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El Ámbar - UNA VIDA INTEGRAL

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El Ámbar

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EL ÁMBAR


El ámbar es una resina vegetal fósil, principalmente procedente de coníferas extintas, que ha tenido un proceso de endurecimiento a lo largo de millones de años. Aunque en la clasificación mineralógica estricta no se considera un mineral verdadero por estar hecho de materia orgánica de origen biológico, se le considera como un mineraloide orgánico o una gema de origen orgánico. A diferencia de los minerales cristalinos, el ámbar posee una estructura amorfa, es decir, que sus moléculas no se organizan en una red cristalina regular.

El proceso de formación del ámbar tiene tres etapas químicas fundamentales, la maduración inicial con la  evaporación de los terpenos más volátiles en las primeras semanas o meses desde la emisión de la resina, la oxidación superficial con la  formación de una capa endurecida externa por reacción con el oxígeno atmosférico y la polimerización profunda por la acción de la presión y la temperatura moderadas durante millones de años que hace que las moléculas de resina se entrelacen formando cadenas de polímeros largas y estables.

Fig. 1: El ámbar.


Los yacimientos de ámbar se encuentran distribuidos por todos los continentes, aunque en concentraciones muy desiguales, pero los depósitos más abundantes se sitúan en las regiones que albergaron extensos bosques de coníferas. El yacimiento más importante del mundo se extiende por las costas del Mar Báltico, especialmente en la región de Kaliningrado (Rusia), Lituania, Letonia, Polonia y Alemania, con el 80 a 90% de todo el ámbar conocido en el mundo y se le denomina succinita. Otra zona es Myanmar, antes Birmania, que es el más antiguo de los yacimientos explotados y se le llama burmita. El de la República Dominicana es de excepcional transparencia y suele tener muchos restos biológicos atrapados en él; la variedad azul de este último es considerada la más valiosa del mundo. Hay otros yacimientos en Méjico, Rumania, Italia, Colombia, Indonesia y Austria.

Una de las clasificaciones del ámbar se basa en la planta de la que proviene la resina. En el de Clase I el origen es de Coníferas tipo pino. El de Clase II se generó a partir de Leguminosas ya extinguidas. El de Clase III se generó en las Coníferas de algunos tipos de cedros y cipreses. El de Clase IV proviene de las Araucarias. El de Clase V surge de árboles tropicales. Otra clasificación es por el color, como el Ámbar dorado o amarillo que es el más común, el Ámbar naranja y rojo que contiene hierro, el Ámbar verde que tiene inclusiones vegetales, el Ámbar azul que contiene hidrocarburos aromáticos policíclicos, el Ámbar blanco por la presencia de burbujas de gas microscópicas, y el Ámbar negro con alto contenido de carbono.

Una de las propiedades más extraordinarias del ámbar es su capacidad de preservar en su interior organismos biológicos con un sorprendente nivel de conservación y puede conservar tejidos blandos, pelo, plumas, órganos internos e incluso material genético degradado con una fidelidad excepcional. Se pueden encontrar insectos, arañas y crustáceos y gracias a ello se han identificado más de 10.000 especies extinguidas gracias a los ejemplares atrapados en ámbar. También se encuentran atrapadas bacterias, hongos, esporas, algas, flores, hojas, semillas, polen y cortezas. Otros son reptiles pequeños, anfibios, plumas de aves primitivas, dinosaurios con plumas y algún mamífero pequeño. Además, pueden hallarse burbujas de gas, gotas de agua, granos de arena y cristales microscópicos de minerales. Todo esto ha permitido conocer, investigar y reconstruir muchas cadenas ecológicas prehistóricas.

Fig. 2: Objetos personales personales hechos con ámbar.


El ámbar ha acompañado a la Humanidad desde el Paleolítico. Los registros arqueológicos más antiguos de su uso decorativo datan de hace más de 30.000 años. Su belleza visual, su capacidad de generar electricidad estática y la curiosa presencia de insectos en su interior convirtieron al ámbar en un material de enorme importancia simbólica, religiosa y comercial. Los fenicios y griegos comerciaban con él desde el Mar Báltico hacia el Mediterráneo en la llamada Ruta del Ámbar y los romanos llegaron a pagar por el ámbar precios superiores a los del oro y lo utilizaban para fabricar amuletos, medicamentos, perfumes y objetos de lujo. Para los griegos, el ámbar eran las lágrimas de las Helíades. El rey Federico I de Prusia mandó construir la Cámara de Ámbar, una sala completamente revestida de paneles de ámbar tallado, oro y espejos, que se consideró en su época la octava maravilla del mundo.

Durante siglos, el ámbar fue considerado un poderoso remedio medicinal. En la Edad Media europea se usaba contra la epilepsia, la infertilidad y las enfermedades respiratorias. En la medicina árabe y persa se empleaba como antidepresivo y tónico cardíaco. El ácido succínico extraído del ámbar báltico fue ampliamente utilizado en farmacología hasta el siglo XIX, y hoy es objeto de investigación por sus posibles propiedades antiinflamatorias y antioxidantes que se pueden usar en ungüentos y cremas para la piel. Otras aplicaciones han sido y son la fabricación de barnices y lacas, la fabricación de perfumes y como material aislante eléctrico.

Pero el uso más frecuente del ámbar ha sido el de gema orgánica, tallado, pulido y montado en joyería para hacer todo tipo de objetos decorativos personales o como decoración de estancias desde hace milenios. Al ser un material relativamente blando se puede trabajar fácilmente con herramientas simples, aunque también se puede arañar. Se pueden hacer piezas moldeadas a mano siguiendo la forma natural del ámbar para minimizar el desperdicio de material, tornearlo o fresarlo para crear piezas simétricas como cuentas, camafeos y medallones para hacer pulseras, collares, anillos, colgantes, broches y hasta pulseras para que los bebes y los niños lo mastiquen en la fase en la que les salen los dientes.

Fig. 3: Objetos ornamentales hechos con ámbar.


El ámbar representa uno de los materiales más fascinantes que existen, ya que es el cruce entre la geología, la biología, la química, la arqueología y el arte. Esta resina fósil ha desempeñado un papel único en la historia humana y continúa revelando secretos de las épocas pasadas de la Tierra. También es una cápsula del tiempo única, ya que ningún otro proceso de fosilización preserva la riqueza biológica que ofrece el ámbar, pudiendo gracias a él investigar y ser testigos de los animales y plantas que existían hace millones de años y además verlos en tres dimensiones. Ha sido testigo y protagonista de la historia humana desde el Paleolítico, transitando por la prehistoria, la historia y el tiempo actual. El ámbar sigue siendo una de las gemas orgánicas más demandadas del mundo.








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