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El Segundo Hijo - UNA VIDA INTEGRAL

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El Segundo Hijo

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- LAS LEYES GENEALÓGICAS: EL ORDEN DE LLEGADA -

EL SEGUNDO HIJO


A diferencia de la llegada del primer hijo que genera un cambio en la convivencia de la pareja, el segundo hijo llega cuando ya los padres están acostumbrados al ritmo y la dedicación de la crianza de los hijos. Es por eso que el impacto de la llegada del segundo sólo implica inicialmente una adaptación de lo que ya había cambiado en el ambiente de la pareja con la llegada del primero sólo que en el primero había dos padres dedicados a un solo niño y ahora tienen que repartirse el trabajo para atender a los dos.

En la fase del embarazo, normalmente los padres preparan al primer hijo para la llegada de un hermano tratando de establecer un vínculo ya desde el principio y normalmente el primer hijo acoge la noticia con alegría pensando en un hermano con el que jugar y ajeno al proceso de territorialidad y competencia al que tendrá que enfrentarse en poco tiempo.

Al igual que lo que ocurrió con el primer hijo, el segundo embarazo no está exento de percances, tanto naturales como artificiales, que puedan hacer que el embarazo no llegue a término o que la pareja pase por periodos de problemas entre ellos o externos como carencias económicas o cambios en la familia del tipo de muertes, enfermedades, nuevas parejas o la llegada de nuevos miembros.

Fig.1= Llegada del segundo hijo.


Cuando llega el segundo hijo el orden natural está ya establecido, porque el primero lleva un tiempo ocupando su lugar, así que al segundo no le queda más remedio que asumir que el territorio ya estaba ocupado cuando él ha llegado y que tiene que ir ganando su puesto día a día. Esto ocurre también con los padres, que ya habían asignado un lugar especial al primer hijo y ahora tienen que acostumbrarle a compartir el espacio y a ellos mismos con el recién llegado.

En la etapa de bebé, normalmente la madre tiene que dedicar muchas horas a dar de mamar al niño y atender sus necesidades por lo que está menos disponible para el primero, lo que facilita que el padre dedique más tiempo a este hijo que al recién llegado, reforzando el vínculo con el primero y a la vez de la madre con el segundo. Dependiendo del sexo del primero y del segundo, estos vínculos pueden ser muy intensos o no, pero marcarán de forma muy importante la relación y la personalidad en el futuro de los dos hijos con los padres y entre ellos.

La relación de la pareja se suele ver, de nuevo, resentida por la presencia de un bebé que absorbe la mayor parte del tiempo y energía de la madre, y el padre tiene que dedicar más tiempo al primer hijo con lo cual hay menos capacidad para mantener a la pareja unida y con buena relación. Si los vínculos de la pareja no son fuertes es fácil que surjan conflictos entre ellos que puedan llevar a la pareja a plantearse su continuidad, pero si los lazos de afecto previos de la pareja son fuertes es muy probable que esto refuerce la formación de una familia estable. Esto ha llevado a generar una frase popular que dice que “el primer hijo ata y el segundo desata”.

Fig.2= El hermano mayor juega con el segundo y trata de dominarle.
 

La llegada del segundo hijo va a provocar una crisis, que puede ser muy importante, en el primer hijo, especialmente cuando el recién llegado tiene ya ocho o más meses de vida y empieza a ocupar cada vez más espacio en la casa. En su proceso inconsciente va a surgir la rivalidad con su hermano y puede que desarrolle impulsos agresivos hacia él, lo que muy probablemente provocará que los padres le riñan y aparezca una tensión que antes no había entre ellos. Sus opciones serán la de hacer de hijo mayor, tratando de cuidar a su rival para ganarse el afecto y la admiración de los padres o la de actuar con indiferencia o agresividad hacia él recibiendo entonces mensajes negativos contra él por parte de los padres y otros familiares.

El síndrome del príncipe o la princesa destronados va a aparecer con más fuerza según el segundo hijo crece y reclama su espacio. La tendencia natural a la preferencia del padre o la madre, por uno de los dos hijos, incrementada por el orden de llegada y el sexo, puede aumentar esta tensión entre los hermanos y dificultar su futura en relación y comportamiento en la época de adolescentes y de adultos.

Sin embargo, a partir de que el pequeño llega a los dos años, puede convertirse en el compañero de juegos que había deseado tener el primero y esto puede hacer que mejore la relación entre los hermanos, siempre que el segundo admita el dominio que sobre él intentará ejercer el primero. En el caso de que uno de los hermanos sea chico y la otra chica, puede que esta tendencia al juego común no sea tan evidente por las diferentes apetencias de cada uno. En caso de que haya algún primo, vecino o amigo de su misma edad, uno de los dos puede dar preferencia a estos compañeros de juego en lugar de al hermano.

Fig.3= Afinidad del padre por el primer hijo y de la madre por la segunda hija.
 

Con el paso del tiempo se irá viendo cómo se va formando la personalidad y el carácter de cada uno de los dos hijos y cómo intentan sacar el mayor provecho posible de la protección de uno de los dos padres, quedando cada vez más evidente la influencia de cada uno de ellos sobre uno de los dos hijos.

La tendencia genealógica normal sería que el padre opte por la preferencia hacia el primer hijo y la madre por la del segundo. Pero si el primero es un chico, el padre intentará hacer un vínculo muy intenso con éste dándole preferencia sobre el segundo, sea chico o chica. Pero si la primera es una chica, se habrá producido muy probablemente una reacción inconsciente de rechazo interno hacia ella, aunque externamente la relación pueda ser normal, a la espera de la llegada de un hijo varón y si el segundo es un chico, el padre intentará ver en él a su auténtico heredero dejando a su primera hija en una situación muy incómoda. Todo esto es una tendencia Inconsciente de la que el Consciente no suele darse cuenta.

La tendencia natural de la madre es aceptar a todos sus hijos sean chicos o chicas por lo que si el primer hijo es un chico y el segundo es una chica el reparto de papel será fácil dado que el padre optará por la tendencia natural hacia su primer hijo y la madre hacia la segunda hija. Si la primera es una chica, la madre intentará hacer un vínculo especial con ella por la afinidad entre sexos y no la rechazará. Pero si el segundo es un chico le acogerá como su defensor en lugar de que sea el heredero del padre. Si la primera es una chica y la segunda también, la madre optará por la preferencia hacia la segunda, dejando el camino más fácil al vínculo entre el padre y la primera hija. Si no llegan más hijos la segunda hija será muy especial para la madre.

Fig.4= El padre trata de ver al segundo hijo como su heredero.
 

Si el sexo de los dos hermanos es diferente, es muy probable que con la llegada de la adolescencia y después de la juventud hagan caminos separados y surjan muchos recelos a la hora de compartir espacio entre ellos. Este conflicto puede cambiar a partir de los 30 años si han sabido modular los choques entre ellos.

La influencia en tercera generación hará que el primer hijo trate de coger el carácter o la influencia del abuelo del lado del padre de su mismo sexo así que si es chico buscará la influencia del abuelo paterno y si es chica la influencia de la abuela paterna. El segundo hijo buscará la influencia del abuelo materno en caso de que sea chico y de la abuela materna en caso de que sea chica. Si alguno de esos abuelos tiene problemas de relación o conflictos con los padres de su nieto, puede que alguno de los hijos opte por coger la influencia del otro lado.

Si siguen llegando más hijos, las influencias de los padres y los abuelos sobre ellos pueden ir variando, pero el primer hijo siempre tendrá una influencia más marcada del lado del padre y el último hijo una influencia más importante del lado de la madre, independientemente del orden de llegada y el sexo.

Fig.5= Influencias genealógicas sobre el segundo hijo o hija.










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