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Adicción a Fármacos Antidepresivos - UNA VIDA INTEGRAL

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Adicción a Fármacos Antidepresivos

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LA ADICCIÓN A FÁRMACOS ANTIDEPRESIVOS


Los fármacos antidepresivos son medicamentos utilizados para tratar la depresión y otros trastornos mentales, como la ansiedad, el trastorno obsesivo-compulsivo y las crisis de pánico. Su mecanismo de acción consiste en modificar el equilibrio de los neurotransmisores en el cerebro, que son sustancias químicas que transmiten señales entre las células nerviosas. Hay varios tipos de antidepresivos según su mecanismo de acción y los neurotransmisores y receptores sobre los que actúan.

España es uno de los líderes mundiales en el consumo de psicofármacos por parte de la población y el consumo de antidepresivos sigue aumentado cada año, aunque lo mismo ocurre en otros países de la cultura occidental. El consumo es casi 3 veces mayor en mujeres que en hombres y aumenta de manera muy significativa en las personas mayores de 65 años, aunque se está viendo también el aumento en personas adolescentes y en jóvenes. Un porcentaje muy alarmante de las recetas que se inician se convierten en continuas, no por una necesidad clínica a causa de que la depresión siga activa, sino por la dificultad de la retirada cuando el paciente intenta dejarlo y aparece el síndrome de abstinencia, se siente mal, acude al médico y éste le vuelve a prescribir el fármaco y, finalmente, ambos deciden que lo mejor es seguirlo consumiendo. Grave error, ya que si las circunstancias que provocaron la depresión ya no están, hay que hacer una retirada progresiva, pautada e informada para conseguir el éxito final.

Fig.1= Personas con depresión.
 

Los más usados son los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) como la fluoxetina, la paroxetina, la sertralina, el escitalopram y el citalopram, que actúan aumentando los niveles de serotonina en el cerebro al bloquear su recaptación. Los inhibidores de la recaptación de norepinefrina y serotonina (IRNS), como la venlafaxina y la duloxetina, que aumentan tanto la serotonina como la norepinefrina. Los antidepresivos tricíclicos (ATC), como la amitriptilina, la imipramina  y la nortriptilina, que bloquean la recaptación de neurotransmisores y actúan en varios receptores nerviosos. Los inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO), como la fenelzina y la tranilcipromina, que bloquean la enzima monoaminooxidasa y descompone algunos neurotransmisores. Los antidepresivos atípicos, como el bupropión y la mirtazapina, que actúan en varios neurotransmisores y receptores.

Los antidepresivos suelen tardar unas tres semanas en que se empiecen a ver sus efectos, por lo que inicialmente no actúan sobre la depresión y suelen empeorar la situación anímica de las personas que inician su consumo. Además, provocan a la persona importantes efectos secundarios como las náuseas, el aumento de peso, la disfunción sexual, la somnolencia o el insomnio y la sequedad bucal. Con frecuencia interaccionan con otros medicamentos o alimentos, especialmente los IMAO. Es por eso que son fármacos que deben ser usados y recetados con mucha responsabilidad por parte del profesional médico que los indica y es necesario hacer un seguimiento frecuente y cercano del paciente para intentar retirarlos lo antes posible, en cuanto que la situación que provocó su consumo ya no esté presente.

El consumo de antidepresivos genera una adaptación fisiológica profunda del sistema nervioso, lo que provoca una importante dependencia física, y la retirada brusca de la medicación provoca un síndrome de abstinencia en la gran mayoría de los pacientes que los consumen, por lo que llegado el momento de la retirada del tratamiento es preferible hacer una reducción progresiva, informada y pautada, ya que al principio no se notan los síntomas del síndrome de abstinencia pero a partir de la segunda y tercera semana de la retirada suelen aparecer los síntomas con mucha fuerza, habitualmente con los signos previos de depresión y ánimo decaído.

Fig.2= Personas medicadas con antidepresivos.
 

Con el paso del tiempo, se desarrolla una tolerancia al fármaco que induce aumentar la dosis para conseguir el mismo efecto que se obtenía con la dosis anterior, aunque en algunas personas se produce una situación de estabilidad, habitualmente provocada porque los factores que han provocado la depresión también han disminuido o desaparecido. Los antidepresivos provocan también una dependencia psicológica que se basa en la idea de que al retirar el tratamiento se va a volver a caer en la depresión que justificó su prescripción, eso aunque hayan pasado años del inicio del tratamiento y de que la causa ya haya desaparecido o se haya mitigado.

El síndrome de abstinencia de la retirada de los fármacos antidepresivos suele ser fuerte y muy importante, especialmente con algunos de los fármacos que tienen una vida media corta. Puede empezar a parecer a los pocos días del inicio de la retirada o unas semanas después, e incluso los síntomas pueden durar varios meses hasta que el sistema nervioso se adapta a la ausencia del fármaco. Los síntomas más habituales son la sensación de descargas eléctricas en el cerebro, mareos, náuseas, inestabilidad, ansiedad, llanto incontrolable, gran irritabilidad, inestabilidad emocional, apatía, tendencia a la tristeza, pensamiento negativo, pesimismo, disfunción sexual, anorgasmia o falta de deseo sexual.

Hay varios protocolos para hacer la retirada del tratamiento de fármacos antidepresivos pero el más eficaz consiste en ir retirando la dosis de tratamiento inicialmente a días alternos durante una semana, después se pasa a 1 día de tratamiento y 2 no durante otra semana, la siguiente a 1 día de tratamiento y 3 no durante otra semana, y la siguiente 1 día de tratamiento y 4 no y a partir de ahí se hace la retirada definitiva. En caso de que aparezcan los síntomas de manera intensa se mantiene la dosis anterior durante otra semana a la espera de que el sistema nervioso se estabilice para poder volver a retomar la retirada. Otro protocolo consiste en reducir el 10% de la dosis inicial cada semana, pero en este caso es necesario tener el fármaco en presentación líquida para poder dosificar adecuadamente las tomas. En algunas personas el tiempo para conseguir la retirada total puede llegar a ser varios meses, pero habitualmente se suele conseguir entre 1 y dos meses desde el inicio de la retirada. El proceso debe ser siempre vigilado y controlado por un médico con experiencia en adicciones y en la retirada de fármacos antidepresivos.

Fig.3= Control médico de la retirada de fármacos antidepresivos.
 

De forma general se puede decir que los fármacos antidepresivos tienen una indicación puntual en pacientes que entran en depresión de manera aguda por circunstancias adversas que le rodean, como la separación de una pareja la muerte de un ser querido o la pérdida del trabajo, pero el tiempo de tratamiento debería limitarse exclusivamente al periodo en el que esa persona no puede abordar la situación por sí mismo o con la ayuda de profesionales experimentados. El abordaje correcto consistiría en retirar la medicación lo antes posible para conseguir que la persona gestione sus conflictos y sus problemas, pero dándole las herramientas adecuadas que le hagan tener habilidades propias para resolverlos en el futuro.

El abordaje de tratamiento emocional consiste inicialmente en evitar llegar la última emoción del ciclo de las emociones negativas: la Tristeza, poniendo los recursos adecuados para evitar que una persona que entra en el proceso del Miedo acabe haciendo todas las etapas y finalmente entre en la Tristeza y desarrolle una depresión. Hay que promover el ciclo de las emociones positivas, primero el de ida que consiste en generar Identidad, después la Autoestima y finalmente llegar a la Alegría o éxito, y en los casos o situaciones en que las cosas se tuercen utilizar el ciclo de vuelta a la Identidad a partir de la Aceptación y la realización de cambios en la vida, la Creatividad, y el adecuado enfoque de los problemas por parte de la persona.

Desde un punto de vista humano y emocional, la depresión podríamos considerarla como el periodo que nos da nuestro organismo para intentar recuperar el equilibrio perdido por las circunstancias externas o internas que han afectado a una persona. Este periodo no debería alargarse mucho en el tiempo si la persona consigue la ayuda adecuada que le permita enfocar de nuevo su vida de manera positiva y que pueda aprender a evitar las situaciones que le llevan a la depresión en lugar de tomar un fármaco que le altera y actúa sobre el sistema nervioso durante largos períodos de tiempo.

Fig.4= El ciclo de las emociones negativas y el de las positivas.
 









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