El Romero
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EL ROMERO
El romero, Rosmarinus officinalis L. o Salvia Rosmarinus,
es uno de los arbustos aromáticos más emblemáticos de la cuenca mediterránea.
Su presencia atraviesa la historia humana desde la Antigüedad, tanto en la
cocina como en la medicina tradicional, la perfumería, la religión y la
simbología popular. Pocas plantas combinan de forma tan equilibrada la utilidad
culinaria, el valor ornamental, la facilidad de cultivo y un perfil fitoquímico
de gran interés científico. El nombre Rosmarinus procede del latín “ros
marinus”, literalmente “rocío del mar”, en alusión a su capacidad de crecer en
acantilados cercanos a la costa, donde parece nutrirse de la humedad marina. También
podría ser una adaptación de voces griegas, rhōps como “arbusto” y myrínos
como “aromático”, es decir, “arbusto aromático”. El epíteto officinalis indica
que la planta se vendía tradicionalmente en las boticas u “oficinas de
farmacia”, reconociendo así su larga historia como remedio medicinal.
Su uso se remonta a más de dos mil años, pues ya los griegos y
romanos lo empleaban en rituales religiosos, coronas nupciales y ceremonias
fúnebres, asociándolo a la memoria y la fidelidad. En la Edad Media se le
atribuían propiedades protectoras, pues se quemaba para purificar el aire de las
casas y se creía que impedía la propagación de enfermedades respiratorias e
infecciosas y ahuyentaba a los malos espíritus. También existen tradiciones
populares que vinculan el romero con el amor y la fortuna; se dice que en la
Edad Media se cultivaban macetas de romero bautizadas con el nombre de posibles
pretendientes, y que la planta que creciera más fuerte señalaba al mejor
candidato. Estas leyendas reflejan el papel del romero como planta cargada de
simbolismo en la cultura mediterránea.
Fig. 1: La planta del romero.
El romero es un arbusto muy
ramificado desde la base, de tallos jóvenes que, con el tiempo, se vuelven
leñosos, rojizos y de corteza quebradiza. Su aspecto puede ser erguido,
semipostrado o rastrero según la variedad. Las hojas son lineales, estrechas, resistentes
y muy aromáticas, de color verde brillante en el haz y blanquecinas en el envés, y sobre su superficie se distribuyen pequeñas glándulas
que almacenan el aceite esencial responsable de su intenso aroma. Las flores
son pequeñas y de color azul pálido, o con tonos blancos, rosados o azul
intenso. El fruto es un conjunto de cuatro pequeñas nuececillas que se forma
tras la fecundación de la flor. La reproducción por semilla es posible, aunque
en la práctica hortícola se prefiere la propagación vegetativa por esquejes,
mucho más rápida y fiable. Crece de forma espontánea en laderas soleadas, zonas
de matorral mediterráneo, acantilados costeros y suelos calcáreos, desde el
nivel del mar hasta zonas de media montaña. Es característico del bosque mediterráneo
y convive con tomillos, lavandas y otras aromáticas propias de climas secos.
El interés medicinal y
culinario del romero se debe, en gran medida, a su riqueza en aceites
esenciales y compuestos fenólicos. Entre sus principales metabolitos
secundarios se encuentran el ácido carnósico y carnosol, que son potentes
antioxidantes naturales; el ácido rosmarínico, compuesto fenólico con actividad
antiinflamatoria y antioxidante; el alcanfor, canfeno, 1,8-cineol o eucaliptol
es responsable del característico aroma alcanforado; flavonoides y ácidos
fenólicos, con acción tónica sobre el sistema nervioso y circulatorio; terpenos
como el pineno y el borneol, presentes en el aceite esencial. Gracias a su
potente capacidad antioxidante, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria
(EFSA) ha aprobado el uso de extractos de romero como aditivo alimentario
antioxidante natural, registrado con el código E-392, empleado como alternativa
a los antioxidantes sintéticos en alimentos procesados.
La Medicina tradicional ha
atribuido al romero un amplio abanico de propiedades terapéuticas, muchas de
las cuales cuentan hoy con respaldo de estudios de laboratorio. Se emplea
tradicionalmente para estimular el apetito, favorece la digestión, reduce
flatulencias y ayuda a la expulsión de gases; también se le atribuye un efecto
protector y regenerador sobre el hígado y la vesícula biliar. Los antioxidantes
del romero podrían tener actividad frente a algunas líneas celulares de cáncer
de colon, mama, estómago, pulmón y piel. Es un estimulante de la circulación
sanguínea y sirve de ayuda en casos de hipotensión, fatiga o estrés, gracias a
su efecto tónico sobre el sistema nervioso y cardiovascular. Aplicado
externamente en forma de aceite o alcohol de romero, se utiliza como remedio
tradicional frente a dolores reumáticos, neuralgias y molestias musculares. El
alcohol de romero se emplea de forma popular para fortalecer el cabello,
combatir la caspa y estimular el cuero cabelludo, a menudo combinado con ortiga
o centella asiática. Sobre heridas leves, se ha usado tradicionalmente como
antiséptico. El consumo habitual de infusión de romero se asocia, en la Medicina popular, a la regulación de los niveles de glucosa en sangre y a la
eliminación de toxinas a través del hígado.
Fig. 2: Algunos usos del romero.
En la cocina mediterránea, el romero es una de las hierbas aromáticas más utilizadas. Su sabor intenso, resinoso y ligeramente picante combina especialmente bien con carnes asadas, guisos, patatas, legumbres, panes y aceites aromatizados. Se añade a carnes y asados como el cordero, cerdo, pollo y caza, tanto fresco como seco. Se preparan con él aceites y vinagres aromatizados, metiendo ramitas enteras en aceite de oliva o vinagre y dejándolo macerar durante unas semanas. En panadería se preparan focaccias o panes aplanados italianos, panes rústicos y galletas saladas. En infusión se ponen las hojas secas o frescas en agua caliente, solas o combinadas con otras plantas, se hierven durante unos diez minutos, y se puede consumir caliente o fría. Para la conservación de alimentos, por su acción antioxidante y antimicrobiana natural, se usa en recubrimientos comestibles y para prolongar la vida útil de frutas y verduras.
El romero es una planta aromática de uso doméstico con una historia milenaria, un papel destacado en la gastronomía mediterránea y un perfil fitoquímico que sigue siendo objeto de investigación científica activa por sus posibles beneficios antioxidantes, antiinflamatorios y digestivos. Su cultivo es sencillo, su resistencia a la sequía y su fácil mantenimiento la convierten en una planta ideal tanto para jardines como para huertos urbanos y macetas. Ha sido utilizado de forma milenaria a lo largo de la historia de la humanidad como especia, como planta ornamental, como desinfectante, como antiinflamatorio y formando parte de rituales y celebraciones. Una planta muy cercana a la cultura mediterránea.
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