La Complementación entre Hombre y Mujer
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LA COMPLEMENTACIÓN ENTRE HOMBRE Y MUJER
Vivimos en un Universo dual donde todo lo que existe en él tiene
un complementario que le completa y equilibra, y la especie humana, como parte
de ese Universo, también es dual. Entre los humanos existen dos tipos de
individuos: el hombre y la mujer, masculino y femenino, y cada uno de ellos es
el complementario del otro. Esta complementación ocurre en todos los planos,
como en el físico, en el mental, en el emocional, en el social, en el familiar
y en el laboral. Juntos forman una unidad en la que cada uno representa una
parte del todo y cada uno aporta algo que el otro no tiene o lo tiene en menor
proporción.
Sin embargo, la complementación por sexo implica que cada uno de los
sexos tiene diferencias evidentes en relación con el otro. En la estructura de
los cromosomas, el hombre tiene XY y la mujer XX desde el momento de la
concepción. Las diferencias hormonales son muy importantes: los hombres
presentan niveles más elevados de testosterona, mientras que las mujeres
sintetizan más estrógenos, lo que influye en características físicas y aspectos
del funcionamiento fisiológico. A nivel neurológico, existen diferencias
estructurales: el cerebro masculino suele tener mayor proporción de sustancia
blanca, mientras que el femenino presenta mayor densidad de materia gris y en
el cerebro femenino predominan áreas que regulan sentimientos viscerales, ejes
hormonales y memoria emocional. Las mujeres tienen mayor cantidad de neuronas
en las zonas de comprensión del lenguaje y los hombres en el procesamiento de
la acción que activa los instintos y las reacciones de manera más rápida y
automática.
Fig.1= El cuerpo físico del hombre y de la mujer.
El cerebro masculino y el femenino no tiene la misma estructura ni funcionan igual, de hecho, el cerebro del hombre hace más conexiones internas en cada hemisferio y el de la mujer más entre los dos hemisferios, el masculino tiene mayor actividad en las áreas motoras y de percepción del espacio y el femenino en las zonas de gestión de las emociones, en las del lenguaje y en las de la relación social. El cuerpo físico de un hombre difiere de manera llamativa del de una mujer; el hombre suele ser más alto, tener más pelo corporal, tiene barba y bigote, la piel más áspera, mayor musculatura, ser más voluminoso, tiene genitales masculinos y las caderas son más rectas. La mujer suele tener una talla más baja, menor vello corporal, la piel más suave, menos musculación, tiene genitales femeninos y mamas y las caderas son más anchas.
Normalmente el hombre suele tener una mayor fuerza física y potencia muscular, lo que le predispone a realizar las tareas físicamente más duras, sin embargo, la mujer tiene más habilidad para saber las necesidades de las personas y el cuidado de éstas. La mujer tiene más capacidad emocional y la utiliza en muchos ámbitos, pero especialmente en el de la relación social, el hombre suele expresar menos emociones, utiliza más la lógica y tiene menos habilidades sociales. La visión lineal y puntual del hombre le lleva a fijar con precisión sus objetivos visuales pero ve borroso el resto del campo visual, sin embargo, la visión estroboscópica de la mujer le permite ver con claridad todo el campo visual, pero disminuye la atención en el centro. La mujer es más auditiva que visual y el hombre más visual que auditivo.
Se ha comprobado que las personas tienden a elegir compañeros, amigos o parejas que tengan rasgos y necesidades que complementen a las propias, y por ello una persona segura puede sentirse atraída por alguien inseguro o una persona soñadora por otra más realista, estableciendo así un equilibrio que fortalece el vínculo entre ellas. Las parejas complementarias pueden ofrecer ventajas significativas: equilibrio de habilidades, crecimiento personal, soporte emocional y resolución creativa de los conflictos. Cuando uno de los miembros es más extrovertido, puede ayudar al otro a salir de su introversión; si uno es más organizado, puede motivar al otro a mejorar su orden. Este tipo de relación de complementación crea un entorno seguro y equilibrado donde cada uno aporta algo al otro en beneficio de ambos.
Fig.2= El diferente funcionamiento del cerebro del hombre y de la mujer.
En las relaciones sexuales, el hombre suele tendencia a ser más impulsivo e inmediato y la mujer a ser más lenta, más emocional y sensual; después del orgasmo el hombre suele tener un periodo refractario, aunque la mujer puede seguir teniendo actividad sexual normal. La continua y estable fabricación de esperma por parte del hombre le induce a buscar relaciones sexuales muy frecuentes, sin embargo, la mujer se guía por los ciclos mensuales y tiende a tener mayor actividad y deseo sexual en las primeras dos semanas después de la menstruación y especialmente en el momento de la ovulación. La andropausia reduce la fabricación de testosterona en el hombre, aunque no se inhibe el deseo sexual, pero en la mujer la menopausia reduce de manera significativa el deseo sexual y su predisposición a tener relaciones a causa de su sequedad vaginal.
En el proceso reproductivo, la mujer desarrolla de manera muy intensa su instinto de reproducción y su sistema instintivo suele buscar a los hombres que tienen mejor situación genética para que los hijos tengan buena salud y fortaleza. El embarazo cambia la situación hormonal y emocional de la mujer, pero el hombre no modifica en nada sus hormonas. La llegada de un hijo activa en la mujer el proceso instintivo de la crianza y la alimentación del bebé y en el hombre la necesidad de proteger a ambos y de facilitarles lo que sea necesario.
En el entorno laboral y social, la complementación entre hombres y mujeres puede traducirse en una riqueza de perspectivas y de conseguir mejores resultados. Los hombres tienden a tener mayor capacidad para el pensamiento abstracto y la toma de decisiones, mientras que las mujeres suelen destacar en el conocimiento experimental, el trato con personas y la visión de lo concreto. El hombre puede ayudar a la mujer a transformar sus vivencias emocionales en decisiones racionales, mientras que la mujer puede ayudar al hombre a considerar todos los aspectos de una situación antes de actuar. Trabajando juntos, aprovechando sus respectivas fortalezas, pueden llegar a mejores resultados que actuando separadamente.
Fig.3= Interacción entre hombres y mujeres.
En las familias, los equilibrios genealógicos entre los hombres y las mujeres son complicados y dependen en gran medida de las posiciones de cada uno de los miembros en la familia. Hay una clara tendencia a que los hombres se acerquen más a los otros hombres y las mujeres a las otras mujeres, según La Ley de Afinidad por sexo, pero también hay una evidente atracción de los hombres por las mujeres y de las mujeres por los hombres en busca de un aprendizaje de cómo es el otro y de las ventajas que se adquieren cuando se trabaja juntos por el bien de la familia. El resto de las leyes genealógicas también condicionan mucho la complementación entre hombres y mujeres.
Sin embargo, las relaciones complementarias también presentan desafíos importantes ya que pueden generar conflictos cuando alguno de los dos quiere asumir una posición de poder sobre el otro intentando resaltar que su parte del todo es mejor que la del otro. En estas situaciones es necesario dejar claro que ninguna de las dos partes tiene toda la capacidad y que es gracias a la presencia de la otra parte que se puede conseguir objetivos, avanzar y aprender. La complementación equilibrada requiere el reconocimiento de la importancia de la otra parte y la necesidad de darle el espacio necesario para que todo se equilibre. Las relaciones complementarias, basadas en la igualdad y el equilibrio, tienden a tener mayor estabilidad y satisfacción a largo plazo, pero, aunque la complementariedad puede ser enriquecedora, requiere equilibrio y flexibilidad para evitar las tendencias al control y a la dependencia o pasividad.
La complementación entre el hombre y la mujer, cuando se hace desde el respeto mutuo, la aceptación de las diferencias, la igualdad de derechos, la flexibilidad en el trato, el reconocimiento de la importancia del otro y el reparto adecuado de los papeles de cada uno, suele ser una fuente de enriquecimiento personal, familiar y social. Sin embargo, cuando se utilizan las diferencias para justificar desigualdades, limitar libertades o imponer roles rígidos, esto se convierte en un obstáculo para el desarrollo pleno de todas las personas. Lo ideal es encontrar un equilibrio entre las diferencias, las similitudes y la complementación entre el hombre y la mujer.
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