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Los Hijos Criados en Orfanatos - UNA VIDA INTEGRAL

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Los Hijos Criados en Orfanatos

GENEALOGIA HUMANA > SITUACIONES GENEALÓGICAS ESPECIALES
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LOS HIJOS CRIADOS EN ORFANATOS


El desarrollo del carácter y la personalidad humana resulta de la interacción permanente entre la dotación genética heredada de los progenitores, la herencia biológica, y las experiencias vividas a lo largo de la vida, especialmente en las dos primeras décadas. Cuando la infancia transcurre, en todo o en parte, dentro de un hospicio, orfanato o institución de acogida, estos factores se entrelazan de un modo particularmente complejo: el niño llega a la institución con una herencia genética propia, procedente de una historia familiar que en muchos casos se desconoce y a la vez vive en un entorno de crianza colectivo, con frecuencia desprovisto del vínculo afectivo individualizado y continuo que el desarrollo psicológico normal requiere.

El estudio del comportamiento de una persona ha demostrado, a través de estudios con gemelos y de estudios de adopción, que buena parte de la variabilidad temperamental entre las personas tiene una base hereditaria. Los gemelos idénticos criados en hogares distintos conservan, en promedio, una notable similitud en rasgos como la introversión, la ansiedad o la impulsividad, lo que solo puede explicarse por el componente genético compartido. La Genealogía es el estudio de los antecedentes familiares de una persona que pueden condicionar la personalidad y la evolución en su vida, por lo que aporta mucha información saber quiénes fueron sus padres, abuelos y otros ancestros y los antecedentes de salud física, mental y emocional de la familia de origen, que en los casos de los niños criados en orfanatos suele faltar.

Fig.1= Niños criados en un orfanato.
 

En la forma de ser de una persona influyen tres componentes: el temperamento, el carácter y la personalidad. El temperamento, que proviene de la base biológica o genética, marca una parte importante de la capacidad emocional, la salud, la vitalidad o la sociabilidad, y que está presente como su “ser auténtico” desde el nacimiento y con un componente hereditario familiar considerable. El carácter es la forma en que ese temperamento se moldea mediante la educación, las normas familiares y sociales, además de las experiencias vitales tempranas, especialmente las relativas al vínculo afectivo creado en la infancia y la adolescencia. La personalidad, es la consecuencia de la integración de los dos anteriores y se expresa en patrones duraderos de actuar, pensar, sentir y relacionarse. La institucionalización temprana de un niño actúa con mayor fuerza sobre el carácter, mientras que el temperamento actúa como un filtro que determina, en parte, cuán vulnerable o resistente va a ser cada niño en concreto a una misma experiencia adversa.

El orfanato se caracteriza habitualmente, en términos de desarrollo infantil, por la presencia de varios factores de riesgo que rara vez aparecen aislados: el cuidado no individualizado, con varios cuidadores rotativos para un número elevado de niños; la ausencia de una figura concreta de apego estable y continua; la escasa estimulación cognitiva y sensorial de los niños; las normas disciplinarias impuestas por el centro, y en numerosos casos la carencia nutricional o sanitaria. Dependiendo del tiempo en el que una persona viva en el entorno de un orfanato, de si continúa hasta su mayoría de edad en él o de si finalmente es adoptado por una familia, el impacto en la personalidad puede ser mayor o menor.

Los estudios realizados sobre los efectos de la crianza institucional, en la que no hay un vínculo afectivo individualizado, han demostrado una mortalidad infantil más alta en los niños criados en orfanatos, así como signos de carácter depresivo, pérdida de apetito, insomnio, pérdida de peso, ausencia de expresión facial y retraso psicomotor. A este conjunto de síntomas y signos se le denomina “Síndrome del hospitalismo”, y se ha observado que buena parte de esos signos pueden remitir si el niño es adoptado a tiempo y consigue una estructura afectiva estable. Cuando no se puede establecer una relación continua con al menos un cuidador, cálida e individualizada para desarrollar una base de seguridad emocional desde la cual explorar el mundo, el niño tiende a desarrollar una personalidad insegura que predispone a problemas de carácter, dificultades de relación social y mayor vulnerabilidad emocional en la vida adulta.

Fig.2= La adopción temprana puede introducir cambios favorables en los niños que provienen de orfanatos.
 

La ausencia de un cuidador estable que module de manera habitual las emociones del niño en sus primeros años deja con frecuencia secuelas en la capacidad de autorregulación posterior, como la impulsividad, la baja tolerancia a la frustración, dificultades de concentración y, en ocasiones, una noción de la disciplina vivida como imposición externa más que como norma interiorizada, lo que puede traducirse en oposición tanto a las reglas como al propio aprendizaje escolar. Aunque hay que destacar que existe una enorme variabilidad individual en las consecuencias psicológicas de la institucionalización, ya que no todos los niños criados en las mismas condiciones desarrollan los mismos trastornos, ni con la misma intensidad.

Los hallazgos en estudios con imágenes cerebrales confirman que la adversidad temprana deja una huella biológica objetivable en el volumen cerebral, en la cantidad de sustancia gris y en la amígdala, que puede ser en parte reversible si se actúa a tiempo. La crianza en un orfanato no determina un destino fijo, ya que el mismo perfil genético puede expresarse como vulnerabilidad o como fortaleza en función del entorno, y la presencia de al menos una figura de vínculo estable es uno de los factores que mejor predice una trayectoria de recuperación favorable. La variabilidad individual observada entre niños criados en condiciones institucionales muy similares solo puede explicarse adecuadamente considerando conjuntamente la herencia genética, la genealógica y la experiencia social, ya que ninguno de los factores, por separado, basta para obtener los resultados observados.

Son también diferentes las influencias en el carácter y la personalidad de los niños criados en orfanatos dependiendo de si son niños o niñas, ya que en general los papeles determinados por el componente hormonal en unos y en otras va a condicionar también las influencias y los procesos de formación de la forma de ser y la gestión de las emociones. Las influencias raciales también pueden condicionar de forma genética el proceso de evolución de las personas criadas en orfanatos. Y de una manera también sorprendente, se puede decir que la influencia genealógica de la familia de los padres naturales acaba apareciendo también como un factor importante en el desarrollo de la personalidad de los niños.

Fig.3= La estructura del árbol genealógico se complica en los niños criados en orfanatos.
 

Habitualmente se encuentran tres factores que van a condicionar la evolución de estos niños: la influencia genealógica de la familia natural, el período de estancia en el orfanato donde se establecen vínculos diferentes a los familiares y la adopción por parte de una familia donde se establecen nuevos vínculos genealógicos. Los casos en que no han sido adoptados antes de su mayoría de edad tienen un comportamiento diferente a los que finalmente se han integrado en familias en algún momento de su proceso infantil o adolescente. De manera que los estudios genealógicos en este tipo de personas requieren prestar una especial atención a todos los factores que han actuado en las dos primeras décadas de la vida para poder ver que ha guardado en su inconsciente y cómo le va condicionar en su vida, en su salud o en sus enfermedades.








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