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Adicción a Fármacos Ansiolíticos e Hipnóticos - UNA VIDA INTEGRAL

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Adicción a Fármacos Ansiolíticos e Hipnóticos

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LA ADICCIÓN A FÁRMACOS ANSIOLÍTICOS E HIPNÓTICOS


La adicción a fármacos ansiolíticos e hipnóticos, principalmente las benzodiacepinas, representa cada vez más un importante problema de salud que está creciendo en todo el mundo, especialmente en los países más desarrollados. Los ansiolíticos son medicamentos que se usan para intentar reducir la ansiedad y los hipnóticos para tratar el insomnio. Estos medicamentos, que actúan disminuyendo la actividad del sistema nervioso central y modificando la actividad del neurotransmisor GABA o ácido gamma-aminobutírico, generan una gran dependencia física y psicológica, incluso cuando se utilizan según las adecuadas indicaciones médicas. Tienen principalmente un efecto sedante, ansiolítico, relajante muscular y anticonvulsivante, pero no hay que olvidar que su efecto es solo de bloqueo temporal, nunca curativo, y que la ansiedad es una emoción que proviene del miedo y del desplazamiento de la persona hacia las necesidades y problemas de los demás.

En 1955, un investigador químico de una multinacional farmacéutica sintetizó accidentalmente el primer fármaco benzodiazepínico: el clordiazepóxido, conocido comercialmente como Librium, que fue comercializado en 1960. Tres años después, la misma empresa introdujo el diazepam, conocido comercialmente como Valium, que se convirtió en uno de los medicamentos más prescritos en el mundo y en 1977 las benzodiazepinas ocupaban el primer lugar en la lista de medicamentos más recetados a nivel mundial.​ A partir de los años setenta, comenzaron a conocerse casos de dependencia, aislamiento social y síntomas de abstinencia intensos, lo que llevó a un cambio en la percepción pública y clínica de los beneficios y efectos indeseables del uso de estos medicamentos.​

Fig.1= Personas con ansiedad.
 

Diversos factores predisponen a los individuos a desarrollar dependencia de ansiolíticos e hipnóticos. Hay factores genéticos en el 40-50% de las adiciones y otros factores de riesgo son ser de raza blanca, ser mujer, uso de benzodiazepinas de corta duración, uso de más de 4-6 semanas, nerviosismo, individuos con síntomas de miedo crónico o pánico, personalidades dependientes, estrés agudo o crónico, personas con enfermedades psiquiátricas, personas desempleadas, personas con antecedentes de abuso o dependencia del alcohol, fumadores activos, personas con historia de consumo de drogas ilegales, individuos con antecedentes de consumo intravenoso de drogas.

Las benzodiazepinas se clasifican principalmente por el tiempo de duración de su acción. Están las de corta duración como el Alprazolam, el Lorazepam o el Triazolam. Las benzodiazepinas de duración intermedia como el Clonazepam o el Oxazepam. Y, finalmente, las benzodiazepinas de larga duración como el Clordiazepóxido, el Clonazepam, el Diazepam, el Flurazepam o el Quazepam. Las de corta duración se utilizan para episodios puntuales de ansiedad, pero generan una tendencia a la adicción mucho más rápida. Las de duración intermedia y las de larga duración se suelen utilizar para trastornos crónicos de ansiedad y para las personas que sufren el insomnio crónico.

También están los fármacos Z o hipnóticos no benzodiazepínicos, como el Zaleplon, el Zolpidem o el Zopiclone, que fueron inicialmente comercializados como alternativas más seguras y menos adictivas a las benzodiazepinas, pero cada vez hay más evidencia que demuestra que también generan dependencia. El Zolpidem y el Zopliclone están más frecuentemente implicados en el abuso o el mal uso y con importantes síntomas de abstinencia. Si se usa el Zopiclone en dosis superiores a las indicadas clínicamente puede intensificar los síntomas de ansiedad.

Fig.2= Personas con insomnio.
 

Los barbitúricos fueron los primeros fármacos sedantes sintéticos que se utilizaron hace ya casi un siglo. Tienen un alto potencial de adicción y unos síntomas de abstinencia muy fuertes, además de que la diferencia entre dosis efectiva y la dosis letal es pequeña, por lo que es difícil acertar con la dosis adecuada para cada paciente. Actualmente son poco prescritos debido a estos riesgos y han sido progresivamente sustituidos por las benzodiacepinas y los fármacos Z.

La dependencia física a benzodiazepinas se desarrolla rápidamente, incluso a los pocos días del inicio del consumo, a causa de los cambios bioquímicos que se producen en las células nerviosas y en los neurotransmisores que generan, como la serotonina, dopamina, los sistemas colinérgicos y los neuroesteroides​. Cuando se suspende el fármaco, los neurotransmisores dejan de estar inhibidos y provocan una gran sobreactivación del sistema nervioso. Los síntomas y signos de la dependencia y la abstinencia son el deseo compulsivo de seguir tomándolos a pesar de conocer sus efectos secundarios perjudiciales, el aumento progresivo de la dosis para lograr el efecto inicial, la pérdida de control de la conducta y de la inhibición, dificultad para mantener la atención, deterioro del aprendizaje verbal y de la memoria episódica, pérdida de habilidades motoras, reducción de la velocidad de procesamiento, alteración  y sensorial y fallos en la coordinación motora y en en la capacidad de razonamiento.

El síndrome de abstinencia de las benzodiazepinas es muy intenso y frecuente, con síntomas como ansiedad intensa y más severa que antes del consumo, insomnio, agitación, temblores, náuseas, vómitos, alteración sensorial, agitación, convulsiones, paranoia, alucinaciones, falta de coordinación, inquietud, dolor abdominal, pérdida de memoria a corto plazo, arritmias, palpitaciones, sudoración, presión arterial alta, mareos, visión borrosa, fatiga, espasmos y calambres musculares, confusión mental, dificultad para la concentración, irritabilidad, cambios drásticos de humor, dificultad para sentir placer, pánico, depresión, falta de motivación y sensación de desconexión de la realidad​. El síndrome de abstinencia físico suele durar unas 3 semanas, aunque en algunas personas llega a alargarse hasta 3-6 meses, pero el psicológico puede mantenerse de por vida.

Fig.3= Personas consumiendo fármacos ansiolíticos e hipnóticos.
 

Las benzodiazepinas representan entre el 6% y el 17% de todas las muertes por sobredosis de fármacos, con una edad media de 43 años, y el porcentaje sigue en aumento. La tasa de visitas a una consulta médica externa en las que se prescriben benzodiazepinas puede llegar a ser del 27%. Las mujeres, especialmente las mayores de 65 años, presentan tasas más elevadas de prescripción, que puede ser de un 62% de recetas en algunas zonas.​ El Diazepam es el fármaco del que más se abusa, seguido por el Alprazolam y el Lorazepam, sin embargo, el Alprazolam y el Clonazepam generan la mayor afluencia de visitas a servicios de urgencia por abuso de fármacos. El Clonazepam tiene la tasa más alta de efectos adversos y un síndrome de abstinencia más importante.​

La combinación de benzodiazepinas con opioides es particularmente peligrosa ya que se asocia con mayor tasa de muertes por sobredosis y el intento de suicidio, ya que reducen la capacidad respiratoria y generan inconsciencia, coma y muerte.​ El uso Benzodiazepinas junto con el consumo de alcohol aumenta los efectos de ambas sustancias, como somnolencia intensa, fatiga, dificultad para hablar o expresarse, falta de coordinación, dificultad para la concentración, pérdida de memoria, mareos, náuseas, alteración del juicio, depresión respiratoria, respiración lenta, accidentes, caídas, lesiones, coma e incluso la muerte. En los adultos mayores estos síntomas y riesgos se potencian mucho más.

El tratamiento de la dependencia a ansiolíticos e hipnóticos es complejo y requiere muchas veces de la acción de varios profesionales. Corresponde al médico evaluar la necesidad de hacer un tratamiento ansiolítico o hipnótico en una persona comparada con los efectos secundarios de indicarlo y de mantenerlo. El principio fundamental para la desintoxicación consiste en la retirada progresiva, aunque algunas personas prefieren la retirada brusca. Hay que personalizar los planes de retirada y ajustarlos según la evolución de cada paciente. La estrategia más habitual consiste en utilizar la misma dosis indicada pero a días alternos durante una semana y, si todo va bien, la siguiente semana se pasa a consumir 1 día sí y 2 no; si todo sigue bien se pasa la siguiente semana a 1 día sí y 3 no y, si todo continúa bien, la próxima semana a 1 día sí y 4 no, para finalmente retirarlas del todo. En caso de que el síndrome de abstinencia sea intenso se mantiene la dosis en la que se estaba durante otra semana más. No se recomienda hacer la retirada sin la supervisión de un médico.

Fig.4= Técnicas de relajación, deporte y uso de plantas medicinales.
 

Otra estrategia consiste en reducir la dosis de consumo actual a la mitad durante 1, 2 o 3 semanas y después volver a reducir la dosis a la mitad hasta la retirada final. En muchos casos, el proceso de desintoxicación puede llevar de 3 semanas a unos meses, especialmente si los pacientes han tomado dosis altas durante largos períodos de tiempo.​ Es muy recomendable utilizar plantas medicinales con efecto sedante como la valeriana, la pasiflora, la melisa, el azahar o la tila, pautadas por un profesional a las dosis adecuadas que permitan reducir los síndromes de abstinencia durante el periodo de retirada. También se recomienda hacer una actividad física adecuada, aprender técnicas de relajación y de gestión del estrés y reducir en la medida de lo posible los factores que han provocado la ansiedad o el insomnio. Hay que reeducar al sistema nervioso para que funcione de manera natural en lugar de inducirle falsos estados de bienestar con sustancias químicas.

En conclusión, hay que evitar indicar a las personas el consumo de ansiolíticos e hipnóticos excepto cuando sean absolutamente necesarios y teniendo en cuenta a las principales poblaciones de riesgo de adicción como son las mujeres, los adultos mayores y las personas con antecedentes de abuso de sustancias, con el objetivo principal de retirarlos lo antes posible. Si se hace un adecuado estudio emocional y del entorno social de la persona es muy probable que se resuelva su problema sin tener que acudir al consumo de ansiolíticos o de hipnóticos.














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