Sobre la Siembra
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SOBRE LA SIEMBRA
Después de elegir un terreno
adecuado para hacer un huerto biológico y preparar la tierra para que esté en las
mejores condiciones posibles, el siguiente paso, y muy importante, es la siembra
de las plantas que queremos que crezcan en el huerto. Para ello hay que
seleccionar las mejores semillas posibles que podamos obtener o también se pueden comprar las
plantas o las personas de confianza que las desarrollan, que ya hayan crecido previamente a una cierta altura y que sean de
cultivo ecológico.
Si llevamos ya un tiempo
haciendo agricultura ecológica, es muy probable que dispongamos de nuestras
propias semillas y que una vez seleccionadas podamos utilizarlas cada año sin
necesidad de tener que comprarlas cada año. Si se dispone de un invernadero o de un
semillero en una zona protegida y a una temperatura estable, se puede hacer una
plantación previa de semillas antes de llevar la planta a la tierra del huerto
y de esta manera se puede adelantar la temporada en las zonas donde hace frío o
puede haber heladas.
Fig.1= Algunas semillas.
Es fundamental conocer el ciclo vital de cada planta que se vaya a sembrar, eligiendo el momento adecuado según la época del año que le favorezca y la expectativa de recogida en un periodo de tiempo. Algunas plantas hay que sembrarlas en invierno, otras en primavera, otras en otoño y otras en verano, por lo que debe hacer un estudio minucioso de las plantas que se van a colocar en la tierra y en qué momento, dado que se puede hacer una rotación del terreno y plantarlas unas en una época del año y otras en otra.
Fundamentalmente se puede decir que hay dos tipos de siembra, la que se hace directamente en el terreno y la que se hace en un semillero o invernadero para después trasplantarla cuando la planta ya tenga el tamaño adecuado. Algunas hortalizas no soportan bien el trasplante por lo que se deben sembrar directamente en el suelo, como la zanahoria o el rábano, y otras se adaptan bien al crecimiento en semillero o en invernadero para después plantarlas sobre la tierra, como el tomate, la calabaza o el calabacín.
La siembra directa de semillas se puede hacer introduciendo las semillas una a una a una pequeña profundidad directamente sobre la tierra y manteniendo la distancia adecuada entre una y otra, como en el caso de la calabaza. Otra manera es hacer un surco y depositar varias semillas a lo largo del mismo, a la distancia adecuada, como en el caso de la lechuga o la rúcula. También se puede hacer a boleo, tirando y esparciendo las semillas con la mano en diferentes direcciones para después cubrirlas con una capa de tierra o mantillo, como en el caso de los cereales.
Fig.2= Diferentes formas de plantar.
Para hacer una adecuada siembra en semillero es necesario disponer de estructuras aisladas unas de otras, rellenas con tierra, donde se pondrán las semillas para después trasplantarlas cuando tengan el tamaño adecuado. El material ideal para hacerlo son las macetillas de turba que se pondrán directamente sobre la tierra cuando se planten, aunque se utilizan también muchos otros tipos de materiales como el metal, el vidrio, la madera o el plástico, pero en este caso hay que asegurarse que es plástico de origen natural y totalmente reciclable.
Una vez que se ha realizado la siembra con semillas o con planta joven, es muy importante realizar un seguimiento y mantenimiento de la humedad y de las condiciones favorables para que la planta crezca. Para ello hay que hacer un riego frecuente si no hay lluvia que moje el terreno y llevar un control y observación de la planta para que no se estropee. También hay que evitar que le afecten los fríos, las heladas y los golpes de calor.
Si el proceso de siembra o de semillero y trasplante ha sido el adecuado, la planta tendrá un buen aspecto y crecerá rápidamente en cuanto que las condiciones se lo permitan. El arte de la siembra requiere unos conocimientos que se pueden buscar en libros, en internet o adquirirlos de otra persona, pero la experiencia propia es la mejor consejera para acertar y conseguir un buen cultivo.
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