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La Mandarina - UNA VIDA INTEGRAL

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La Mandarina

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LA MANDARINA

La mandarina, Citrus reticulata, es uno de los cítricos más apreciados y consumidos en el mundo, reconocida por su piel fina y fácil de retirar, su pulpa dulce y aromática, y su bajo contenido calórico. Pertenece al género Citrus y agrupa a un conjunto amplio de especies, híbridos y variedades, entre ellas las clementinas, las satsumas y los tangelos, que comparten un origen común en el sudeste asiático. Más allá de su papel como fruta de consumo directo, la mandarina desempeña un papel relevante en la economía agrícola de numerosos países, en la industria alimentaria con zumos, mermeladas y frutas confitadas, en la perfumería y cosmética a través de su aceite esencial y en la Medicina tradicional, especialmente en la cultura china, donde tanto el fruto como su cáscara seca poseen un largo historial de uso terapéutico. La mandarina es considerada una de las especies ancestrales puras a partir de las cuales, mediante cruces naturales y cultivados, se originaron la mayoría de los cítricos comestibles actuales, incluida la naranja dulce.

La mandarina es originaria del sudeste asiático, particularmente de China, Indochina y Filipinas, regiones donde se cultiva desde hace más de tres mil años. En la antigua China era considerada un símbolo de buena fortuna, prosperidad y longevidad, y su presencia era habitual en celebraciones como el Año Nuevo chino, tradición que se mantiene vigente en la actualidad. El nombre "mandarina" deriva del color anaranjado de las túnicas de seda que vestían los altos funcionarios imperiales chinos, conocidos como "mandarines". En el siglo XIX, los comerciantes y navegantes portugueses la introdujeron en Europa, desde donde se difundió hacia la cuenca mediterránea, España, Italia, el norte de África y posteriormente hacia América, favorecida por un clima similar al de su región de origen. La clementina es una variedad que surgió como un híbrido accidental en Argelia, y con el tiempo, la clementina, sin apenas semillas y de pulpa muy jugosa, se convirtió en la variedad de mandarina más cultivada y exportada del mundo.

Fig.1= El árbol y la fruta de la mandarina.


El mandarino es un árbol de tamaño pequeño a mediano, más reducido que el naranjo, que alcanza generalmente entre 2 y 6 metros de altura. Su tronco suele ser delgado y con frecuencia torcido, y sus ramas pueden tener espinas cortas, sobre todo en ejemplares jóvenes o silvestres, aunque estas suelen ser escasas o ausentes en las variedades cultivadas. Las hojas son perennes, de forma oblonga, elíptica o lanceolada, con márgenes serrados, de color verde oscuro brillante en el haz y verde amarillento en el envés. Las flores son pequeñas, y se agrupan en inflorescencias de una a cuatro flores. Tienen un aroma muy agradable y constituyen un alimento importante para insectos polinizadores, como abejas y abejorros. El fruto es una baya jugosa con corteza, de forma esférica y ligeramente achatada en los polos, con la cáscara delgada, de color naranja o naranja-amarillento y con una parte blanca interior, que facilita el pelado a mano, una de las características más valoradas de la mandarina frente a otros cítricos. La pulpa se organiza en gajos fácilmente separables, jugosos, de sabor dulce, con una acidez moderada, y puede contener desde ninguna hasta numerosas semillas, según la variedad. El mandarino se adapta bien a climas templados, mediterráneos y subtropicales.

La mandarina es una fruta compuesta de aproximadamente un 85 % por agua, lo que explica su reducido aporte calórico. Los Hidratos de carbono son un 11% en forma de sacarosa, fructosa y glucosa. Las Grasas son apenas un 0,2%. El aporte de Proteínas es del 0,8%. Contiene Vitaminas, sobre todo la C y la A, pero también la E, B1, B2, B3, B6 y ácido fólico. En cuanto a Minerales tiene potasio, calcio, magnesio, fósforo, hierro, zinc y cobre. También aporta Fibra vegetal en un 3%. La pulpa, el zumo y la piel son ricos en compuestos bioactivos como flavonoides, compuestos fenólicos y aceite esencial con reconocida capacidad antioxidante.

A la mandarina se le reconocen muchas propiedades beneficiosas para la salud. La vitamina C activa al sistema de defensas, ayuda a la formación de colágeno y protege a las células del daño oxidativo, además de facilitar la absorción del hierro. Su contenido en fibra favorece el tránsito intestinal y evita el estreñimiento. Los flavonoides, compuestos fenólicos y el betacaroteno ayudan a neutralizar los radicales libres, lo que se asocia con la protección celular y con un posible papel en la prevención de enfermedades relacionadas con el estrés oxidativo y el envejecimiento. Gracias a su elevado contenido en agua y su bajo aporte energético, evita la deshidratación y se usa en las dietas de pérdida de peso. El potasio, el calcio y el magnesio contribuyen al funcionamiento muscular normal, a la regulación de la presión arterial y al mantenimiento de la salud ósea. La cáscara madura y seca de la mandarina, se emplea como remedio digestivo para aliviar la hinchazón abdominal, las náuseas, el hipo y la congestión pulmonar. La flor se ha utilizado tradicionalmente como sedante suave. El aceite esencial es apreciado en aromaterapia por su efecto relajante y sedante, siendo considerado uno de los aceites cítricos con mayor poder calmante, motivo por el cual se emplea con frecuencia en preparados para favorecer el sueño y reducir la ansiedad.

Fig.2= Algunas formas de consumir mandarinas.


El consumo en fresco, como fruta de mesa, es con diferencia el uso principal de la mandarina. Además, se emplea en la elaboración de zumos, mermeladas, gajos en almíbar y frutas confitadas. China, España y Japón cuentan con una importante industria de mandarina troceada en conserva. En repostería, tanto la ralladura de su piel como su aceite esencial se utilizan para aromatizar bizcochos, tartas, galletas y postres. En cosmética, se utiliza como ingrediente en cremas, tónicos y aceites corporales para pieles secas o con tendencia a la formación de estrías, y forma parte habitual de composiciones de perfumes, gracias a su aroma dulce, fresco y ligeramente floral. Además de su uso en la Medicina china ya mencionado, en distintas tradiciones populares se ha atribuido a la cáscara de mandarina un efecto digestivo y carminativo, y a sus flores propiedades sedantes suaves. El mandarino, con su copa compacta y redondeada, su follaje perenne aromático y sus frutos de vivo color anaranjado, es también valorado como planta ornamental en jardines de clima templado y como árbol en maceta en terrazas y patios, especialmente en variedades de porte reducido.

China es, con gran diferencia, el mayor productor mundial, concentrando cerca de la mitad de la producción global, impulsada tanto por la superficie cultivada como por las condiciones climáticas favorables en sus provincias meridionales. España, ocupa una posición hegemónica como principal exportador mundial de mandarinas y clementinas frescas, gracias sobre todo al éxito de variedades sin semillas, seguida en importancia exportadora por Marruecos y Turquía. Otros países productores relevantes son Brasil, Japón, Egipto, Estados Unidos, Marruecos, Italia, Argentina, Corea del Sur y Uruguay. En Japón, la mandarina satsuma ha sido tradicionalmente el cítrico más cultivado, si bien su producción ha descendido de forma notable desde mediados del siglo XX en favor de otros cultivos.

La mandarina es el resultado de miles de años de cultivo y selección en Asia oriental, un cultivo de gran relevancia económica en la agricultura mundial, y un alimento con un perfil nutricional favorable, bajo en calorías y rico en vitamina C, fibra y antioxidantes. Su facilidad de pelado y su sabor dulce la han convertido en uno de los cítricos preferidos por consumidores de todas las edades, mientras que su aceite esencial y sus propiedades tradicionales le confieren aplicaciones que van mucho más allá de la mesa, abarcando la cosmética, la aromaterapia y la Medicina tradicional.

Fig.3= Más formas de consumir mandarinas.












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