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Adicción al Juego - UNA VIDA INTEGRAL

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Adicción al Juego

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LA ADICCIÓN AL JUEGO


La adicción al juego, conocida técnicamente como trastorno de juego o ludopatía, es un trastorno del comportamiento caracterizado por un patrón persistente y recurrente de conducta de juego problemático que causa un deterioro o malestar físico o psicológico clínicamente significativo en la vida de la persona. A diferencia de otras adicciones, no implica la ingesta de ninguna sustancia, razón por la cual se clasifica dentro de las adicciones a comportamientos. El juego de azar ha existido en prácticamente todas las culturas humanas a lo largo de la historia y siempre ha habido personas que han arruinado sus vidas por el juego, sin embargo, la transición a entornos electrónicos y digitales, la proliferación de casinos en línea, las apuestas deportivas, los videojuegos con mecánicas de azar y las aplicaciones móviles han transformado profundamente el alcance y la gravedad de este fenómeno en el siglo XXI.

La prevalencia del trastorno de juego varía considerablemente según el país, el método de diagnóstico y la disponibilidad y accesibilidad de oportunidades de juego. Se considera que aproximadamente un 3% de la población mundial es adicta al juego, de los que un 1% está en Europa Occidental y otro 1% en Estados Unidos. La prevalencia en adolescentes y jóvenes es del 4% al 8%, varones adultos del 2,5% al 5%, en mujeres adultas es del 1% al 2% y en personas con otras enfermedades psiquiátricas llega hasta el 15%. La digitalización ha acelerado notablemente la prevalencia de la adicción al juego, y se estima que el número adictos aumentó un 40% entre 2015 y 2023, impulsado por la proliferación de plataformas de apuestas deportivas en línea, la legalización del juego online en múltiples países y estados, el acceso permanente a través del móvil, la publicidad agresiva dirigida a públicos jóvenes y el impacto de las criptomonedas y plataformas de apuestas.

Fig.1= Adictos al juego.


Ciertos grupos de personas presentan una vulnerabilidad significativamente mayor al desarrollo de la adicción al juego. Los adolescentes de 15 a 19 años, y más frecuentemente los varones, están especialmente predispuestos a caer en la adicción; también las personas con antecedentes familiares de adicción de cualquier tipo; las personas con trastornos mentales previos, como depresión o ansiedad; los que están en situación de aislamiento social o de soledad crónica; los adultos mayores en situación de viudedad o de retiro laboral; las personas que han experimentado un trauma físico, mental o emocional o pérdidas significativas de personas o del trabajo; las personas con alta tendencia a la impulsividad o a la búsqueda de sensaciones intensas.

Hoy se sabe que el trastorno de juego tiene los mismos circuitos cerebrales de recompensa y control que las adicciones a sustancias o a otros comportamientos, los de la dopamina. Hay una falta de activación de algunos núcleos cerebrales ante estímulos de recompensa, lo que genera tolerancia y necesidad de apostar cantidades mayores, y hay una mayor activación ante señales relacionadas con el juego, como las luces del casino, los sonidos de las tragamonedas, o los logotipos de las apuestas. Hay una alta liberación de dopamina durante la anticipación del juego, incluso mayor que la que ocurre mientras se juega. Uno de los hallazgos más relevantes de la investigación aplicada al juego es el denominado “efecto del casi acierto”; las tragamonedas y otros juegos están diseñados para generar resultados que se perciben como casi aciertos, que activan el sistema de recompensa casi de la misma forma que con las victorias reales, lo que perpetúa la conducta de juego a pesar de las pérdidas objetivas.

Los adictos al juego tienen unas características que ayudan a hacer el diagnóstico. Tienen la necesidad de apostar cantidades de dinero crecientes para conseguir la emoción deseada, es decir, tolerancia. Inquietud o irritabilidad cuando se intenta reducir o abandonar el juego, o síndrome de abstinencia. Han realizado esfuerzos repetidos e infructuosos para controlar, reducir o abandonar el juego. Están frecuentemente preocupados por el juego, como planificar la próxima apuesta, pensar formas de conseguir dinero para jugar o revivir experiencias de juego pasadas. Buscan jugar cuando sienten angustia, indefensión, culpa, ansiedad o depresión. Después de perder dinero en el juego, suelen volver otro día para intentar recuperar las pérdidas. Mienten para ocultar su grado de implicación con el juego. Han puesto en peligro o han perdido una relación importante, un empleo o una oportunidad educativa o profesional a causa del juego. Suelen contar con los demás para que les proporcionen dinero que alivie la desesperada situación financiera causada por el juego. La persona debe presentar un comportamiento de juego problemático persistente y recurrente con al menos cuatro o más de los anteriores criterios durante un período de más de 12 meses.

Fig.2= Adicción a juegos de casino y a las máquinas tragaperras.
 

La adicción al juego no aparece de forma repentina. Se ha descrito un modelo por fases que explica cómo una persona transita desde el juego recreativo hasta la adicción grave. Primero está la Fase de Ganancias, en la que el jugador experimenta rachas de buena suerte, desarrolla fantasías de éxito fácil y aumenta las apuestas. El juego se percibe como placentero y emocionante. Esta fase puede durar meses o años. Después viene la Fase de Pérdidas, en la que aparecen las primeras pérdidas significativas y el jugador comienza a volver a jugar para recuperarlas, pide préstamos, oculta las deudas y miente a familiares, de forma que el juego deja de ser un placer y se convierte en obsesión. A continuación, aparece la Fase de Desesperación, cuando las deudas son graves e inmanejables, el jugador pierde el control, puede involucrarse en actividades ilegales para financiar el juego como el fraude o el robo, y se deterioran todas las áreas vitales: familia, trabajo, salud. En la Fase de Desesperanza el jugador siente que no hay salida y aparece la depresión, las ideas suicidas, los intentos de suicidio y el abandono total de su vida anterior.

Hay una serie factores de riesgo que inducen al juego, como la alta impulsividad y la búsqueda de novedades y sensaciones, la baja tolerancia a la frustración, un historial de trauma o abuso en la infancia, otros trastornos mentales, consumo de sustancias que desinhiben y favorecen el juego, creencias irracionales sobre el azar y el control, experiencias de ganancias tempranas y significativas, necesidad de excitación y adrenalina psrs esconder su realidad cotidiana. Otros son ambientales y sociales como el fácil acceso a establecimientos de juego o plataformas online, la publicidad agresiva e invasiva, el entorno familiar o social donde el juego es normalizado, antecedentes familiares de adicción, situación de desempleo, aislamiento social o crisis económica, presión del grupo en los adolescentes y jóvenes.

Las pérdidas económicas son generalmente la primera y más visible manifestación del problema, como las deudas en tarjetas de crédito o los préstamos, la pérdida de los ahorros personales o familiares, el empeño o venta de bienes del hogar, el impago de la hipoteca o el alquiler, la solicitud compulsiva de préstamos a familiares, amigos y prestamistas, la participación en actividades ilegales para financiar el juego. También son signos la aparición de depresión en más del 50% de los casos, ansiedad generalizada, ataques de pánico, baja autoestima, sentimientos intensos de culpa y vergüenza, insomnio crónico y otros trastornos del sueño, tendencias suicidas e intentos de suicidio, abuso de alcohol y otras sustancias como mecanismo de escape, ruptura de relaciones de pareja, deterioro de las relaciones con hijos, padres y hermanos, aislamiento progresivo y pérdida de amistades, pérdida del empleo. El trastorno de juego afecta también al entorno familiar y social del jugador.

Fig.3= Terapia individual y de grupo.
 

Con el tratamiento adecuado, la mayoría de las personas pueden recuperar el control sobre su comportamiento y reconstruir su vida. El abordaje terapéutico más efectivo es combinando psicoterapia, apoyo grupal, intervención familiar y, si es necesario, farmacoterapia para paliar algunos síntomas. La terapia psicológica es el tratamiento con mayor evidencia científica de resultados en la adicción al juego. Hay que actuar sobre las creencias irracionales sobre el azar, la ilusión de control y utilizar técnicas de exposición con prevención de respuesta para manejar los impulsos, además de entrenar a la persona en habilidades de afrontamiento del estrés y de las emociones negativas. También es necesario prevenir las recaídas.

La Terapia de Aceptación y Compromiso trabaja con el paciente y sus pensamientos y emociones relacionados con el juego, fomentando la aceptación psicológica y el compromiso con valores personales como alternativa para la evitación de situaciones estresantes que perpetúan la adicción. Los programas de autoayuda basados en los 12 pasos, como Jugadores Anónimos (JA), tienen una larga tradición y han demostrado ser un componente valioso de la recuperación, especialmente como complemento de la psicoterapia; hay reuniones gratuitas, regulares y anónimas en múltiples ciudades y en línea con el apoyo de personas que han vivido la misma experiencia. La familia juega un papel fundamental tanto en el desarrollo como en la recuperación del trastorno de juego. Ayudan también las medidas de autoexclusión en casinos, salas de juego y plataformas online con un registro voluntario que bloquea el acceso.

La adicción al juego es un trastorno mental complejo, multidimensional y con consecuencias devastadoras para el individuo, la familia y la sociedad. La digitalización y la proliferación del juego online representan el mayor desafío actual en la prevención y el tratamiento de este trastorno. Las políticas públicas deben adaptarse con urgencia para proteger a los grupos más vulnerables, especialmente adolescentes y jóvenes adultos. La recuperación es un proceso largo que requiere compromiso, apoyo profesional y la existencia de una red social real. El reconocimiento social de la adicción al juego como enfermedad, y no como vicio o debilidad moral, es fundamental para eliminar el estigma que impide que muchas personas busquen ayuda a tiempo.








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