Adicción a la Cocaína
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LA ADICCIÓN A LA COCAÍNA
La cocaína es uno de los
estimulantes del sistema nervioso central más potentes y adictivos conocidos hasta
el momento, que se consume especialmente en América y Europa y
está asociado a graves problemas de salud, violencia y crimen organizado a nivel
mundial. Se
obtiene de la extracción química a partir de las hojas de la planta de la coca,
Erythroxylum coca, y suele presentarse como polvo blanco, clorhidrato de
cocaína, para esnifar o inyectar, o en forma de “crack” para fumar. Su historia abarca desde uso ancestral en Sudamérica hasta el
momento actual, donde tiene una vertiente legal para uso médico y otra ilegal
para el consumo por parte de las personas que quieren obtener mayores rendimientos
corporales y mentales de los que su cuerpo sería capaz de tener en condiciones
normales.
El uso de la
hoja de coca tiene una historia de más de 4.000 años en las culturas andinas de
América del Sur. Los pueblos indígenas de Perú, Bolivia y Colombia mascaban
hojas de coca mezcladas con cal para obtener sus efectos estimulantes, mitigar
el hambre y el cansancio, y como parte de rituales religiosos y sociales para aumentar su resistencia al cansancio.
Actualmente es la droga ilegal que ha el tenido crecimiento más rápido en su
consumo en la última década con más de 25 millones de personas en el mundo con uso
habitual y en la Unión Europea, se calcula que unos 2,5 millones de jóvenes de
15 a 34 años la consumen, con tendencia a aumentar progresivamente. El mercado
asociado a la coca está ligado a altos niveles de violencia, corrupción política
y deforestación en los países productores y de tránsito.
Fig.1= La planta de la coca y la fabricación del polvo de la cocaína.
El efecto principal de la cocaína se consigue a través del bloqueo en el sistema nervioso de la recaptación de la dopamina, la serotonina y la noradrenalina lo que impide su eliminación y provoca su acumulación en la unión entre las neuronas y la sobreestimulación de sus receptores. La cocaína puede aumentar los niveles de dopamina sináptica entre 3 y 5 veces por encima del nivel normal en cuestión de minutos y este aumento activa el "circuito de recompensa" de forma mucho más intensa que cualquier recompensa natural, lo que es la causa directa de la euforia y la sensación de poder y de la tendencia a seguir consumiéndola. El resultado de su consumo es una subida brusca de la actividad y una bajada de su efecto en poco tiempo, de forma que se activa la necesidad de consumir más a menudo y más cantidad.
En el plano físico el consumo de cocaína produce una mayor vitalidad y resistencia física, un importante aumento de la frecuencia cardiaca y de la tensión arterial, sudoración, subida de la temperatura, dilatación pupilar, hipersexualidad, disminución del apetito y del sueño. A nivel psicológico puede causar euforia intensa, deseo continuo de hablar, hiperactividad, sensación de bienestar, incremento de la autoconfianza, mayor sociabilidad y desinhibición. Después de este efecto temporal de subida viene una bajada brusca caracterizada por un fuerte malestar, insatisfacción, gran fatiga, deseo intenso de dormir, aumento de las ganas de comer, pérdida de la capacidad de disfrutar y ansiedad. Esta situación de malestar intenso es el que induce a volver a consumirla.
Además de los efectos que el consumidor considera positivos, también pueden aparecer otros indeseables como la irritabilidad, agresividad, ansiedad, ataques de pánico, depresión, ideas de persecución, paranoia, cuadros psicóticos con alucinaciones e intentos de suicidio. En el plano físico pueden aparecer importantes arritmias, infarto agudo de miocardio, ictus, crisis de hipertensión, convulsiones y muerte súbita, sobre todo si se combina con alcohol u otras drogas. El consumo continuado se asocia con cardiomiopatía, arterioesclerosis acelerada, arritmias crónicas, angina e insuficiencia cardiaca. A nivel respiratorio, fumar crack puede causar bronquitis crónica, fiebre, disnea, hemoptisis y fallo respiratorio. También se observa la perforación del tabique nasal y sinusitis crónica en quienes esnifan, problemas digestivos como úlceras o isquemia intestinal, daño hepático y renal, pérdida de peso y malnutrición.
Fig.2= Consumo de cocaína.
La adicción a la cocaína es una enfermedad cerebral crónica y
recidivante caracterizada por la búsqueda y el consumo compulsivo de la droga a
pesar de conocer y sentir las consecuencias adversas. El consumo repetido de
cocaína induce el inicio de la tolerancia y de la sensibilización. La
tolerancia, que se desarrolla fundamentalmente para los efectos eufóricos,
obliga al consumidor a aumentar progresivamente las dosis para obtener el mismo
efecto. Sin embargo, la sensibilización, es decir, el incremento de respuesta a
la droga con el uso repetido, es mayor para los efectos locomotores,
reforzadores y psicóticos, y persiste durante meses o años de abstinencia, lo
que contribuye al riesgo de recaída después de la retirada.
El consumo repetido enseña al
cerebro a asociar casi de forma exclusiva el uso de la droga con la recompensa
en forma de bienestar o placer, lo que favorece el intenso deseo de volver a consumir mientras se reduce
la sensibilidad y el deseo de disfrutar de otros placeres. El Síndrome abstinencia provoca un cansancio
extremo, gran deseo de dormir o insomnio, apatía, incapacidad para sentir un placer
normal o natural, ansiedad, irritabilidad y depresión. Aunque la abstinencia no
suele ser mortal, el riesgo de suicidio y de recaída es alto, por lo que la
retirada del consumo debe ser siempre supervisada por varios profesionales experimentados.
El tratamiento de la adicción a la cocaína debe ser
individualizado, con la intervención de varios profesionales que integren la acción
personal psicológica, la médica y la social. La adicción es una enfermedad
crónica con alto riesgo de recaída por lo que el tratamiento debe plantearse a
largo plazo con objetivos realistas que incluyan la abstinencia y la adaptación
social, familiar y laboral del adicto. Actualmente no existe ningún fármaco eficaz
para el tratamiento de la adicción a la cocaína, por lo que los fármacos solo
se suelen usar para actuar sobre sus consecuencias. La terapia psicológica, tanto la
dinámica como la de la conducta, ayudan a la persona a controlar su dependencia y
a cambiar la estrategia de vida que le ha llevado a ser un adicto a la cocaína.
No hay que olvidar que una persona se hace adicta a esta droga cuando quiere
conseguir hacer cosas, obtener éxitos, tener un placer intenso o lograr resultados
de manera más fuerte y eficaz de la que lo haría sin la droga.
Fig.3= Actividades y entornos que favorecen el consumo de
cocaína.
Para conseguir una retirada eficaz será necesario un abordaje integral sobre su vida personal y sus problemas cotidianos, sus condicionantes familiares, sus relaciones sociales, sobre su trabajo y la forma de hacerlo sin creerse una superpersona hará que se pueda reforzar un estilo de vida sin drogas que le dé una satisfacción real y no imaginaria por el uso de la cocaína. Muchas personas son adictos a la cocaína porque quieren vencer su complejo de inferioridad o conseguir objetivos difíciles para demostrar a los demás que son poderosos. Desenganchar a estas personas de esa falsa sensación de poder requiere tratamiento, tiempo y dedicación.
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