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Sobre la Nutrición y las Dietas - UNA VIDA INTEGRAL

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Sobre la Nutrición y las Dietas

NUTRICION y DIETAS
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SOBRE LA NUTRICIÓN Y LAS DIETAS

Todos los seres vivos necesitan alimentarse para reponer el desgaste energético que supone mantener vivo al organismo y realizar sus actividades. Los humanos también. Si no obtuviesen energía de fuentes externas, los seres vivos tendrían que consumir la que tienen en sus reservas y eso haría que su capacidad para mantenerse vivos fuese de corta duración. Por lo tanto, la nutrición es uno de los componentes más importantes para cualquier ser viviente.

Cada especie tiene su nicho ecológico y su nicho alimentario según sus capacidades de obtener los alimentos, digerirlos y poder utilizar la energía obtenida o guardarla. Para eso, su organismo debe tener un sistema digestivo, un sistema metabólico y otro para la eliminación de los desechos. Según sean estos sistemas, así será la capacidad de un ser vivo para obtener energía a partir de los alimentos que toma.

El ser humano actual, denominado homo sapiens sapiens o cromañon, es un homínido, el único que queda de su rama, y sólo tenemos referencia de su resistencia desde hace unos 40.000 años. Antes de eso han existido otros homos similares y actualmente se piensa que todos provienen de la zona central de África. Todos ellos han tenido que alimentarse de lo que encontraban en su entorno evitando ser atacados por los depredadores. La mayor parte de las veces tenían que migrar de un entorno a otro para poder seguir alimentándose.

Fig.1: El humano prehistórico.


Podemos establecer dos periodos en la existencia del ser humano actual: la Prehistoria y la Historia. La etapa de la Prehistoria sería desde hace unos 40.000 años hasta hace unos 12.000 y la de la Historia sería desde hace unos 12.000 años hasta la actualidad. Durante la etapa de la Prehistoria, los humanos tenían que trasladarse continuamente en busca de alimentos y cuando las poblaciones se hacían más grandes tenían que migrar a veces distancias muy importantes para poder mantenerse vivos. Durante la etapa de la Historia se producen asentamientos estables y la capacidad de conseguir alimentos a través de la agricultura y la ganadería, lo que les obliga a establecerse en poblados que puedan asegurar la alimentación de todos sus miembros. Cuando la población crece mucho y no hay alimentos para todos, hay que buscar un nuevo asentamiento.

Como el uso de utensilios o armas de caza requiere un proceso de desarrollo de la inteligencia, que ha sido lento y progresivo, podemos deducir que la alimentación de nuestros antepasados era fundamentalmente de origen vegetal y se conseguía a través de la recolección de alimentos, ya que la posibilidad de obtener alimentos de origen animal era muy difícil sin esos utensilios. Como la Edad de los Metales corresponde prácticamente al inicio de la Historia, y los utensilios de piedra dificultan mucho la manipulación de los alimentos de origen animal, esto añade más certeza de que nuestros antepasados de la Prehistoria se alimentasen de forma predominante con vegetales que obtenían mediante la recolección.

Además, como la producción de alimentos de origen vegetal depende de las estaciones era necesario acumular los alimentos que se podían mantener durante tiempo como frutos, frutas, raíces y semillas. Sin embargo, los productos de origen animal no se podían conservar durante mucho tiempo y solo en los periodos cercanos al inicio de la Historia se pudieron idear maneras de hacerlo.

Esto nos hace concluir que durante miles de años nuestros antepasados se tuvieron que alimentar, de manera predominante, con alimentos de origen vegetal.

Fig.2: Frutas, verduras y semillas de recolección.


Si ahora analizamos el sistema digestivo, metabólico y excretor de los primates y en concreto, del ser humano actual, se va a confirmar lo expuesto anteriormente. Empezando por la dentadura, que está formada por 8 piezas en cada cuadrante formando en total 32 piezas. De esas 8 piezas, 2 son incisivos que se usan para cortar fundamentalmente la fruta y la verdura, 1 es un canino cuya función principal sería más defensiva que alimentaria, como ocurre en otros primates, y las otras 5 piezas son 2 premolares y 3 molares, especializadas en machacar y moler los alimentos, principalmente las semillas. No encontramos este tipo de piezas dentales en los animales carnívoros, donde predomina una pieza que no tenemos los humanos: la muela carnicera.

El sistema digestivo de un humano es muy largo y tiene un intestino en el que los alimentos que contiene tienen un proceso de absorción y fermentación de unas 24 horas, al contrario que los animales carnívoros que tienen sistemas digestivos muy cortos para evitar la putrefacción de los alimentos en su interior. La digestión de las proteínas grandes y las grasas de origen animal se hace también muy difícil en el sistema digestivo humano ya que el único órgano que tiene enzimas para hacerlo es el páncreas con la pequeña ayuda del hígado para emulsionar las grasas.

Esto hace que una gran cantidad de alimentos ingeridos de origen animal no puedan digerirse adecuadamente y queden en el intestino a disposición de las bacterias anaerobias especializadas en la putrefacción de los alimentos de origen animal. Sin embargo, los alimentos de origen vegetal están formados de forma predominante por hidratos de carbono, aunque contienen también ciertas cantidades de proteínas y de grasas no saturadas habitualmente, y eso le permite al intestino procesar y absorber la mayor parte de lo ingerido y lo que no le es posible digerir, acabará teniendo una fermentación realizada por bacterias que no son agresivas para nuestro organismo y que pueden facilitar la absorción de otros nutrientes que ellas fabrican a partir de los desechos alimentarios del intestino.

Fig.3: Sistema digestivo humano.


Nuestro organismo utiliza fundamentalmente la glucosa para obtener energía en forma de ATP en un complicado proceso metabólico, por lo que todo alimento que se vaya a utilizar para generar energía debe transformarse previamente en glucosa. La mayor parte de los hidratos de carbono se transforman con cierta facilidad en glucosa y las grasas no saturadas también, pero la digestión de las proteínas es mucho más difícil, especialmente con las proteínas de gran tamaño, que son las que predominan en los alimentos de origen animal. Las grasas saturadas también requieren un proceso metabólico más largo. El balance energético de las proteínas es muy bajo por lo que si se consumen muchas proteínas la generación de energía también será baja.

El sistema excretor está formado por varios órganos, pero fundamentalmente la eliminación de los desechos la realiza el propio sistema digestivo, el hígado, el sistema urinario y, en menor medida, el sistema respiratorio y la piel. Si la digestión ha sido pesada y difícil y ha dejado muchos desechos que han aprovechado las bacterias del intestino, aparecerán muchas sustancias tóxicas que será necesario eliminar y les darán mucho más trabajo a los órganos de eliminación que, con el tiempo, perderán la capacidad de eliminar las toxinas.

De lo expuesto anteriormente, se deduce de nuevo que los alimentos de origen vegetal van a ser la mejor fuente para que los seres humanos puedan obtener la energía que les mantenga vivos y sanos. Sin embargo, los alimentos de origen animal, que también pueden aportar una serie de nutrientes al organismo, lo van a hacer a costa de un gran esfuerzo digestivo y de la formación de muchas sustancias tóxicas que será necesario eliminar ya que si no se acumularán en los tejidos provocando que funcionen mal y se generen enfermedades. El ser humano es un comedor habitual de semillas, frutas y verduras, pero puede convertirse en un omnívoro ocasional si no puede conseguir los alimentos que le convienen a su organismo.

Fig.4: Obtención de energía.


La nutrición es, por lo tanto, la forma de obtener energía de fuentes externas para mantenernos vivos. La dieta, sin embargo, es una forma de alimentarnos para conseguir un objetivo, como tener mejor salud, perder o ganar peso, limpiar al organismo, ayudar a curar enfermedades o a evitarlas. Hacer dieta es la manera de nutrirse para conseguir algo mientras nos alimentamos.

Existen múltiples tipos de dietas basadas en diferentes formas de ver al ser humano. Algunas están basadas en ideologías, otras en estudios científicos y otras en la experiencia. Es muy frecuente que las personas demanden algún tipo de dieta que les permita perder peso después de haber abusado de algunos alimentos y también que se recomienden dietas a personas enfermas para reducir las consecuencias de su enfermedad, como los diabéticos, los hipertensos o las personas con el colesterol alto. Algunas buscan el consumo de solo ciertos alimentos como las dietas vegetarianas, veganas o carnívoras. Pero lo cierto es que hay una gran confusión alrededor de qué tipo de alimentación sería la más adecuada para que un ser humano se mantenga vital y sano, tanto la habitual como la ocasional.

De manera muy resumida y en forma de porcentajes, diríamos que una dieta ideal para un ser humano debería tener un 50% de semillas (cereales, legumbres, etc.), un 30-40% de frutas y verduras y un 10% de otros alimentos. Lógicamente, hay que tener siempre en cuenta la edad, el sexo o la situación de cada persona para ajustar adecuadamente esos porcentajes. También influye el clima en el que vive esa persona, el trabajo que realiza, su estado de salud y otras variables.

Aunque esta es una recomendación general, cada persona debe adaptar su dieta a sus necesidades y, para ello, es recomendable que se asesore con personas con suficiente experiencia práctica en el manejo de personas y su alimentación, de manera que pueda adecuar su alimentación a sus necesidades reales.









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