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La Complementación entre el Padre y la Hija - UNA VIDA INTEGRAL

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La Complementación entre el Padre y la Hija

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- LAS LEYES GENEALÓGICAS: LA AFINIDAD Y LA COMPLEMENTACIÓN POR SEXO -

LA COMPLEMENTACIÓN ENTRE EL PADRE Y LA HIJA


Siguiendo la Ley Genealógica de la Complementación entre el hombre y la mujer como parte del binomio de la especie humana, las relaciones entre miembros de la familia se rigen por esta ley y por otras leyes genealógicas como la Ley del Orden de Llegada de los hijos a la familia, la del Sexo de los Hijos, la de la Herencia en Tercera Generación o la de la Tendencia Par o Impar. En los casos en que los miembros son de diferentes generaciones, como padres e hijos o abuelos y nietos, esta ley tiene connotaciones especiales e inevitablemente se ve condicionada por las otras, de manera que resulta complicado saber qué variables van a predominar sobre las otras en los diferentes momentos de la relación entre familiares a lo largo de sus vidas.

Es evidente que las diferencias de todo tipo que hay entre hombres y mujeres, pero especialmente las físicas, mentales y emocionales, hacen que la relación entre los miembros de diferente sexo y de una generación distinta sea más complicada que la de los de la misma. Aquí cuentan las diferencias en las estructuras cerebrales, las diferencias hormonales y los diferentes roles que se van les adjudicando a los hijos según van llegando a la familia y ocupando sus espacios en ella. Es también muy importante resaltar que, si ha habido algunos hijos que ya han ocupado un lugar previamente, los siguientes tienen que encontrar el suyo sin incomodar al resto de los hermanos.

Fig.1= Padre e hijas.
 

En el caso de la relación del padre con sus hijas, va a ser muy importante en lugar que ocupen en el orden de llegada a la familia y será muy diferente que la hija ocupe el lugar 1, el 2, el 3, el 4 o el 5 etc., ya que las que estén colocadas en los lugares impares podrán recibir una especial atención por parte del padre mientras que las que estén colocadas en los lugares pares tendrán una menor posibilidad de acaparar su atención. A esto hay que añadirle que, por el instinto de supervivencia que ha marcado a la especie humana desde su inicio, la tendencia inconsciente biológica y genealógica del padre es a dedicar más tiempo y atención a los hijos varones y a que le cueste más esfuerzo establecer vínculos equilibrados con sus hijas.

Si la hija está en el primer lugar, es muy probable que el padre tenga dificultad inicial para hacer el vínculo de unión con su hija, y que sea la madre la que lo establezca en un principio en la etapa de bebé, pero posteriormente esta hija intentará que el padre se vincule con ella y es muy probable que lo consiga en la época infantil y preadolescente, pero cuando llegue a la adolescencia será inevitable que haya un distanciamiento entre ambos. Con la llegada a la etapa de la juventud, seguramente esta hija imitará muchos de los componentes del padre como sus costumbres, sus formas de actuar o su profesión, aunque dedicará gran parte de su tiempo a intentar fiscalizar a su padre, con el objetivo de que sea mejor padre de lo que es, lo que los puede llevar a ambos a tener constantes conflictos a lo largo de la vida. A esta hija le toca heredar la forma de ser y la personalidad de la abuela paterna y si el padre ha tenido una buena relación con su madre, será un punto a favor para esta hija, aunque, si no ha sido así, añadirá motivos de conflicto entre ellos. Si reconocen sus diferencias y se respetan pueden encontrar los lugares para complementarse y tener una buena relación.

Cuando la hija está en el segundo lugar, se puede dar la situación de que el padre tenga a un hijo varón en el primer lugar y haya dedicado la mayor parte de su atención a este hijo, por lo que la conexión con la segunda hija será habitualmente menos intensa que con su primer hijo. Esta segunda hija tendrá la tendencia a coger influencia del lado de la madre y a heredar de la abuela materna, por lo que puede coger como influencia los conflictos que el padre haya tenido con su suegra. Si hay una hija en el primer lugar, normalmente el reparto de papeles será el de la mayor con el padre y la menor con la madre, lo que reforzará el vínculo del padre con su primera hija en detrimento de la segunda. Si la primera hija mantiene el conflicto con el padre, puede que la segunda acuda a apoyarle cuando le vea en una mala situación con su hermana. La complementación del padre con su segunda hija puede ser más importante si tiene un primer hijo varón y la relación entre el padre y la madre se mantiene buena a lo largo del tiempo; en este caso, esta hija puede ocupar más cercano cuando el padre sea mayor y necesite cuidados.

Fig.2= Algunos ejemplos del esquema de la relación del padre con sus hijas.
 

La tercera hija vuelve a tener una conexión especial con el padre, especialmente si la primera no ha sido una chica, y es muy probable que en este caso se establezca un vínculo muy importante entre los dos, sobre todo si el padre ha tenido un buen vínculo con su madre, ya que fácilmente trasladará su buena relación a esta tercera hija. Si la primera ha sido una chica y la relación es muy conflictiva con ella, es muy probable que el padre busque subsanar los conflictos de interacción que haya tenido con la primera y tratar de establecer una mejor relación con la tercera. Si no hay más hijos, la tercera también va a recibir influencia por parte de la madre y eso puede ir en detrimento de la relación con el padre, aunque cuando el padre sea ya mayor, puede que sea ésta la que tenga preferencia a atender sus necesidades. La complementación con esta hija va a depender de si el padre ha establecido buenos vínculos con los hijos anteriores y del lugar que le haya asignado a la tercera.

Si hay más hijas, lo normal es que el padre preste más atención a las que estén en lugares impares, pero cuando a las familias son muy grandes, es mucho más difícil saber cómo se va a dar la relación entre el padre y las hijas ya que influyen muchas más variables. Como norma general, el padre prestará más atención a la primera y a la tercera y menor a la segunda y la cuarta, por lo que le resultará más difícil complementarse con éstas y mejor con las primeras y las herencias de personalidad que provienen de las abuelas en tercera generación pueden hacer que la complementación sea muy fácil o muy difícil.

La complementación entre el padre y las hijas necesita que el primero entienda la diferente biología y fisiología de ellas, y que las respete y las acepte cuando no pueda entenderlas o ponerse en su lugar si surgen conflictos o diferencias con ellas. Este padre debe entender los cambios hormonales, emocionales y de ánimo que van a ocurrirle a su hija a lo largo de su etapa fértil y debe tratar de estar a su lado, acompañarla y apoyarla a pesar de que a veces le cueste entenderla. El padre debe aceptar que su privilegiada posición de poder en la familia no supone que deba establecer relaciones de dominio con ellas sino de complementación.

Fig.3= La relación del padre con el yerno.
 
Las hijas, por su parte, van a tardar un tiempo en llegar a adultas y conseguir en ponerse en el lugar de su padre de forma que les ayude a poder complementarse con él y llevar una buena relación a lo largo de la vida, por lo que es probable que en la primera década de la hija la relación sea más fácil y en la segunda y tercera haya una mayor dificultad para la complementación, especialmente en la adolescencia y en la primera juventud, pero una vez que lleguen a la madurez, será más fácil que entiendan las diferencias entre ellas y su padre para que puedan tener una buena forma de interaccionar con él en adelante.

En el momento de que las hijas lleguen a la edad de buscar pareja, su Sistema Inconsciente utilizará la estrategia de tratar de encontrar a alguien que se parezca mucho a su padre si ha tenido una buena relación con él, o la contraria, a alguien que no se le parezca en el caso en el que la relación haya sido conflictiva. El padre debe tener cuidado con la forma de recibir y aceptar a la pareja de su hija, aunque le cueste al principio, porque la hija valorará mucho el tipo de reacción que tenga el padre con la persona que trae a la familia, aunque la hija puede utilizar la estrategia de traer a una persona problemática para generar conflicto con el padre si su relación ha sido mala previamente.








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