Adicción al Alcohol
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LA ADICCIÓN AL ALCOHOL
La adicción al alcohol, que es también conocida como alcoholismo, es un trastorno crónico que se caracteriza por el consumo compulsivo de alcohol a pesar de conocer y sufrir las consecuencias negativas para la salud, las relaciones personales y la vida diaria que puede acarrear a la persona que lo hace. Aunque cualquier consumo de alcohol podría acercar a la persona a la adicción, se puede considerar que un consumo ocasional o esporádico no es una adicción, ya que para que lo sea de manera estricta es necesario que exista la dependencia, la tolerancia y el síndrome de abstinencia. Pero una persona que consume alcohol con asiduidad podría ser considerado adicto si no es capaz de evitar ese comportamiento durante largos periodos de tiempo o lo desea de manera intensa.
El consumo de alcohol tiene un efecto euforizante inicial y sedante final si se sigue consumiendo, y puede realizarse de una manera ocasional o habitual, pero en ambos casos se puede dar la adicción al alcohol. Hay personas adictas al alcohol que solo consumen en circunstancias y momentos concretos, como los bebedores sociales, que solo consumen alcohol si están rodeados de otras personas durante el fin de semana o en las vacaciones, pero también se da en personas que beben en soledad cuando no tienen nadie cerca. El bebedor habitual, sin embargo, suele tener unas pautas de consumo y unas costumbres que repite habitualmente a diario, en las que consume el alcohol a horas concretas del día asociado a momentos como antes de comer, en la tarde o incluso a lo largo de todo el día.
Fig.1= Personas consumiendo alcohol.
Los motivos por los que una persona se inicia en el consumo de alcohol son múltiples, pero es muy común que ocurra alentado por factores sociales, especialmente en la adolescencia y en la primera juventud. La realización de celebraciones, fiestas o rituales en los que el alcohol es parte principal de las mismas es un claro favorecedor del consumo. Se habla de una cierta predisposición familiar si la persona ha tenido antecedentes familiares de alcoholismo o si en su entorno social hay personas que tienen un consumo habitual. También hay factores psicológicos y personales como el estrés, la depresión, la ansiedad, el rechazo, el aislamiento, la timidez, la vergüenza o el deseo de aceptación o de formar parte de un grupo. Si el acceso al alcohol es fácil es más probable que se predisponga a su consumo. El alcoholismo debe entenderse como una enfermedad progresiva que muchas personas niegan si no se encuentran en una mala situación.
Los síntomas de la adicción al alcohol pueden variar según las personas, pero algunos de los más comunes incluyen la necesidad de consumir alcohol en ciertos momentos, la pérdida de control al no poder limitar la cantidad de alcohol que se consume, superar el consumo habitual, necesitar beber más para sentir los mismos efectos, experimentar síntomas físicos o emocionales al no consumir alcohol o la negación del comportamiento al no reconocer el problema o minimizar su gravedad. Es habitual que la persona adicta al alcohol mienta sobre las cantidades de alcohol que consume y que descuide o abandone sus responsabilidades laborales, sociales o familiares. Hay cambios en el comportamiento y en el estado de ánimo, como irritabilidad, ansiedad, agresividad o tristeza. También hay pérdidas de memoria y dificultad para tomar decisiones.
El alcoholismo provoca leves, moderadas o graves alteraciones en los niveles físico, mental, emocional o social. A corto plazo puede generar cambios en la personalidad, dificultad para concentrarse, pérdida de la coordinación, descuidos y errores en el trabajo, absentismo laboral, bajo rendimiento en el trabajo o en los estudios, fallos en la conducción de vehículos, dificultad para el manejo de maquinaria peligrosa, pérdida de amigos, alteraciones en la convivencia de pareja o familiar y maltrato. A largo plazo aumenta el riesgo de padecer enfermedades del hígado, como hepatitis, cirrosis, hígado graso, insuficiencia hepática o cáncer; irritación del sistema digestivo como úlceras de estómago y de duodeno, pancreatitis, malabsorción y malnutrición; cardiovasculares como arritmias o insuficiencia cardíaca y cerebrales y mentales como la depresión, la ansiedad, la demencia o la encefalopatía.
Fig.2= Consecuencias del consumo de alcohol.
Para el tratamiento de la adicción al alcohol es necesario pedir ayuda profesional, social y familiar, ya que esta adicción, una vez que se inicia, genera una predisposición al consumo durante toda la vida que se reactiva una vez que se vuelve a tomar alcohol después de haberlo dejado. Se puede hacer una terapia individual o de grupo buscando las causas que generan la adicción y activando las conductas y circunstancias que la eviten. A veces se utilizan algunos fármacos que pueden ayudar a reducir el deseo de beber o a aliviar los síntomas de abstinencia, aunque los resultados no suelen buenos ni durar a largo plazo. Los grupos de Alcohólicos Anónimos pueden servir para que personas que ya han dejado el consumo ayuden a otras que tienen dificultades para hacerlo.
La recuperación de la adicción al alcohol requiere un tratamiento y seguimiento de evitación y un compromiso personal para evitarlo ya que las recaídas son muy frecuentes. No hay que olvidar que las adicciones están firmemente arraigadas en el sistema Inconsciente de la persona y activadas y mantenidas por el sistema Mental Negativo, por lo que las afirmaciones y compromisos del sistema Consciente pueden no llegar a conectar con el sistema Inconsciente, así que éste puede mantener la adicción a pesar de la persona haya decidido dejarla desde su sistema Consciente. La aceptación por parte de la persona de que tiene un importante problema es el primer paso esencial para iniciar la recuperación, pero también es necesario investigar las causas, los desencadenantes del consumo, para poner en marcha las herramientas necesarias de forma que no se llegue al momento de tomar alcohol.
Fig.3= Terapias de grupo.
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