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Adicción a Fármacos Estimulantes - UNA VIDA INTEGRAL

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Adicción a Fármacos Estimulantes

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LA ADICCIÓN A FÁRMACOS ESTIMULANTES


Los fármacos estimulantes son medicamentos que aumentan la actividad del sistema nervioso central, elevando el estado de alerta, la disponibilidad de energía y la motivación. Estos medicamentos suelen ser utilizados en el ámbito médico para tratar diversas enfermedades, pero muchas personas también las consumen como drogas para conseguir estados de alerta mantenidos con el objetivo de mantener una gran actividad mental y física, euforia, eliminar la fatiga, disminución del sueño, mantener relaciones sexuales y conseguir una mayor relación social o simplemente por diversión y para hacer más intensa la vivencia y alargar el tiempo de fiesta en grupo. Actúan aumentando la liberación de neurotransmisores como la dopamina y la noradrenalina en el cerebro.

Este grupo de fármacos está formado fundamentalmente por las anfetaminas y sus derivados, como el sulfato de anfetamina, la dextroanfetamina o la metanfetamina, y el metilfenidato, la adrenalina y los derivados farmacológicos de la cocaína. Aunque no son fármacos dentro de este grupo también se incluyen sustancias activas como la cocaína, la cafeína o la nicotina. En esta página se va a ver solamente los fármacos estimulantes que se utilizan como drogas de consumo frecuente.

Fig.1= Consumo de fármacos estimulantes.
 

El consumo y la adicción a los fármacos estimulantes representa un problema de salud pública que va aumentando progresivamente en todo el mundo, especialmente en el mundo desarrollado como droga de ocio en la juventud, en el mundo laboral para conseguir mejores resultados en el trabajo o en las empresas o en las guerras para mantener a los soldados activos y más agresivos. La gran demanda de los consumidores ha provocado un gran aumento de la producción y de la disponibilidad de estos fármacos, la mayor parte de las veces por la producción masiva en laboratorios clandestinos o por la obtención de manera fraudulenta en el sistema sanitario. Sin embargo, solo una de cada once personas con trastorno por uso de estas drogas recibe tratamiento.

El mecanismo de la acción de los fármacos estimulantes consiste en la alteración del sistema de la dopamina, que es un neurotransmisor que actúa en los procesos de recompensa cerebral, aumentando la liberación de dopamina de forma muy intensa y descontrolada, de forma que el cerebro no tiene mecanismos para equilibrar esta sobreestimulación y se dispara su efecto.​ Las anfetaminas inhiben la recaptación de dopamina en los terminales nerviosos e interfieren en su almacenamiento causando su liberación sin control.​ El Metilfenidato funciona como un activador de los transportadores de dopamina y noradrenalina y su potencial adictivo es comparable al de las anfetaminas.​ La dependencia y tolerancia a estimulantes se desarrolla rápidamente y los usuarios requieren dosis progresivamente mayores para obtener unos efectos equivalentes.

El consumo de fármacos estimulantes produce cambios físicos, psicológicos y de comportamiento, como taquicardia, hipertensión, sudoración, pupilas dilatadas, aumento de temperatura corporal​, gran euforia, agitación, insomnio, impulsividad, comportamiento violento, ideas de grandiosidad, inquietud, ansiedad, ataques de pánico, delirios, alucinaciones, psicosis, alteraciones del movimiento, temblores​, convulsiones, ideación suicida o paranoia. El consumo crónico de fármacos estimulantes puede provocar gran deterioro físico y mental, como deterioro cognitivo, disminución de memoria, pérdida de atención, disfunción sexual o trastornos del movimiento similares a enfermedad de Parkinson.

Fig.2= Entornos que favorecen el consumo.
 

Cuando se consumen de forma crónica los fármacos estimulantes producen cambios profundos en la estructura y función cerebral ya que alteran los procesos de adaptación de las neuronas deteriorándolas y generando modificaciones en el comportamiento de la persona. Los fármacos estimulantes provocan un aumento del riesgo cardiovascular por el aumento de la presión arterial, taquicardia, vasoconstricción arterial y aumento de demanda de oxígeno al músculo del corazón que puede precipitar una angina de pecho o un infarto, miocardiopatía, miocarditis​, daño en las válvulas cardíacas, arritmias o muerte súbita​.

El síndrome de abstinencia de fármacos estimulantes presenta menor sintomatología física, pero mayor psicológica con un deseo irrefrenable de volver a consumirlos, intensa fatiga, letargo, sueños intensos, pesadillas, insomnio o hipersomnia, aumento del apetito, agitación, incapacidad para sentir placer, apatía, desmotivación y depresión profunda.​ Este síndrome puede durar semanas o meses e incluso después de meses o años de abstinencia, un usuario puede experimentar el deseo intenso de consumirlos al ver una escena que le recuerde contextos en los que hubo consumo previo.

El tratamiento de la adicción a fármacos estimulantes es muy complejo y requiere la colaboración de varios profesionales de la salud para conseguir que la persona deje de consumirlos, aunque la tendencia a hacerlo suele quedar de por vida si se repiten las circunstancias que provocaron previamente su consumo. Hay algunos fármacos que se utilizan para combatir la depresión o la ansiedad, pero su uso debe ser exclusivamente limitado al periodo de abstinencia. El tratamiento psicológico puede ser individual o de grupo y se pueden utilizar técnicas conductuales y de desarrollo de habilidades de rechazo del consumo. También es útil practicar deporte, tener una buena alimentación y aprender técnicas de respiración y relajación. Será muy importante también actuar sobre los factores personales y emocionales que inducen al consumo.

Fig.3= Terapias de apoyo.
 










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