Sobre la Adicción a Comportamientos
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SOBRE LA ADICCIÓN A COMPORTAMIENTOS
La adicción a comportamientos, o adicción conductual, es un trastorno del control de los actos en el que una persona realiza de forma compulsiva y repetitiva una conducta determinada, a pesar de las consecuencias negativas que le puede generar en su vida personal, laboral y social. A diferencia de las adicciones a sustancias, no existe una droga exógena que altere la química cerebral, sin embargo, los mecanismos neurobiológicos que la provocan son sorprendentemente similares. El reconocimiento de las adicciones conductuales se ha visto reflejado en el Manual Diagnóstico de los Trastornos Mentales (DSM-5) al incorporar el juego patológico y otras adicciones a comportamientos en la categoría de trastornos adictivos. Se estima que entre el 1 % y el 3 % de la población mundial experimenta algún tipo de adicción conductual en algún momento de su vida, cifra que sigue creciendo de manera sostenida con la llegada y la expansión universal del mundo digital e informático.
Las adicciones a comportamientos tienen, como las adicciones a sustancias, un conjunto de características fundamentales que permiten su identificación clínica. En este tipo de adicción hay seis componentes: el deseo dominante, la modificación del estado de ánimo, la tolerancia, la abstinencia, el conflicto y la recaída. El Deseo Dominante hace que la conducta domine los pensamientos, sentimientos y comportamientos del individuo. La Modificación del estado de ánimo hace que la conducta produzca cambios en el estado emocional con euforia y sensación de alivio del estrés. La Tolerancia se produce cuando se requiere cada vez una mayor cantidad o intensidad de la conducta para obtener el mismo efecto. La Abstinencia se produce cuando al interrumpir la conducta adictiva aparecen estados emocionales negativos como irritabilidad, ansiedad o tristeza. El Conflicto surge cuando su adicción genera problemas personales, de relación, laborales o familiares. La Recaída es la tendencia a retomar el patrón de conducta adictiva después de tener períodos de abstinencia. El adicto a comportamientos, igual que el adicto a sustancias, busca huir de una realidad que no le gusta, que no le satisface o que no maneja bien, para tratar de encontrar una falsa compensación a su situación personal a través de las conductas adictivas.
Fig.1= Algunas conductas que generan adicción.
Se conocen muchas adicciones a conductas, como la adicción a la comida, al sexo, a la tecnología, al juego, a las compras, al trabajo, al deporte, al riesgo o a la estética. Cada una de ellas suele iniciarse sin tener una clara conciencia de que se está entrando en una adicción hasta que finalmente la persona se obsesiona con realizar esa actividad de manera predominante y dejando atrás las actividades personales familiares o sociales normales. Con la repetición de la conducta la persona encuentra inicialmente una sensación de placer y de conseguir objetivos como intentar relajarse u olvidarse de los problemas habituales, pero posteriormente el deseo de hacer la actividad se convierte en una adicción.
El núcleo central de la adicción conductual se basa en el sistema dopaminérgico de generación de la sensación placer o recompensa, que a través de la secreción de dopamina se genera un impulso que motiva la repetición de la conducta para obtener la misma sensación. Con el tiempo, la exposición repetida reduce la sensibilidad de los receptores dopaminérgicos, creando tolerancia. La corteza prefrontal es la responsable del control de los impulsos, la planificación y la toma de decisiones racionales, pero en las adicciones conductuales se produce una reducción de la actividad de esta corteza prefrontal y además hay una alteración en su relación con el sistema límbico. Esto se traduce en una menor capacidad para inhibir impulsos y una mayor tendencia a buscar las recompensas. La serotonina, el glutamato, las endorfinas y la noradrenalina están también implicadas en estos procesos.
La adicción a comportamientos es el resultado de una interacción compleja entre factores genéticos, psicológicos, personales y socioambientales. Entre los genéticos se considera que hay una tendencia familiar a desarrollar esta adicción. De los psicológicos y personales se destaca una alta impulsividad para obtener gratificaciones, la búsqueda de sensaciones nuevas e intensas, la baja tolerancia al malestar emocional, la presencia de depresión, ansiedad, nerviosismo o trastorno límite de personalidad, la historia previa de traumas en la infancia, la baja autoestima y la falta en habilidades para resolver conflictos. En los socioambientales está la exposición temprana a las conductas de riesgo, el entorno familiar con adicciones, la presión del grupo social, la normalización social de la conducta adictiva, la facilidad para realizarla, el estrés crónico, el desempleo, el aislamiento social y la publicidad agresiva de las empresas que sacan provecho de los adictos.
Fig.2= Las adicciones tienen consecuencias para los adictos.
Las consecuencias de estas adicciones son físicas, psicológicas y sociales. En las Físicas están los trastornos del sueño, la fatiga crónica, el sedentarismo, malnutrición, obesidad, lesiones musculoesqueléticas o el descuido de la salud. De las Psicológicas se destaca el deterioro de la autoestima, el inicio o agravamiento de la depresión y la ansiedad, la ilusión de control, el pensamiento mágico, dificultad de concentración, disminución del rendimiento o ideación suicida en casos graves. En las Sociales está el deterioro o ruptura de relaciones familiares y de pareja, el aislamiento social, la pérdida de red social de apoyo, los problemas laborales como absentismo, bajo rendimiento o despidos, el fracaso en los estudios, las dificultades económicas y los problemas legales derivados de las conductas para pagar su adicción.
El tratamiento de la adicción a comportamientos requiere una acción coordinada de varios profesionales, debe ser individualizado y no existe un enfoque único válido para todos los tipos de adicción ni para todos los pacientes. El tratamiento psicológico puede ser con terapia Cognitivo-Conductual, con terapia dinámica, con entrevista motivacional, terapia de Aceptación y Compromiso, grupos de autoayuda y programas de actuación personal y grupal, como el de Jugadores Anónimos. No existe ningún tratamiento farmacológico aprobado específicamente para las adicciones a comportamientos, pero algunos fármacos se utilizan para paliar los síntomas acompañantes.
La Prevención Primaria busca evitar que la adicción se desarrolle mediante la formación desde la infancia en resolución de problemas, la regulación emocional, la restricción de la publicidad de juegos de azar, los controles de acceso a locales y los sistemas de exclusión y autoexclusión en plataformas de juego. La Prevención Secundaria está dirigida a la detección temprana de posibles adictos en los grupos de riesgo en el entorno escolar, sanitario y laboral. La Prevención Terciaria está orientada a reducir el daño en personas que ya tienen una adicción establecida con prioridad para el acceso a tratamiento especializado, análisis y apoyo en problemas económicos, sociales o legales, la rehabilitación e inserción sociolaboral y la prevención del suicidio en los grupos de alto riesgo. El problema es que hay muchos intereses políticos y económicos que buscan promocionar las conductas y aumentar las personas que se vuelven adictas a unos comportamientos que les generan muchos beneficios.
Fig.3= Terapias de apoyo.
La adición a comportamientos es un problema muy importante en todas las culturas, pero es especialmente más visible en los países de la cultura occidental donde el desarrollo tecnológico y la facilidad de acceso a las conductas que favorecen la adición, a partir de la promoción publicitaria, el estímulo global o personal y los crecientes estados de ansiedad que se observan en los niños, adolescentes y jóvenes, favorecen la tendencia a buscar algún tipo de compensación por las situaciones personales y los conflictos de los que muchas personas no saben cómo salir o cómo resolverlos. La estructura del sistema nervioso humano favorece estas huidas de la realidad para intentar encontrar alivio en escenarios imaginarios o creados expresamente para facilitar la evasión, que resultan mucho más atractivos que los que vive la persona y que le lleva a evitar enfocar sus problemas reales.
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