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Los Hijos Criados en Comunidades - UNA VIDA INTEGRAL

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Los Hijos Criados en Comunidades

GENEALOGIA HUMANA > SITUACIONES GENEALÓGICAS ESPECIALES
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LOS HIJOS CRIADOS EN COMUNIDADES


La crianza de niños fuera del modelo de familia nuclear clásica, realizada en kibutz, comunas, comunidades intencionales, órdenes religiosas comunitarias, grupos de alta demanda o sectas, constituye uno de los grandes experimentos para comprender qué aspectos del desarrollo infantil dependen estrictamente de la familia biológica y cuáles se obtienen en redes de cuidado más amplias. En estos casos no existe solamente la herencia biológica o el contacto directo con su familia, sino que intervienen múltiples adultos en la formación del carácter y la personalidad de los niños, como son los padres biológicos, cuidadores profesionales, los “tíos” comunitarios, los líderes y otros, que pueden ejercer influencias directas sobre la identidad adulta. No existe un efecto único ni uniforme de “la crianza comunal”, ya que los resultados dependen del tipo de comunidad en la que se crían, del grado de relación que se mantiene con los padres y otros familiares biológicos, del nivel de control ideológico que se ejerce sobre las familias y de la posibilidad real de que los miembros puedan entrar y salir del grupo libremente.

Se considera que el niño desarrolla un vínculo primario instintivo, normalmente con la madre, que sirve como base segura de supervivencia y desde la que explorar el mundo. Sin embargo, se ha comprobado que los niños pueden desarrollar vínculos afectivos con múltiples cuidadores simultáneamente, organizados en una jerarquía de figuras de referencia, por lo que la existencia de varios cuidadores no es, en sí misma, negativa y lo que resulta determinante es la calidad, la constancia y la sensibilidad de esas relaciones, no su número. Desde su origen prehistórico, la especie humana ha funcionado como una criadora cooperativa tribal, de forma que, sin el cuidado infantil por parte de personas distintas de los progenitores biológicos, como abuelas, hermanos mayores o miembros del grupo no emparentados directamente, la especie humana difícilmente habría sobrevivido. Estudios realizados en tribus, comunidades indígenas y en sociedades de cazadores-recolectores, muestran que los niños criados dentro de redes amplias de cuidadores comprometidos suelen presentar buenos indicadores de supervivencia, maduración social y desarrollo cognitivo. En estos casos, la relación con otros miembros no compite con el vínculo de los padres biológicos, sino que lo complementa.

Fig.1= Comunidades tribales.
 

Los estudios del desarrollo de la identidad, la personalidad y el carácter dicen que el ser humano construye su sentido del yo a través de un proceso biográfico coherente que enlaza su pasado, presente y futuro, y que incluye el conocimiento del propio origen familiar. Cuando una comunidad diluye la estrecha relación entre padres e hijos, sustituye la autoridad parental por una figura colectiva o líder o dificulta el acceso del niño a su historia y relación familiar, se altera su proceso de formación de la identidad. Esta interferencia es mínima en comunidades transparentes y con alta continuidad familiar, y máxima en grupos que buscan sustituir el vínculo familiar por la lealtad al grupo o al lider.

Los kibutz de Israel constituyen, desde el punto de vista científico, el experimento más estudiado sobre la crianza comunal, porque hay décadas de seguimiento, muchas personas estudiadas y una variabilidad interna dentro del grupo. El 80 % de los niños que dormían en casa con sus padres mostraron un afecto importante hacia la madre, frente a solo el 48 % de los que dormían en grupo comunal y estos desarrollaban un apego ambivalente, inseguro y desorganizado. La conclusión es que no es la pluralidad de cuidadores lo que erosiona las relaciones de afecto, sino una duradera separación nocturna con los padres o familiares directos de los niños. La crianza comunal no afecta de forma igual a todos los niños, sino que actúa como un factor adicional que puede mejorar o empeorar el proceso de la formación de la personalidad, según las circunstancias vividas en el grupo.

A diferencia de los kibutz, las comunas, de las cuales Twin Oaks, fundada en 1967, es el ejemplo más longevo y documentado en Norteamérica, no suelen separar a los niños de sus padres biológicos. El modelo dominante es el de “crianza compartida”, los padres conviven a diario con sus hijos, pero el cuidado, la vigilancia y el juego se reparten ampliamente entre todos los adultos de la comunidad, incluidos quienes no tienen hijos propios, no hay una figura colectiva o un líder que sustituya el vínculo con los padres y la pertenencia a la comunidad es voluntaria y reversible. Adultos que crecieron en Twin Oaks tienen rasgos de carácter asociados a su experiencia, con facilidad para relacionarse con personas muy distintas entre sí, disposición a compartir recursos materiales, comodidad viviendo con pocos bienes personales, sensación general de seguridad y confianza interpersonal, y un ritmo de vida percibido como más pausado que el del entorno exterior.

Fig.2= Niños criados en comunidades.
 


Existen también los grupos de culto, religiosos, espirituales, de alta demanda a sus miembros y las sectas, en los que la vivencia en comunidad no es un valor igualitario sino un instrumento de control. El mecanismo psicológico central es la sustitución progresiva del vínculo de afecto entre padres e hijos por uno dirigido hacia el líder o hacia el colectivo. Al diluir la autoridad de los padres biológicos y elevar al líder como figura de referencia emocional, el grupo genera en el niño una dependencia tal que su seguridad y su identidad quedan ligadas a la aprobación del colectivo, no a una relación paternofilial estable. El niño crece en un estado de hipervigilancia permanente, aprende a vigilar constantemente las señales del entorno para anticipar la aprobación o el castigo, lo que en la vida adulta se traduce en dificultades para regular la ansiedad, tendencia a la autovigilancia excesiva y una sensación crónica de inseguridad, sentimientos de indefensión, vergüenza, culpa, sensación de mancha o estigma, y una vivencia de diferencia radical respecto al resto de la sociedad. Con frecuencia se prohíbe el contacto con parientes biológicos externos al grupo.

En cuanto a los factores genealógicos inconscientes de un niño en la crianza en comunidad, hay que resaltar que a lo largo de milenios los humanos se han criado en grupos tribales en los que había una relación con los familiares directos y a la vez otra con los miembros del grupo tribal, por lo que la crianza en comunidad no genera intranquilidad ni desequilibrio en el sistema inconsciente. Sin embargo la estructura genealógica de lazos de sangre suele llevar a los niños a tratar de buscar referentes en sus cuidadores más cercanos y la familia directa, es decir, los padres, abuelos, hermanos, tíos y primos, y a partir de ahí intentan elegir los modelos que le puedan ser más ventajosos para el desarrollo de su carácter y su personalidad. Si hay referentes familiares previos a la vida en comunidad el niño suele intentar mantener su relación afectiva con sus abuelos o tíos, pero si la vivencia comunal ha sido desde la época de bebé, esa relación puede que se pierda definitivamente.

Se puede concluir, por lo tanto, que la crianza comunal no va en contra del proceso de formación de la personalidad y de la identidad de los niños, pero depende del entorno comunal en el que crecen y si se mantienen en el tiempo los lazos de relación entre padres y familiares y los niños, es más probable que este proceso de formación de la personalidad sea más adecuado y equilibrado. Las influencias y condicionantes expresados en las Leyes Genealógicas se van a mantener igual que en los niños criados en familias, solo que es muy probable que estos niños tengan mayor capacidad de elegir otros referentes para formar su personalidad distintos de los padres o los abuelos biológicos. Lo importante no es cuántas personas se ocupan de la formación y educación de los niños sino si este proceso de influencia es equilibrado, de manera que el niño pueda pasar su fase de infancia y adolescencia de una manera adecuada que le permita llegar a ser un adulto sano.








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