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Adicción a Viajar - UNA VIDA INTEGRAL

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Adicción a Viajar

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LA ADICCIÓN A VIAJAR

Cada vez más personas declaran estar “enganchadas” a viajar y lo dicen porque hay un conjunto de fenómenos relacionados con la experiencia de viajar de manera compulsiva, como un deseo intenso de viajar a pesar de que no se den las condiciones adecuadas, un patrón intenso de búsqueda de experiencias nuevas en la vida para huir de la rutina cotidiana, la tendencia al escape de la vida normal mediante el desplazamiento a otros lugares y culturas, la preocupación constante por ver a dónde va a ser el próximo viaje, pérdida del control de impulso de viajar, necesitar viajar más para obtener la misma sensación previa, malestar al no poder viajar y consecuencias negativas en la vida personal, laboral y financiera. Viajar mucho no es, por sí mismo, una patología, lo relevante es la función que cumple el viaje y el grado de control del impulso y del posible daño asociado. La clave no es la frecuencia con la que se realizan los viajes sino la pérdida de libertad y el deterioro funcional de la persona obsesionada con hacer viajes.

Viajar goza de un prestigio social extraordinario, ya que se asocia con aventura, curiosidad, libertad, vivencias intensas, apertura mental, capacidad económica media-alta y éxito personal. Precisamente por eso, los posibles aspectos problemáticos del viaje compulsivo reciben poca atención por parte del resto de las personas y, más frecuentemente, se suele despertar la admiración por las personas que viajan mucho, sin prestar mucha atención a lo que hay detrás de una persona que viaja con mucha frecuencia o que lo antepone a otro tipo de experiencias o necesidades. Frases como “me he vuelto adicto a viajar” se pronuncian con orgullo y humor, y rara vez se consideran un motivo de preocupación. No obstante, hay personas para quienes el viaje deja de ser una elección placentera y se convierte en una necesidad urgente, difícil de posponer, que condiciona su economía, su trabajo, sus vínculos sociales y su propia identidad. Este tipo de personas sufren de una adicción a comportamientos.

Fig.1= Personas viajando.




Bajo la etiqueta “adicción a viajar” se pueden observar varios fenómenos de comportamiento. En primer lugar, está el “Impulsivo” que muestra un deseo intenso y duradero de viajar o explorar, a veces por el propio hecho de desplazarse y no por llegar a un destino concreto, que se asocia a curiosidad, inquietud y búsqueda de novedades. Luego está el “Travel craving” que muestra un estado de deseo imperioso de viajar, muchas veces sin un motivo claro e ignorando los muchos factores que implican iniciar y acabar un viaje. También está la “Dromomanía” que define impulsos irresistibles de vagar o huir, habitualmente asociado a cuadros psiquiátricos más complejos. Finalmente se habla de “Adicción real a viajar” cuando hay un patrón de viajes frecuentes o muy frecuentes, vivido como una necesidad, con dificultad para controlarlo y con consecuencias negativas para la persona. Fuera del término “adicción a viajar” está la persona que viaja mucho por motivos de trabajo, vocación o estilo de vida, pero sin ansiedad ni pérdida de control ni daño significativo en su comportamiento ni en su vida.

La adicción a viajar se puede detectar por la presencia de varios signos de comportamiento en la persona. El deseo de viajar predomina en los pensamientos, emociones y su conducta; necesita planificar viajes, buscar ofertas y fantasear con destinos, lo que ocupa gran parte de las actividades del día; cuando no está viajando, la vida se organiza alrededor del próximo viaje. La actividad de viajar se usa para cambiar el estado emocional de la persona; se viaja para escapar de la ansiedad, del aburrimiento, de la tristeza o de la rutina; el alivio de los síntomas dura poco tiempo. Hay tolerancia cuando se necesitan más cantidad de viajes o que sean más intensos para lograr la misma sensación de alivio, y los viajes cercanos o cortos dejan de satisfacer; se buscan destinos más lejanos, exóticos o extremos, o viajes cada vez más frecuentes. Aparece un malestar al reducir o interrumpir los viajes con irritabilidad, vacío, tristeza o inquietud intensa al volver a casa o cuando no hay un viaje en el horizonte. Surgen problemas con otras áreas de la vida o o con personas; puede haber tensiones de pareja o con la familia, deterioro laboral, endeudamiento, descuido de responsabilidades o de la salud. Hay una vuelta a querer viajar tras intentos de controlar el impulso con promesas repetidas de “no viajar esta vez, este mes o este año” o de ahorrar en gastos, que se rompen ante la primera oferta o el primer malestar. Para hablar de un problema de comportamiento debe haber un cierto nivel de pérdida de control y un daño sustancial a la persona, a su familia, a su economía o a su trabajo.

No hay una causa única que desencadene esta adicción, pero se señalan algunos factores personales y otros sociales. Entre los personales está la búsqueda de sensaciones como forma de compensar el estrés o esfuerzo cotidiano, que impulsa a buscar experiencias variadas, nuevas e intensas para combatir el efecto negativo de la vida rutinaria. Aquí también actúa el sistema dopaminérgico de recompensa; la novedad y la anticipación de vivencias activan los circuitos dopaminérgicos; con frecuencia la planificación y la expectativa del viaje son a menudo más placenteras que el mismo viaje. Viajar puede funcionar como estrategia de escape frente al malestar emocional, los conflictos o el vacío, que puede aliviarse a corto plazo, pero no afronta el origen del problema, lo que empuja a buscar un nuevo viaje para recuperar la sensación. Para algunas personas, dejar de viajar se vive como una pérdida de identidad, no solo de una actividad.

Fig.2= Viajes de Turismo.




Entre los factores externos están las redes sociales y la comparación entre las personas. La exposición continua a imágenes idealizadas de destinos genera deseo, miedo a perderse algo, competitividad y presión por coleccionar lugares visitados; existe una relación entre el uso intensivo de redes y el deseo de viajar. Las experiencias, a diferencia de los objetos, tienden a generar una satisfacción más duradera lo que justifica socialmente el gasto en viajes y refuerza su valor. En entornos laborales exigentes, viajar se presenta como la gran vía de descanso y recuperación del estrés, lo que puede cargar de expectativas excesivas cada escapada. La publicidad agresiva de muchas empresas de turismo induce al consumo, reduce las dificultades para decidir adecuadamente y estimulan la compra impulsiva ante el miedo a perder una oferta de viajes.

Se puede abordar la adicción a viajar desde una perspectiva personal o profesional. Es bueno identificar los desencadenantes, anotar qué emociones o situaciones preceden al deseo urgente de viajar, distinguir el viaje por placer del viaje como huida. Introducir una pausa de decisión, aplicando una regla de espera, como 48-72 horas, antes de reservar un viaje no planificado. Fijar un tope anual de gasto en viajes y de días invertidos, y evitar financiar viajes con créditos. Hacer viajes más tranquilos, con menos estímulos y destinos. Se aconseja también gestionar el regreso planificando actividades gratificantes tras volver, mantener contacto con personas queridas y evitar reservar de inmediato otro viaje como remedio al bajón. Pedir ayuda psicológica o médica puede ser una buena decisión cuando se cumplen los signos o los factores citados previamente, como la necesidad de viajar para esconder problemas personales o conflictos.

Se puede decir que la adicción a viajar es un trastorno del comportamiento asociado a problemas personales y sociales en las que aparecen las mismas situaciones desencadenantes típicas de las adiciones a sustancias o a otros comportamientos: dependencia, tolerancia y síndrome de abstinencia. En el terreno biológico, se activa el mismo circuito de compensación dopaminérgico que está presente en casi todas las adiciones, de manera que se fabrica en el cerebro una cantidad excesiva de dopamina ante la expectativa de tener un viaje o de programar el siguiente, con lo que se intenta compensar el desgaste, el estrés o el esfuerzo que realiza la persona en su vida cotidiana. Huir de los conflictos nunca ha sido una buena manera de solucionarlos y estas adiciones a comportamientos suelen manifestar un mal manejo por parte de persona de sus problemas personales, familiares, laborales o sociales.








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