Adicción al Cáñamo
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LA ADICCIÓN AL CÁÑAMO
La adicción al cáñamo, Cannabis
sativa, también conocido como cannabis, marihuana, marijuana o hachís, es
un problema de salud real y muy frecuente, especialmente entre adolescentes y jóvenes,
aunque muchas personas que lo consumen le quitan importancia o no lo reconocen
como tal, a pesar de que el cannabis es la droga ilegal más consumida en todo el
mundo y también en Europa. Aproximadamente un 18% de la población adulta en
países occidentales declara haber consumido cannabis en el último año. Se
estima que alrededor de un 30% de los que lo usan desarrollan algún grado de
trastorno por consumo de cannabis a lo largo de su vida, con riesgo
especialmente alto en los consumidores diarios y en los que lo inician en la
adolescencia y la primera juventud.
Entre los factores de riesgo de
volverse adicto está el inicio antes de los 16 años, el consumo diario o casi
diario, usar cannabis con alto contenido de THC o Tetrahidrocannabinol,
antecedentes personales o familiares de trastornos mentales, contextos sociales
con alta disponibilidad y una baja percepción del riesgo de consumirlo. Entre los
factores que pueden ayudar a evitar su consumo están la buena relación familiar,
tener unas buenas habilidades sociales y de relación con el entorno, y realizar
actividades deportivas o artísticas. En los países en los que el consumo de cannabis
es legal se ha observado una mayor tendencia al uso frecuente y diario, lo que aumenta
el riesgo de padecer los síntomas físicos y mentales derivados de su consumo. El consumo de
cannabis se incrementa inicialmente por el efecto de sensación de placer y de bienestar,
las ganas de reír a veces sin control y de disfrutar de los placeres de la vida.
Fig.1= El cáñamo, cannabis, marihuana o hachís.
El principal componente
psicoactivo del cannabis es el Tetrahidrocannabinol o THC, que actúa como activador
de los receptores cannabinoides tipo 1 (CB1) en el cerebro, generando una mayor
liberación de la dopamina cerebral. El sistema cannabinoide del cerebro participa en la
regulación del proceso interno de recompensa, del manejo del estrés, de la
motivación, del apetito y de la memoria, por lo que el consumo habitual explica
muchos de los síntomas cognitivos y emocionales que suelen tener los
consumidores, como la mala regulación de los receptores CB1 que provoca una menor
respuesta a estímulos naturales y una mayor dificultad para experimentar placer sin
la droga. Esto facilita la tolerancia y la dependencia.
El consumo frecuente aumenta el
riesgo de padecer trastornos de ansiedad y depresión, sobre todo en personas
vulnerables o que se inician a edades tempranas, y de tener brotes de psicosis, paranoia y el empeoramiento de cuadros psicóticos en
personas predispuestas. También se ven crisis de ansiedad, problemas de
motivación, apatía, menor capacidad para disfrutar de actividades cotidianas y
dificultades persistentes en la memoria, la atención y las funciones ejecutivas.
Hay una reducción del rendimiento académico, laboral y de la actividad social,
especialmente en adolescentes y adultos jóvenes. En adultos se observan
problemas de productividad, ausentismo laboral y conflictos interpersonales,
junto con mayor probabilidad de accidentes si se conduce bajo los efectos del
cannabis. El trastorno por consumo suele acompañarse de dificultades
económicas, legales o familiares, similares a las de otras adicciones.
También afecta a la salud
física, ya que el consumo fumado se asocia a irritación de vías respiratorias,
bronquitis crónica y exposición a tóxicos de la combustión, especialmente
cuando se mezcla con tabaco. También el riesgo de tener episodios de vómitos
intensos, pérdida del apetito, alteraciones del sueño, aumento de peso y
alteración del proceso natural de maduración y del desarrollo cerebral si se
inicia en edades muy tempranas. El síndrome de abstinencia del cannabis aparece
típicamente en los primeros días tras dejar un consumo frecuente o prolongado.
Los principales síntomas son la irritabilidad, la ansiedad, inquietud,
disminución del apetito, insomnio o sueño de mala calidad, cambios bruscos de
humor, malestar general y un claro aumento del deseo de consumir. Estos
síntomas suelen alcanzar su máximo en la primera semana de la retirada del
consumo y remiten en unas 2 a 4 semanas, coincidiendo con la recuperación
parcial de la función de los receptores neuronales CB1.
Fig.2= Personas fumando cannabis.
El tratamiento de la adicción al cannabis se basa fundamentalmente en terapias psicológicas personales o de grupo y en realizar actividades físicas como deporte, yoga o Chi-kung. En adolescentes se añaden intervenciones directas con la familia del adicto, la terapia familiar multidisciplinaria, abordar los problemas de la casa donde vive, refuerzo de la personalidad, instauración de normas y límites reales, la motivación del consumidor a tener un enfoque diferente de su vida y la supervisión frecuente de la persona. El trastorno por consumo de cannabis se considera una enfermedad crónica y con un importante riesgo de recaída. La combinación de varias técnicas y profesionales ofrece mejores resultados que las intervenciones aisladas. La mejoría del funcionamiento psicológico, social, académico o laboral es el objetivo principal del tratamiento.
El cáñamo también contiene otra sustancia activa denominada CBD o cannabidiol, que recientemente se está utilizando médicamente como un fármaco para inducir el sueño o la relajación y para el tratamiento de ciertos dolores crónicos. Aunque no tiene los mismos efectos físicos que el THC sobre el sistema cerebral, sí que genera una fuerte dependencia psicológica, una tendencia a aumentar las dosis para conseguir un efecto similar y un síndrome de abstinencia cuando no se consume. El uso del CBD puede volverse un hábito psicológico poco saludable si se utiliza como la única estrategia para afrontar el estrés, el insomnio o los problemas emocionales.
En conclusión, la adicción al cannabis se manifiesta con el deseo de consumir más cantidad o durante más tiempo del que se tenía previsto, intentos repetidos y sin éxito de querer dejar el consumo o reducirlo, dedicar mucho tiempo de la persona a conseguir el cannabis, a consumirlo o a intentar recuperarse de sus efectos, deseos intensos o ansias de consumir, especialmente en ciertas situaciones o emociones y seguir consumiéndolo a pesar de ser consciente de que empeora su situación laboral, social, familiar o de pareja.
Fig.3= Terapias de apoyo.
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