Adicción al Sexo
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LA ADICCIÓN AL SEXO
La adicción al sexo, también
denominada hipersexualidad, trastorno hipersexual, trastorno por comportamiento
sexual compulsivo o compulsividad sexual, es una situación personal caracterizada
por pensamientos, deseos, impulsos y conductas sexuales intensas, persistentes
y difíciles de controlar. La evidencia clínica acumulada durante décadas indica
que se trata de un trastorno patológico real y con mecanismos similares a otras
adicciones a sustancias o a comportamientos. Esta adicción raramente se
presenta aislada y se suele acompañar de trastornos depresivos mayores, trastornos
de ansiedad, situaciones de estrés agudo o crónico, trastorno
obsesivo-compulsivo, abuso de sustancias psicoactivas como anfetaminas, alcohol
y cocaína o trastornos de la personalidad.
Las estimaciones de prevalencia
varían considerablemente según los criterios diagnósticos empleados y la
población estudiada, pero los datos disponibles indican que la prevalencia en la población general adulta se sitúa aproximadamente entre el 3 % y el 6 %, pero en
pacientes con otros trastornos mentales o del comportamiento las cifras
ascienden hasta el 10-16 %. Se estima que en España puede afectar a entre
500.000 y 1.500.000 personas, aunque la mayoría no busca ayuda profesional. En hombres suele empezar en la adolescencia tardía,
a los 15-20 años, y en mujeres surge frecuentemente en la etapa de adulta joven,
a los 20-30 años. Aproximadamente, el 70% de los casos diagnosticados son
en hombres y el 30% en mujeres, aunque muchas mujeres no buscan ayuda
profesional, por lo que estos datos pueden no reflejar la realidad.
Fig.1= El “sexy” o atractivo sexual de los hombres o de
las mujeres.
La adicción al sexo comparte las
alteraciones en los sistemas de recompensa cerebrales que se ven en otras adicciones a
comportamientos. La conducta sexual pone en marcha, de forma intensa, la liberación de
dopamina en el sistema dopaminérgico del cerebro igual que la adicción a
sustancias o a comportamientos. Con la repetición compulsiva, se produce una progresiva pérdida de
eficacia de los receptores, lo que lleva a la persona a necesitar una
estimulación cada vez mayor para alcanzar el mismo nivel de satisfacción, es
decir, tolerancia. Además, el orgasmo desencadena la liberación masiva de
endorfinas y encefalinas, que producen un estado de euforia y alivio del dolor
emocional. Hay también una pérdida de control o una inhibición de la corteza
prefrontal que se encarga del control de los impulsos.
Hay también factores
psicológicos predisponentes, como traumas infantiles, abuso sexual en la
infancia o en la adolescencia, dificultad para identificar y expresar
emociones que lleva a usar el sexo como válvula de escape, la baja autoestima,
estados emocionales negativos o el intento de neutralizar el malestar personal.
Entre los factores sociales se observan el fácil acceso a las imágenes sexuales
estimulantes en papel, video o internet, entornos familiares con problemas sexuales,
la sexualización excesiva de la publicidad, presiones sociales de los grupos
que les rodean y la facilidad de obtener relaciones sexuales rápidas y sin compromiso
a través del uso de aplicaciones de citas y tecnologías de contacto sexual, los
clubes de intercambio o los centros de pago por sexo.
Los principales síntomas de la
adicción al sexo son la preocupación constante por tener relaciones sexuales o
masturbarse de manera obsesiva, los pensamientos intrusivos y recurrentes sobre
el sexo que disminuyen la concentración en la vida cotidiana, la pérdida del
control con incapacidad para resistir los impulsos sexuales pese a la intención
de hacerlo, la necesidad progresiva de aumentar la frecuencia o la intensidad
para obtener la misma satisfacción, la ansiedad, nerviosismo, irritabilidad o
malestar físico cuando no se puede practicar el sexo, el descuido de
responsabilidades laborales, familiares y sociales en favor de la actividad
sexual, la persistencia del comportamiento a pesar de tener consecuencias
negativas, el ocultamiento, secretismo y las mentiras para disimular conducta sexual
inadecuada, e incluso el abuso sexual sobre otras personas extrañas o conocidas.
Fig.2= Acceso a contenidos sexuales en internet.
La adicción al sexo puede
manifestarse a través de muy diversas conductas, como el consumo compulsivo de imágenes
o videos sexuales en internet, la masturbación compulsiva con frecuencias de
muchas veces al día, el intento obsesivo de tener muchas relaciones sexuales al día con la misma persona o con otras, tener múltiples relaciones sexuales paralelas con muchas personas,
la promiscuidad no deseada conscientemente, el uso compulsivo de plataformas de
contacto sexual, aplicaciones de citas o servicios de sexo de pago, el exhibicionismo,
voyerismo u otras parafilias cuando se presentan de forma compulsiva, el uso
incontrolado de chats, videollamadas o mensajería con contenido sexual y el
deseo intenso y frecuente de estar en prostíbulos, clubes o locales de
striptease.
Las consecuencias más
frecuentes de la adicción al sexo son los conflictos en las relaciones de
pareja, las infidelidades repetidas, las crisis de confianza, las separaciones
y los divorcios. También puede haber problemas en la vida laboral con absentismo,
el uso de dispositivos laborales para obtener estimulación sexual, la pérdida
de productividad o el despido. En la salud física hay mayor riesgo de
infecciones de transmisión sexual por el aumento del contacto sexual con varias
personas, las disfunciones sexuales, lesiones físicas por realizar prácticas
sexuales de riesgo, mayor predisposición a tener algunas enfermedades por desgaste o cansancio. En la salud mental puede aparecer depresión, ansiedad, culpabilidad,
baja autoestima, agresividad, intentos de agresión sexual a otras personas e
ideación suicida en los casos graves. También puede haber problemas económicos
por los gastos frecuentes o elevados en el uso de pornografía de pago, en servicios
sexuales o en aplicaciones de citas. En casos extremos pueden surgir conductas
ilegales como el exhibicionismo, el acoso sexual, la violación o el acceso a
material ilegal.
El diagnóstico de esta adicción debe ser realizado por
profesionales experimentados y cualificados del ámbito sanitario o social, mediante
la realización de una entrevista clínica bien estructurada. Se pueden realizar
diferentes cuestionarios como el SAST-R, el HBI, el SCS, el PATHOS o
el ISST. Hay que hacer un diagnóstico diferencial con
otros cuadros clínicos que pueden cursar con comportamientos sexuales excesivos,
como los episodios de manía o hipomanía en el trastorno bipolar, el TOC o
trastorno obsesivo y compulsivo, las parafilias, la normal vida sexual activa y
variada, especialmente en jóvenes, y los efectos secundarios de algunos medicamentos
que pueden activar la conducta sexual.
Fig.3= Prácticas sexuales de riesgo.
El tratamiento de la adicción al sexo requiere un enfoque múltiple y debe adaptarse a las características individuales de cada paciente, teniendo en cuenta la presencia de otras enfermedades, el tipo de conducta adictiva predominante y el contexto personal, familiar y social de la persona. Se puede utilizar la Terapia psicológica Cognitivo-Conductual que trabaja la identificación de los pensamientos automáticos que desencadenan la conducta compulsiva, el entrenamiento en habilidades de control de impulsos, la exposición a estímulos con un plan de respuesta diferente y el desarrollo de estrategias alternativas de regulación emocional. También se usa la Terapia de Aceptación y Compromiso que trabaja la aceptación del malestar emocional sin necesidad de actuar impulsivamente, y el refuerzo de valores personales que eviten la huida compulsiva hacia el sexo. La Psicoterapia psicodinámica y el estudio genealógico son útiles para explorar conflictos inconscientes, patrones de insatisfacción y experiencias tempranas que contribuyen a la adicción.
No existe un fármaco específicamente aprobado para el tratamiento de la adicción al sexo, pero varias clases de medicamentos se usan para actuar sobre los patrones compulsivos, como los antidepresivos fluoxetina, sertralina, paroxetina o la naltrexona que reduce el refuerzo positivo de la conducta sexual al bloquear receptores opioides. Se usan también antiandrógenos que reducen el nivel de testosterona y, con ella, el impulso sexual. Los estabilizadores del ánimo como el litio o el Valproato están indicados cuando la hipersexualidad forma parte de un trastorno bipolar. La leuprorelina se usa en casos extremos con riesgo delictivo, que producen una castración química reversible.
Los programas basados en los 12 pasos de Alcohólicos Anónimos, adaptados a la adicción al sexo, son un componente habitual del tratamiento integral. Sexólicos Anónimos, Adictos al Sexo y al Amor Anónimos que trabaja también la dependencia afectiva, Adictos Sexuales Anónimos y Grupos de adictos on-line. La Terapia de pareja y familiar es frecuentemente necesaria para abordar el trauma de la persona y de su pareja para reconstruir la confianza y restablecer la intimidad emocional y sexual de forma saludable. La terapia familiar puede ser necesaria cuando existen hijos que han sido expuestos a consecuencias del trastorno. El ingreso hospitalario puede ser necesario en situaciones de riesgo inmediato o descompensación psiquiátrica.
Fig.4= Masturbación y juguetes sexuales.
La adicción al sexo es un trastorno crónico con tendencia a la recaída, pero con buen pronóstico final cuando se accede a un tratamiento adecuado. Los factores asociados a un mejor pronóstico incluyen el reconocimiento temprano del problema y tener una buena motivación para hacer el cambio, la ausencia o buena gestión de otras enfermedades, tener una red de apoyo social y familiar sólida, el seguimiento del tratamiento a largo plazo de un mínimo de 12-24 meses y la participación en grupos de apoyo como complemento terapéutico. Es muy útil la identificación de los desencadenantes que precipitan el impulso y reconocer las señales de alerta tempranas como los cambios en el estado de ánimo, pensamientos intrusivos o el aislamiento social y tener una lista de acciones concretas a ejecutar cuando aparece el impulso. La práctica de técnicas de relajación y el ejercicio físico habitual también ayudan a evitar esta adicción.
En conclusión, la adicción al sexo es una conducta que puede alterar mucho la vida de una persona que la padece y de las personas que le rodean, pero suele tener un enfoque terapéutico adecuado para conseguir salir de ella. No hay que confundir nunca la adicción al sexo con las conductas sexuales que se pueden considerar absolutamente normales, habitualmente en períodos concretos de la vida de las personas como la juventud, el inicio de nuevas relaciones o los períodos de después de la abstinencia por pérdida de parejas o de relaciones sexuales estables. El comportamiento sexual de un ser humano es muy variable y no se puede considerar una adicción al deseo de tener unas relaciones sexuales sanas y frecuentes, aunque puedan incluir ciertas prácticas que pueden confundirse con la adicción.
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