La Complementación entre la Abuela y el Nieto
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LA COMPLEMENTACIÓN ENTRE LA ABUELA Y EL NIETO
El vínculo que existe entre
los abuelos y los nietos es uno de los
más importantes que se establecen en Genealogía
ya que entre ellos actúan
varias de las Leyes Genealógicas más
importantes, como la Ley de la Herencia en Tercera Generación,
la Ley de la Tendencia Par o Impar y la Ley de Afinidad
por Sexo. En esta página se va a estudiar la
relación de complementación entre la abuela y el nieto, tanto la de la
abuela paterna como de la materna. Siempre hay que tener en cuenta que
en una relación entre abuelos y nietos hay un salto de tres generaciones y, aunque suele ser una relación muy importante, siempre
hay que considerar las barreras por edad, experiencias y conocimientos que
puede haber entre ellas.
No es extraño que, por diferentes circunstancias, los padres
deleguen el cuidado de los hijos a sus propios padres de forma que la
influencia puede estar aumentada por el trato frecuente o diario. También puede
ocurrir que alguno de los padres haya fallecido o no esté presente en la vida cotidiana de sus hijos y de esta forma los abuelos pueden ocupar un espacio más
importante en su relación con los nietos. Esta complementación puede quedar
mitigada en el caso de que alguna de las abuelas haya fallecido y entonces la influencia
sería transmitida a través de los padres y otros familiares.
Fig.1= La complementación entre la abuela y el nieto.
La relación de complementación entre la abuela y el nieto va a
estar condicionada de forma muy evidente por el lugar que ocupa su hijo o hija en su propia familia y por el orden de llegada y el sexo de los nietos. No será el mismo
tipo de complementación si el nieto ocupa el primer, el segundo, el tercer, el
cuarto, etc. lugar en ese orden de llegada y cambiará mucho si hablamos de
la abuela paterna o de la abuela materna. La forma como las abuelas intenten
complementarse con sus nietos va a depender también de la relación que haya
tenido esa abuela con su propio padre, sus parejas, sus hermanos y sus hijos varones.
Si la abuela es la paterna y el nieto ocupa el primer lugar, esta
abuela proyectará sobre su nieto la relación que haya tenido con su hijo y
también con el abuelo paterno e intentará comunicarse y vincularse a él en
función de que esta relación ha sido buena o mala. No hay que olvidar que, por la Ley
de la Herencia en Tercera Generación, este nieto tenderá a heredar la
influencia de su abuelo paterno y ese puede ser un factor muy importante para
la complementación con la abuela paterna, pero en el caso de que la abuela
paterna haya tenido conflictos con su hijo, la complementación con el primer nieto
puede estar muy condicionada e incluso bloqueada.
Si la abuela es la paterna y el nieto ocupa el tercer lugar, se
puede establecer de nuevo un buen vínculo entre ellos y complementarse adecuadamente
como en el caso anterior, pero dependerá de si ha habido anteriormente un hermano en el primer
lugar y que la abuela ya haya establecido un vínculo previamente con él, lo que
generaría competencias entre hermanos por la complementación con la abuela
paterna. En el caso de que este nieto sea el pequeño, la influencia que
ejercerá su madre sobre él puede limitar mucho la complementación entre la
abuela paterna y el nieto.
Fig.2= Esquema de la complementación entre la abuela y el nieto.
La tendencia natural a buscar la complementación por parte de la abuela paterna hacia sus nietos es a hacerlo preferentemente con los que estén situados en los lugares impares en el orden de llegada y a establecer relaciones y vínculos con ellos más intensos y duraderos. Sin embargo, esto puede hacer que la complementación con los nietos que estén en los lugares pares sea mucho más débil, y será muy importante en estos casos el sexo de los hermanos que hayan llegado con anterioridad a estos nietos.
Si la abuela es la materna y el nieto ocupa el segundo lugar en el orden de llegada, es muy probable que esta abuela intente complementarse con él de manera muy intensa, intentando proyectar sobre este nieto la relación que haya tenido con el abuelo materno, en el caso de que esta haya sido buena, pero si no es así la abuela materna puede manifestar un cierto rechazo y dificultad para la complementación con este nieto al proyectar esa mala relación con el abuelo materno sobre él. Recordemos que el nieto en el segundo lugar tiende a heredar la influencia del abuelo materno. Aquí también será muy importante la forma en que han interaccionado la abuela materna y su hija ya que si la relación no ha sido buena puede haber un bloqueo en la complementación entre la abuela materna y su nieto.
Si la abuela es la materna y el nieto ocupa el cuarto lugar, se puede repetir el mismo modelo para el nieto del segundo lugar siempre y cuando haya tenido hermanas en los 3 lugares anteriores, pero en el caso de que haya un nieto varón en el segundo lugar puede haber conflictos entre ellos para intentar obtener una mejor complementación e influencia con la abuela materna, aunque el que está situado en el cuarto lugar suele tener un refuerzo extra por el vínculo especial que establece la madre con su último hijo, si es que no ha habido más. Esta complementación dependerá también del lugar que ocupe su hija en la familia y de si ha habido una buena relación o no con ella.
Fig.3= La relación especial de la abuela con sus nietos.
De nuevo se
puede observar que la tendencia natural de la abuela materna a relacionarse con
sus nietos varones será más intensa en caso de que estos ocupen los lugares
pares en el orden de llegada y la probabilidad de que haya una buena
complementación dependerá de la relación que ha tenido esta abuela materna su
propio padre, con el abuelo materno, sus hermanos, sus parejas y con sus hijos varones. La posibilidad de
complementarse con los nietos varones que ocupen los lugares impares será menos
intensa, especialmente si la abuela paterna ya ha establecido previamente vínculos
con ellos.
Hay que
resaltar que será muy probable que la complementación entre la abuela y sus
nietos varones sea mucho más importante en la infancia y que vaya disminuyendo
en la fase de la adolescencia y de la primera juventud, aunque posteriormente,
a partir de la edad de unos 30 años de los nietos, es muy probable que se
retome el vínculo cercano que se estableció previamente en la infancia. Cuando
la abuela entre en una fase de mayor edad y dependencia es probable que estos
nietos hagan una labor importante para ayudarla en estos periodos.
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