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Adicción a la Comida - UNA VIDA INTEGRAL

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Adicción a la Comida

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LA ADICCIÓN A LA COMIDA


La adicción a la comida es un trastorno de comportamiento alimentario caracterizado por el consumo compulsivo e incontrolado de alimentos, especialmente aquellos con muchas calorías y con un sabor intenso, que comparte características personales y neurológicas con las adicciones a sustancias psicoactivas. Los alimentos altamente procesados, ricos en azúcar, grasa y sal, activan los circuitos de recompensa del cerebro de manera similar a las drogas adictivas y esto genera tolerancia, abstinencia, pérdida de control y uso compulsivo, los cuatro pilares que definen la adicción. A diferencia del hambre fisiológica, la adicción a la comida implica el deseo intenso de consumir muchos alimentos sin que haya una necesidad real de tomarlos, la dificultad para detener el consumo una vez iniciado, y continuación del comportamiento a pesar de consecuencias negativas conocidas para la salud física, emocional y social de la persona que lo hace.

La prevalencia global de la adicción a la comida se estima entre un 15% y un 20% de la población adulta de los países de la cultura occidental y en las mujeres es hasta un 30% más elevada que en los hombres. Los alimentos industriales, los de comida rápida, la comida basura y los ultraprocesados son los principales desencadenantes de las conductas adictivas. Existe una asociación significativa entre la adicción a la comida y la depresión, la ansiedad, la baja autoestima, el trastorno emocional, los conflictos sin resolver y la apatía. Algunos investigadores lo asocian también con cierta una tendencia genética familiar, pero los factores más habituales son la facilidad de obtenerlos y el precio barato de los alimentos ultraprocesados, la publicidad alimentaria dirigida especialmente a niños y adolescentes, el nivel socioeconómico bajo, el estrés crónico laboral, familiar o social, los hábitos sociales o culturales que utilizan la comida como recompensa o consuelo y la falta de sueño.

Fig.1= Adicción a la comida.
 

La valoración de la adicción a la comida se hace a partir de una serie de criterios como el consumo de comida en cantidades mayores o por periodos más prolongados de lo planeado, el deseo persistente de comer, los esfuerzos infructuosos por controlar el consumo, invertir mucho tiempo en obtener comida y consumirla, ansia intensa o deseo urgente de comer, incumplimiento de obligaciones cotidianas para tener el consumo compulsivo, seguir comiendo en exceso a pesar de tener problemas sociales o personales, abandono de actividades importantes debido al consumo, consumo recurrente en situaciones que implican riesgo físico, seguir comiendo a pesar de conocer las consecuencias negativas, necesidad de cantidades cada vez mayores para obtener el mismo efecto y síntomas de abstinencia al reducir o detener el consumo.

El sistema dopaminérgico, comúnmente denominado el sistema de recompensa, es la base neurobiológica principal, tanto en las adicciones a sustancias como en la adicción a la comida. Este sistema comprende áreas cerebrales importantes como la corteza prefrontal, el sistema límbico, la amígdala cerebral y el hipocampo. Cuando una persona consume alimentos con sabor intenso, especialmente los ricos en azúcar refinado, grasas saturadas o sal, algunos núcleos del cerebro liberan cantidades importantes de dopamina y esta liberación genera una sensación de placer y de refuerzo positivo que activa el deseo de volver a comer. Con el tiempo y la repetición del comportamiento, el sistema se adapta y reduce la sensibilidad de los receptores de la dopamina, lo que lleva al individuo a necesitar mayores cantidades de alimento para obtener el mismo nivel de satisfacción, generando la tolerancia. Otros neurotransmisores implicados son la serotonina, las endorfinas, el GABA, el glutamato y el eje grelina/leptina. El intestino, considerado el segundo cerebro o el cerebro emocional inconsciente, suele estar muy implicado en esta adicción.

Los síntomas característicos que tiene una persona con adicción a la comida son el deseo intenso, persistente y difícil de resistir por consumir alimentos concretos, la pérdida de control o incapacidad para detener el consumo una vez iniciado el episodio, la necesidad de aumentar las cantidades de comida para obtener la misma sensación de satisfacción, la irritabilidad, ansiedad o cefalea al disminuir el consumo excesivo, la continuación del consumo compulsivo a pesar de ver las consecuencias negativas que genera, el aislamiento social al evitar estar en situaciones con otras personas con el objetivo de poder comer compulsivamente sin ser observada, comer a escondidas, esconder alimentos o mentir sobre el consumo y tener culpa, vergüenza o malestar emocional intenso después del episodio. Pese a los esfuerzos repetidos por restringir el consumo, el ciclo tiene tendencia a reaparecer.

Fig.2= Obesidad.
 

La adicción a la comida tiene consecuencias físicas y psicológicas de importancia que afectan a varios sistemas corporales y contribuye directamente al desarrollo de enfermedades crónicas que ponen en riesgo la vida de la persona. Estas consecuencias son la obesidad moderada, grave o mórbida, el daño  en el metabolismo, la diabetes tipo 2, la resistencia a la insulina, enfermedades cardiovasculares como la hipertensión, dislipemia, aterosclerosis, trombosis o infarto, hígado graso, alteraciones del sistema digestivo como fermentación intestinal, gases, acidez, gastritis, úlceras, diarrea o estreñimiento, dolor articular, lesiones musculares o de ligamentos, dolor crónico e inflamación corporal generalizada, carencias nutricionales y deficiencias de algunos nutrientes. A nivel psicológico se produce un deterioro de la autoestima y de la imagen corporal, depresión, ansiedad, malestar crónico, aislamiento social y deterioro de relaciones interpersonales, dificultades laborales y académicas, estigmatización social y discriminación por peso.

El tratamiento de la adicción a la comida requiere la participación de varios profesionales experimentados que contemple los componentes físicos, psicológicos, nutricionales y sociales del trastorno. No existe un tratamiento único eficaz y tampoco hay fármacos que actúen sobre esta adicción, pero la experiencia indica que las actuaciones combinadas producen mejores resultados que los tratamientos sencillos. Se usa la terapia psicológica, trabajando los patrones de pensamiento alterados, la imagen corporal, la aceptación y las emociones. Un nutricionista con experiencia en trastornos de conducta alimentaria puede también ayudar con la normalización de los hábitos y las tendencias alimentarias y el reconocimiento de las falsas señales internas de hambre. Los grupos de apoyo y la terapia de grupo son una valiosa ayuda. Un buen médico integrador puede ayudar a regular los sistemas afectados por la adicción.

En conclusión, la adicción a la comida es un trastorno complejo y con múltiples factores desencadenantes que comparte bases físicas y psicológicas con las adicciones a sustancias. Ciertos alimentos, especialmente los ultraprocesados, los azúcares refinados, los salados y las grasas saturadas, tienen la capacidad de alterar los circuitos cerebrales de recompensa generando dependencia en las personas vulnerables. La prevención de esta adicción no resulta fácil dado que hay muchos intereses económicos que facilitan la aparición y el mantenimiento de esta adicción, como los de la industria alimentaria, los beneficios en impuestos de los gobiernos, la legislación favorable y la presión social en el consumo de alimentos en los niños, los adolescentes y los jóvenes que se ven presionados para tener las conductas alimentarias del grupo y para sentirse aceptados por sus compañeros.

Fig.3= Algunos alimentos implicados.
 










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