El Hijo del Padre y de su Hija
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EL HIJO DEL PADRE Y DE SU HIJA
Desde los
orígenes de la humanidad en la prehistoria y en la mayor parte de la historia, e
incluso en la actualidad, las relaciones sexuales entre familiares cercanos han
sido muy frecuentes, en parte por la endogamia de poblaciones aisladas de otros
grupos y en parte por el impulso sexual entre personas de la misma familia. Durante
la mayor parte del tiempo no existió una valoración negativa hacia estas
relaciones, ya que la reproducción era muy necesaria en las poblaciones de la
prehistoria y de la historia. Es recientemente, cuando la supervivencia de la
especie está bastante asegurada, cuando han aparecido consideraciones morales, legales y
éticas sobre si es correcto o no que dos personas de la misma familia tengan
relaciones sexuales, lo que se denomina incesto, y puedan surgir hijos de esas
relaciones. Esto, que es más frecuente que se dé entre primos, resulta de una
gran dificultad aceptarlo cuando las relaciones se hacen entre padres e hijos,
entre hermanos, abuelos y nietos o tíos y sobrinos, tanto si estas relaciones son consentidas o no. Es un poco diferente si la relación se da cuando las personas ya son adultas.
Una relación sexual entre un
padre y su hija es considerada inadecuada o ilegal en prácticamente todos los países
y culturas actuales del mundo, siendo catalogada como una forma de abuso o de
violencia sexual intrafamiliar. Esto es por el poder, la autoridad y la dependencia
emocional y económica que suele tener un padre sobre sus hijos, lo que dificulta el
poder hablar de consentimiento libre en esta relación. Por eso, cualquier
estudio genealógico sobre la descendencia de una unión entre el padre y su hija
debe abordarse como el análisis de una "relación familiar atípica".
En estos casos hay que tener en cuenta la influencia genética derivada del
grado de consanguinidad entre los padre e hija, las complejas influencias
genealógicas sobre los hijos, y la influencia psicológica y social derivada del
contexto familiar y social en el que ese hijo o hija vive y crece, con todos los
posicionamientos y actitudes de las personas con las que se relacionan.
Fig.1= Relación cercana entre el padre y su hija, de aceptación
o de rechazo.
La influencia psicológica sobre
la personalidad y la formación del carácter de un hijo nacido de esta relación surge
de la situación familiar y social en la que está el niño, ya que la situación
puede ser considerada normal o aceptable entre ciertos grupos sociales y
totalmente rechazable en otros. El embarazo derivado de un abuso sexual o como
consecuencia de una relación sexual no consentida suele cursar con niveles
elevados de estrés, ansiedad y, con frecuencia, rechazo o ambivalencia hacia la
gestación por parte de la madre. Existe evidencia en psicología perinatal de
que el estrés materno intenso y sostenido durante el embarazo puede influir en
las funciones fisiológicas del feto y en su posterior reactividad emocional,
aunque estos efectos son inespecíficos y no exclusivos de este tipo de
situaciones. Sin embargo, cuando la
relación ha sido aceptada o consentida por parte de la hija, el embarazo puede
ser absolutamente normal, siempre y cuando no haya un rechazo familiar a la
situación.
El tipo de vínculo emocional
que un niño desarrolla con su cuidador principal es uno factores de predicción más
robustos del desarrollo de su personalidad. Cuando la madre ha sufrido abuso
sexual y se encuentra viviendo el sufrimiento que esto conlleva, su
disponibilidad emocional para mantener un vínculo afectivo adecuado con su hijo
puede verse afectada, lo que incrementa el riesgo de patrones emocionales de inseguridad,
miedo o ansiedad en el niño, pero dependerá del apoyo y aceptación que la madre
reciba y de la calidad de cuidado que el entorno familiar y social pueda
ofrecer. Si la relación ha sido
consentida y aceptada, el proceso de formación de la personalidad en el hijo
puede evolucionar de manera bastante normal, a no ser que haya una negativa presión
familiar y social que altere el proceso de crianza, pero suele ser en el
periodo de la adolescencia cuando surgen todos los procesos y conflictos que no se han resuelto
anteriormente.
A medida que el niño crece, la
comprensión de su propio árbol genealógico, en el que la misma persona es su
madre y su hermana respecto a él, y el padre es a la vez su padre y su abuelo,
puede generar una experiencia de confusión de roles e identidad familiar
difícil de procesar. La psicología del trauma familiar describe que este tipo
de estructuras relacionales atípicas pueden asociarse a sentimientos de
extrañeza, vergüenza o culpa desproporcionada, especialmente si el origen de la
situación se mantiene en secreto y se descubre más adelante en la vida. El
secretismo que habitualmente rodea a estas situaciones, motivado por la
vergüenza familiar o el temor a consecuencias legales y sociales, es en sí
mismo un factor de riesgo psicológico. La investigación genealógica sobre
secretos familiares muestra que descubrir, en la adolescencia o la etapa adulta, el origen real de la propia estructura familiar puede provocar una crisis de
identidad significativa, sentimientos de traición o engaño y la necesidad de
reconstruir todo el proceso personal y familiar, lo que con frecuencia requiere
un apoyo terapéutico especializado.
Fig.2= El padre/abuelo con su hija/madre del niño, que es
hijo/hermano y nieto/hijo.
Ninguno de los factores asociados
a esta situación determina de forma automática el desarrollo de la personalidad
del niño, ya que pueden surgir elementos protectores que puedan compensar en
gran medida su situación. Estos pueden ser la existencia de un entorno de
crianza estable, afectuoso y equilibrado; el acceso temprano a apoyo profesional
especializado si es necesario, tanto para el niño como para la madre; la evitación
de la estigmatización por parte del entorno social y escolar, y hacer una
narrativa adecuada y adaptada a la edad del niño sobre su origen que evite
tanto el secretismo destructivo como la revelación brusca de la información de forma que
pueda ser traumática. Las herencias
psicológicas y genealógicas pueden compensadas de forma importante en los casos
en los que estos elementos citados se hagan adecuadamente. Si la familia y el
entorno social no aporta estas compensaciones, lo más probable es que ese niño
acabe teniendo una adolescencia dura y una juventud problemática.
El árbol
genealógico que surge en esta situación es complejo dado que la misma persona
va a ocupar el lugar del padre y del abuelo, lo que provoca con frecuencia
redundancias en el caso de las influencias genealógicas y plantea dificultades
a la hora de ver cómo va a ser la aplicación de las Leyes Genealógicas en el
caso del niño. También hay una situación compleja en la forma como se va a
conformar la relación con la madre/hermana, ya que el hijo va a recibir
influencias de un lado o de otro de la familia según el sexo y el orden de
llegada. Si es un chico, sería el primogénito de la relación entre el padre y su
hija y la herencia vendría doblemente reforzada por parte de su padre, pero si
es una chica podría optar por coger la herencia se su lado materno. También
pueden surgir conflictos de trato entre el hijo y su hermana, que también es su
madre, en la relación con tengan con su padre y con la madre de la madre, la
abuela materna, que debe ejercer de abuela y también de segunda madre. Tampoco se puede excluir la situación en la que no solo hay un hijo sino que surgen dos más si la relación entre el padre y la hija continúa, lo que complica aún más la situación genealógica de cada uno.
Por lo
tanto, la descendencia de una relación incestuosa entre padre e hija se
enfrenta a vulnerabilidad personal, familiar y social, derivada del contexto de
un posible abuso sexual y de poder, del secretismo y de la confusión de los roles
familiares en el que habitualmente se desarrolla esta situación. La
personalidad y el carácter se construyen a lo largo de todo el desarrollo infantil,
adolescente y juvenil mediante la interacción entre la predisposición biológica
y la experiencia vivida, por lo que factores como la estabilidad afectiva, el
acceso a apoyo profesional y la ausencia de estigmatización, pueden atenuar de
forma sustancial los posibles riesgos descritos. Es necesario crear un entorno
de crianza seguro tanto para la madre/hermana como para el hijo/nieto, además
de ver la actitud hacia ambos del padre/abuelo y del resto de la familia.
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