mundo, que contiene la droga cafeína, una sustancia muy adictiva que también está presente en otras bebidas como el té, las colas, el mate o las bebidas energizantes para deportistas. El café se elabora a partir de las semillas recolectadas y después tostadas o torrefactadas de la planta del café, y se prepara cociendo o haciendo pasar agua hirviendo a través del polvo de los granos de café molidos, utilizando un cazo y un filtro o preparado por máquinas especiales que hacen el café de forma automatizada o con cápsulas de café. El té se prepara hirviendo la planta del té y colándola posteriormente.

El café es originario de Etiopia, después pasó a Arabia, en el siglo XVII llegó a Europa y en el XVIII a América, pero tuvo un excepcional aumento del consumo a partir de su producción masiva y comercialización en el siglo XIX y el XX. La cafeína es una droga legal que se ha incorporado en las rutinas personales y sociales desde hace apenas dos siglos, siendo una de las bebidas más presentes en el desayuno y después de las comidas, aunque los más adictos la consumen en cualquier momento del día, a veces superando de más de diez tazas al día. Las colas también tienen un consumo asociado a las comidas o entre horas, siendo una bebida que consumen con frecuencia los jóvenes. Las bebidas que se venden como “energizantes para deportistas” contienen dosis muy elevadas de cafeína.

Fig.1= Café, té, colas y bebidas estimulantes.
 

El mecanismo de acción de la cafeína sobre el sistema nervioso es el bloqueo de los receptores de adenosina, que es un neurotransmisor que promueve el sueño y la relajación al unirse a sus receptores. Cuando se consume cafeína, ésta bloquea esos receptores e impide que la adenosina realice su función calmante y relajante sobre el cerebro, lo que provoca un aumento del estado de alerta de la persona que la consume. También activa indirectamente la acción de la dopamina al hacer más sensibles y reactivos a sus receptores, y este neurotransmisor juega un papel crucial en la regulación del estado de ánimo y de la conducta de búsqueda de recompensa, y esta mayor reacción a la dopamina contribuye a generar falsas sensaciones de placer y aumenta el deseo de consumir más cafeína, creando un ciclo estimulante y falsamente gratificante que lleva a la necesidad de mantener y aumentar el consumo y a la dependencia de la droga.

El consumo regular o frecuente de cafeína hace que el cuerpo cree más receptores de adenosina en el sistema nervioso central, lo que reduce progresivamente los efectos estimulantes de la cafeína y aumenta la tolerancia y el deseo de consumir cada vez más cantidad de la droga para conseguir efectos similares. De esta forma se desarrolla la dependencia física y psicológica a la cafeína que hace que la persona consuma diariamente dosis concretas de cafeína para obtener el efecto estimulante, aunque es cierto que esa dependencia tiene una menor intensidad que otras drogas estimulantes como la nicotina o la cocaína. La cafeína no da energía a la persona sino que obliga a su organismo a consumir una energía de reserva que no gastaría si no le obligase la droga.

El síndrome de abstinencia de la cafeína se caracteriza por la aparición de 3 o más síntomas del cuadro clínico de la abstinencia del consumo de cafeína dentro de las 24 horas posteriores a dejar de tomar o al reducir la dosis del consumo de cafeína. Los síntomas más comunes de la abstinencia de cafeína incluyen un dolor de cabeza intenso y pulsátil que puede durar hasta tres semanas después de la retirada; sensación fuerte de fatiga, agotamiento, somnolencia o la necesidad de dormir muchas horas; estado de ánimo deprimido, irritabilidad y cambios de humor que pueden afectar las relaciones interpersonales; dificultad para concentrarse y deterioro cognitivo temporal; síntomas similares a la gripe como náuseas, vómitos, dolor y rigidez muscular. La duración media suele ser de 3 días a 3 semanas después de la retirada del consumo y vuelve a producirse si se inicia de nuevo el consumo de cafeína.

Fig.2= Personas consumiendo café y colas.
 

Los consumidores de cafeína pueden catalogarse en dos tipos: los metabolizadores rápidos y los lentos. Los metabolizadores rápidos experimentan una eliminación rápida de la cafeína de sus sistemas, resultando en una duración más corta de sus efectos estimulantes y una menor sensación de su efecto sobre el organismo por lo que suelen decir que la cafeína nos les afecta en su vida y pueden dormir a pesar de haber tomado ciertas dosis de cafeína antes de acostarse. Por el contrario, los metabolizadores lentos son más susceptibles a los efectos de la cafeína y tienen un efecto muy inmediato, mucho más intenso y durante un período más prolongado, teniendo síntomas de nerviosismo, agitación, taquicardia, arritmias, episodios de ansiedad, hipertensión e insomnio.

El consumo de cafeína hace que la persona no perciba su cansancio y su deseo de dormir las 8 horas al día normales y recomendables, lo que favorece que la persona se acueste más tarde, que duerma menos horas al día y que el sueño sea menos reparador. También reduce las horas de sueño profundo, que es una etapa muy importante y fundamental del sueño en la que se reparan los tejidos de todo el organismo para que estén en buenas condiciones al día siguiente y evitar su deterioro, su mala función y el envejecimiento prematuro. Por esta razón y por la estimulación nerviosa que genera la cafeína se puede decir que el consumo habitual favorece el acortamiento de la vida y la aparición de enfermedades degenerativas.

La cafeína afecta al sistema circulatorio y al corazón, provocando una subida de la tensión arterial, un aumento de las pulsaciones, una sobrecarga del corazón y facilita la aparición de arritmias como las taquicardias, las extrasístoles o la fibrilación auricular. Es por eso que el consumo de cafeína está totalmente contraindicado en las personas hipertensas, las que tienen cualquier arritmia, las que tienen angina de pecho, las que han tenido una hemorragia cerebral, aneurismas, accidentes cerebrovasculares, ictus o trombosis cerebral y las que han sufrido un infarto agudo de miocardio. También afecta al sistema nervioso provocando con más facilidad la aparición de los estados de ansiedad, la angustia o los trastornos neuróticos.

Fig.3= Personas con trastornos de ansiedad e irritabilidad.
 

La retirada del consumo de cafeína es relativamente fácil y consiste fundamentalmente dejar de consumir café, incluso el descafeinado, las colas, el té, el mate y el cacao. Solo hay que dejar el consumo, pasar el síndrome de abstinencia que puede durar de 3 días a 3 semanas y darle al organismo las 8 horas de sueño y descanso necesarias para poder mantenerlo sano y evitar el cansancio de la mañana por falta de un sueño suficiente y reparador. El mantenimiento consiste en no consumir la cafeína en adelante, especialmente evitarla para mantenerse despiertos durante el día o para rendirme mejor en el trabajo o en el deporte. Es recomendable sustituir las bebidas con cafeína por otras que no la contengan, practicar algún ejercicio físico, dormir suficientes horas y practicar la relajación.

Aunque algunas personas que la consumen alegan que la cafeína les mantiene activos y se sienten más vitalizados para hacer trabajos, deporte o vida social, lo cierto es que lo que realmente hace es forzar a todo el organismo, especialmente al sistema nervioso y al circulatorio, a trabajar más intensamente de lo que debería, a desgastar su energía vital y la de reserva y a cansarlo. Las consecuencias de su consumo a medio y largo plazo son muy nocivas para la salud de la persona, aunque puede que no reconozca el efecto del deterioro de su organismo hasta que aparezcan sus consecuencias: la enfermedad, el deterioro y el envejecimiento del cuerpo. También hay que evitar su consumo en niños, adolescentes y en las mujeres embarazadas.


 









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