Sobre la Tierra en el Huerto Biológico
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SOBRE LA TIERRA EN EL HUERTO BIOLÓGICO
El terreno elegido es uno de los factores más importantes a tener en cuenta si queremos desarrollar un buen huerto biológico, junto con las semillas, las plantas, el clima, el aire y el agua. Lo más importante a la hora de poner en marcha un huerto biológico es que el terreno no haya sido utilizado previamente en la agricultura intensiva y química. Pero si no es posible conseguirlo, habrá que intentar transformar ese suelo en una tierra adecuada, para lo que habrá que consultar con expertos y hacer tratamiento naturales de reconversión.
El suelo está compuesto por materia inorgánica, materia orgánica, gases y agua. La proporción de estos componentes le confiere propiedades físicas, químicas y biológicas particulares que determinan su capacidad para obtener cultivos saludables. En un huerto biológico, comprender y gestionar adecuadamente estas propiedades resulta fundamental, ya que el desarrollo de la parte aérea de las plantas depende directamente del desarrollo de la raíz y de los componentes que pueda absorber del suelo.
Fig.1= Componentes del terreno.
La parte inorgánica de la tierra está formada por arena, limo y arcilla. La arena está formada por partículas rocosas de cierto tamaño que proporcionan un buen drenaje y aireación, pero poca capacidad para retener el agua y los nutrientes. El limo inorgánico lo forman partículas rocosas de tamaño intermedio, más finas que la arena, que son granulosas al tacto y que retienen mejor el agua y los minerales. La arcilla está formada por polvo que proviene de las rocas, contiene partículas muy pequeñas y es fundamental para la retención del agua y de los nutrientes. Se considera que un suelo es equilibrado si contiene aproximadamente 40% de arena, 40% de limo y 20% de arcilla. Debe contener cantidades adecuadas de nitrógeno, fósforo, potasio, calcio, magnesio, azufre, hierro, zinc y manganeso, entre otros.
La parte orgánica está formada por bacterias, hongos, nematodos, lombrices y otros organismos que participan en la degradación de la materia orgánica y en las transformaciones de los componentes inorgánicos a formas más fácilmente disponibles para las plantas. La materia orgánica del suelo proviene de residuos vegetales, animales y microbianos en diferentes estados de descomposición. Su presencia modifica las propiedades del suelo y la fertilidad y se ha comprobado que es fundamental para el buen funcionamiento de un huerto biológico. Se considera que la parte orgánica de un buen terreno debe medir unos 20 a 40 cm de espesor, tener un color oscuro, casi negro y desprender un olor peculiar a fermentación.
El pH del suelo también es importante ya que facilitará o impedirá el crecimiento de unas plantas o de otras. Se piensa que un buen pH estará entre 6 y 7, y que la mayor parte de las plantas crecerán mejor en esos suelos. También hay que valorar la capacidad de intercambio catiónico que es la capacidad de un terreno para retener los nutrientes y hacer que estén disponibles para las plantas durante períodos prolongados. Si un suelo tiene poca capacidad de intercambio habrá también poca capacidad de retención de nutrientes lo que dará como resultado un suelo poco fértil.
Fig.2= Materia inorgánica y orgánica del suelo.
El suelo de un huerto biológico no debe contener ningún tipo de sustancias químicas externas o tóxicas, como abonos químicos o artificiales y pesticidas. Para mejorar el estado de un terreno que tiene algunas carencias nutricionales, se pueden añadir restos orgánicos que procedan del compost natural, el compost dirigido a un tipo de cultivo concreto, el humus de lombriz, restos vegetales o restos de animales que provengan de la ganadería ecológica.
Con mucha frecuencia, en los huertos biológicos se permite la convivencia del cultivo al que se dedica con otras plantas advenedizas, llamadas equivocadamente malas hierbas, ya que suelen ayudar a las plantas que cultivamos y a evitar plagas; solamente hay que procurar que no crezcan en exceso y que no les quiten nutrientes a las plantas cultivadas. También se suele permitir la presencia de algunos insectos como las mariquitas que pueden disminuir la presencia de los pulgones o las abejas y abejorros que ayudan a la polinización.
La forma como se maneja la tierra en un huerto biológico también es importante, por lo que hay que evitar hacer un exceso de labores y movilización del terreno, y cuando se hagan tienen que corresponder al momento del año adecuado. Hay que procurar que el terreno se mantenga de la manera más natural posible intentando no interferir excesivamente en su mantenimiento natural.
Fig.3= Animales deseables en un huerto biológico.
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