El Hijo Criado en una Familia Monoparental
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EL HIJO CRIADO EN UNA FAMILIA MONOPARENTAL
La familia monoparental, aquella en la que uno solo de los
progenitores o cuidadores convive con los hijos y asume en solitario su cuidado cotidiano, es
hoy una forma de organización familiar extendida en la mayoría de las
sociedades. Su origen es diverso: separación o divorcio, viudez, maternidad o
paternidad en solitario por elección, adopción monoparental, abandono,
migración, encarcelamiento o ausencia por motivos laborales. Se ha dado por
hecho que la ausencia de un progenitor genera por sí misma alteraciones en la
personalidad, pero el efecto de la monoparentalidad sobre la personalidad de
los hijos está condicionado por otras muchas variables y existe una gran posibilidad
de que haya trayectorias personales muy variadas que hacen que no se pueda hablar de una
única evolución a causa de este tipo de crianza. Aún así, habrá que estar muy atento a las posibles alteraciones, carencias o consecuencias de que una sola persona asuma la crianza.
Un elemento frecuentemente
ignorado es que, aunque solo esté presente uno de los padres, el hijo tiene dos líneas genealogías que le influyen, aunque una de ellas puede quedar en blanco, ser ocultada o desconocida.
La investigación clínica sobre adopción, donación de gametos y ausencia paterna
o materna indica que el acceso a una narrativa honesta y apropiada a la edad
sobre la línea ausente favorece una identidad más integrada. Además, abuelos,
tíos, padrinos y otros familiares actúan como figuras de apego secundarias y
como puentes con la historia del linaje; su presencia es uno de los factores
protectores más consistentes y equilibradores. El genealograma es una representación gráfica de
al menos tres generaciones de una familia que permite detectar patrones familiares
recurrentes, como separaciones, duelos, adicciones, enfermedades, migraciones,
profesiones o roles, como el cuidador, el irresponsable, el agresor, la
víctima, el ausente o la oveja negra. Es una herramienta de terapia familiar y
de autoconocimiento que ayuda al adulto que creció en una familia monoparental
a distinguir qué rasgos le pertenecen, cuáles heredó y cuáles aprendió por
adaptación.
Fig.1= Familias monoparentales.
No existe un único tipo de familia monoparental y cada variante implica experiencias psicológicas diferentes para los hijos. La que surge tras Divorcio o Separación implica la ruptura de una convivencia previa y suele existir un progenitor no residente con contacto variable; hay una exposición al conflicto de los padres y se suele acompañar de cambios de residencia y una peor economía, con un posible conflicto de lealtades hacia los padres. Si es por Fallecimiento de un progenitor existe un duelo infantil, una probable idealización de la figura fallecida y el añadido de que el progenitor vivo también está en duelo. Si es por Elección, la madre o el padre están solos desde el inicio en un proyecto parental deliberado, a menudo con apoyo familiar o social planificado; suelen surgir cuestiones de orígenes como conocer al donante o como se produjo la concepción. Si surge por Abandono o ausencia no elegida, el otro progenitor desaparece o nunca estuvo presente, lo que activa sentimientos de carencia o de rechazo, hay preguntas sin respuesta y, muchas veces, un vacío narrativo. La Adopción monoparental implica la historia previa del niño más la nueva estructura familiar de crianza; es necesario trabajar el vínculo y los orígenes. Por Ausencia funcional, como migración, encarcelamiento o trabajo, el progenitor existe pero no está disponible de forma cotidiana, lo que genera ambigüedad sobre la presencia y la ausencia de éste que el hijo debe procesar.
Un niño criado por un único cuidador principal puede afrontar algunos riesgos en la formación de su personalidad. La Sobrecarga del cuidador único que asume el trabajo, los cuidados y la gestión doméstica; el cansancio reduce la disponibilidad emocional y la paciencia a la hora de gestionar la crianza. Hay un Mayor impacto de la ansiedad del progenitor, al no existir otro adulto que amortigüe sus efectos; si hay una mala situación mental del cuidador puede dar lugar a inseguridad y problemas emocionales infantiles. La Sobreprotección puede darse al proyectar sobre el hijo toda la emocionalidad y el afecto, miedo a la pérdida o incluso crear dependencia emocional del hijo. Intentar Acelerar los procesos de maduración del hijo cuando la necesidad en la práctica diaria del cuidador, por falta de tiempo o de recursos, prioriza la activación precoz y reduce la expresión emocional. La existencia de una Red de cuidadores secundarios, como abuelos, tíos, primos, educadores o amigos de la familia, puede permitir al niño experimentar vínculos favorables adicionales.
El estilo de crianza va a ser una variable fundamental en la evolución y formación de la personalidad del hijo. El Democrático genera un buen nivel de afecto, autoestima, autonomía, competencia social y autorregulación, pero requiere energía y tiempo y el cansancio puede debilitarlo. El Autoritario tiene un alto nivel de control y menor afecto, lo que puede generar una actitud de obediencia o rebeldía, ansiedad, baja espontaneidad y crisis en la adolescencia; se realiza un control rígido por miedo a perder el control de la situación o fracasar en la crianza. El Permisivo da un buen nivel afectivo, pero a cambio hay una mayor pérdida del control del hijo y se genera impulsividad, baja tolerancia a la frustración e intento de dominar a los adultos o a su entrono por parte del hijo; suele haber culpa por parte del cuidador por la ruptura o el origen de la monoparentalidad, un intento de compensación con indulgencia y la dificultad para poner límites. El Negligente ofrece un nivel bajo de afecto y de control, lo que genera inseguridad, problemas de conducta, bajo rendimiento y vínculos frágiles. Estos modelos muestran que la calidad de la crianza es una de las variables más influyentes en el proceso de formación de la personalidad el hijo.
Fig.2= Los grupos de apoyo: social y familiar.
La autoestima del niño se construye a partir de la experiencia repetida de ser valorado, escuchado y sentirse capaz. En el contexto monoparental influye especialmente la narrativa que el niño elabora sobre la ausencia, ya que los niños pequeños tienen un pensamiento egocéntrico y tienden a asumir culpa de lo ocurrido, por lo que es necesario ofrecerles una explicación clara, honesta y adaptada a su edad, ya que, si no se hace, la culpa puede consolidarse como un rasgo de personalidad, con autoexigencia, perfeccioismo y miedo al abandono. La actitud del progenitor presente hacia el ausente es muy importante, ya que si se critica o denigra sistemáticamente a la otra figura, puede interpretarse por el niño como un ataque a una parte de sí mismo. El niño aprende a gestionar emociones observando cómo lo hace el adulto por lo que el cuidador debe gestionar sus propios problemas sin repercutirlos hacia el hijo, en la medida de lo posible.
Una de las características más resaltables en los hijos de familias monoparentales es la madurez precoz, ya que asumen responsabilidades domésticas, cuidan de hermanos o apoyan emocionalmente al progenitor, lo que se denomina parentificación. La Parentificación instrumental consiste en asumir tareas prácticas, como cocinar o cuidar hermanos, que, si se realiza de forma proporcionada y reconocida, puede promover la autonomía, la competencia y el sentido de pertenencia. La Parentificación emocional ocurre cuando el hijo se convierte en confidente, mediador o sostén afectivo del progenitor; esta es la forma más perjudicial para todos y se asocia con ansiedad, culpa, perfeccionismo, dificultad para identificar necesidades propias y relaciones adultas marcadas por el cuidado compulsivo del otro. Cuando el hijo ocupa o le hacen ocupar el lugar del cuidador ausente, se difumina la estructura familiar, se rompe el equilibrio familiar y generacional y se compromete su evolución.
Aunque se puede considerar que un niño que se cría en una familia monoparental tiene que vivir una carencia en la presencia de uno de los dos progenitores, hay que tener en cuenta que si otros miembros de la familia cubren las posibles carencias generadas por la falta de uno de los dos, se podrían generar modelos de personalidad que equilibrarían esa carencia. Las compensaciones pueden venir por parte de la familia, de los compañeros de clase, de amigos posteriores o del entorno de relación del progenitor que cuida al niño que puede conseguir complementar las posibles carencias. Para eso, es muy importante tener en cuenta el cuidado personal de la persona que atiende al niño de forma que tenga salud, equilibrio personal, disponibilidad y capacidad de mantener el desgaste inevitable de la crianza de un hijo durante muchos años, y observar la evolución y la maduración del niño a medida de que va pasando por las etapas más importantes de su vida, como la infancia, la adolescencia y la primera juventud.
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