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Sobre la Adicción a Sustancias - UNA VIDA INTEGRAL

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Sobre la Adicción a Sustancias

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SOBRE LA ADICCIÓN A SUSTANCIAS


La adicción a sustancias es un trastorno crónico y recidivante de carácter mental y neurológico en el que una persona busca y consume una droga esperando conseguir algún tipo de efecto a pesar de conocer habitualmente las consecuencias negativas de hacerlo. La adicción a sustancias implica cambios cerebrales en los circuitos neuronales de recompensa, control y memoria que facilitan la adicción, la dependencia y dificultan el proceso de dejar de consumir esa sustancia. La adicción se caracteriza por el deseo leve, moderado, intenso o compulsivo de consumir la sustancia, la disminución del control sobre la cantidad o frecuencia de uso, la necesidad de consumir más para obtener el mismo efecto y los síntomas de abstinencia al reducir o interrumpir el consumo.

Las sustancias que están más habitualmente implicadas en esta adicción son el alcohol, la cafeína, la nicotina, la cocaína, el opio y sus derivados, las anfetaminas, las benzodiacepinas, los barbitúricos, el cáñamo, los alucinógenos y las sustancias inhalantes. Los factores que inducen a iniciar el consumo y a mantenerlo son variados, como el entorno familiar, los trastornos emocionales, los traumas, la edad, los trastornos de ansiedad y depresión, las enfermedades y alteraciones de la salud mental, la predisposición genética, el fácil acceso a la sustancia y la presión social. Es muy frecuente que la adicción afecte a todos los ámbitos de la vida como a la salud física y mental o a las relaciones sociales, familiares y laborales.

Fig.1= Algunas sustancias que generan adicción.
 

Las consecuencias de la adicción a sustancias suelen ser importantes para la persona adicta, aunque durante un tiempo puedan no ser evidentes externamente y la persona tienda a minimizar las consecuencias de su adicción, especialmente si las sustancias que consumen son legales y de fácil acceso. Son frecuentes la intoxicación aguda, la alteración del juicio, el trastorno de la personalidad, los cambios en la conducta, el consumo excesivo o sobredosis, los daños físicos en órganos como hígado, el corazón o los pulmones, el deterioro cerebral y cognitivo, problemas sociales, problemas económicos, el desinterés por el cuidado personal, el abandono de las relaciones sociales o familiares, el aislamiento o el mayor riesgo de contraer enfermedades infecciosas o de otro tipo.

Se pueden citar como ejemplo los efectos del consumo de alcohol, como la intoxicación o borrachera, los vómitos, la pérdida de coordinación, el comportamiento de riesgo, el coma etílico, la hepatitis alcohólica, la cirrosis hepática, pancreatitis, enfermedades del corazón y las arterias, la demencia por alcohol, las neuropatías, los cánceres de hígado o de esófago, los problemas laborales, las relaciones familiares o sociales rotas y violencia doméstica. El síndrome de abstinencia en los grandes consumidores suele ser muy fuerte con ansiedad, temblores, irritabilidad, agresividad, trastorno de la conducta intenso y delirio.

Otra sustancia muy adictiva es la nicotina, que se suele consumir en forma de tabaco por vía respiratoria o inhalada o a través de parches y chicles. Los efectos más habituales son la tendencia al nerviosismo, el aumento de frecuencia cardíaca, de la presión arterial, la tendencia al exceso de trabajo y al estrés y a la dependencia intensa. El tabaco es la sustancia que más aumenta el riesgo de padecer muchas enfermedades como el cáncer de pulmón, el de laringe, el de lengua y el de vejiga entre otros cánceres, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), enfermedades cardiovasculares como el infarto de miocardio, la hipertensión, la arterioesclerosis o las trombosis y los ictus. La retirada del consumo genera ansiedad irritabilidad, inquietud, nerviosismo, insomnio, alteración de la conducta o el deseo compulsivo del consumo.

Fig.2= Las adicciones perjudican la salud de los adictos.
 

La cafeína y la teobromina son dos drogas estimulantes de muy fácil acceso y a un precio muy barato que se pueden encontrar en el café, el té, las colas, las bebidas estimulantes y el chocolate y los derivados del cacao. Estas drogas provocan nerviosismo, ansiedad, insomnio, temblores, sensación de inquietud, taquicardia, palpitaciones, acidez, reflujo gastroesofágico, úlceras de estómago y de duodeno y urgencia urinaria. La retirada de la cafeína lleva consigo una sensación de cansancio intenso, debilidad y falta de energía, dolor de cabeza y malestar general.

El cáñamo es una droga cuyo consumo está prohibido en algunos países y en otros es tolerado pero su venta no es legal, lo que le añade un riesgo si se tiene una cierta cantidad en casa. Los síntomas que provoca son alteración del pensamiento y el juicio, falta de coordinación, alteración de la memoria, disminución de la atención, alucinaciones, ansiedad, paranoia, bronquitis crónica, reducción del rendimiento académico o laboral. La falta de consumo produce irritabilidad, nerviosismo, ansiedad, insomnio, disminución del apetito y apatía.

Los derivados del opio como la morfina, la heroína, naltrexona, la metadona o los fármacos recetados para el dolor como la meperidina, la oxicodona o el fentanilo, son algunos ilegales, pero otros se pueden conseguir con una receta médica. Son muy peligrosos, pues generan riesgos muy importantes de sobredosis y de muerte, además de tener una adicción muy difícil de eliminar. Provocan una intensa analgesia, depresión respiratoria, náuseas, somnolencia, bradicardia, dependencia muy intensa, estreñimiento crónico, pérdida del apetito sexual, riesgo de infecciones en las que se inyecta, pérdida del trabajo, problemas legales y aislamiento. La retirada provoca síntomas intensos de dolor muscular, diarrea, vómitos, insomnio, ansiedad, agresividad y violencia.

Fig.3= Derivados del opio.
 

Las sustancias estimulantes como la cocaína o las anfetaminas son muy buscadas por las personas que quieren llegar más lejos de lo que su cuerpo podría hacer de forma natural. Suelen provocar insomnio, arritmias, infarto de miocardio, hipertensión, accidente cerebrovascular, ansiedad, psicosis, convulsiones, pérdida de peso, deterioro cognitivo, problemas mentales, conductas de riesgo, problemas laborales, descontrol de la economía y aislamiento. La retirada del consumo provoca fatiga extrema, depresión, sueño prolongado, inapetencia e ideación suicida.

Los ansiolíticos y antidepresivos como las benzodiacepinas, los inhibidores de la recaptación de serotonina y los barbitúricos son fármacos que se recetan con mucha frecuencia para tratar la ansiedad y la depresión, pero que generan una adicción muy rápida e intensa y un efecto de rebote muy fuerte a los que las consumen. Provocan somnolencia, apatía, decaimiento, inapetencia sexual, depresión respiratoria, atontamiento, pérdida del control consciente, aumento de riesgo de accidentes, deterioro cognitivo y problemas de memoria. Su retirada suele provocar una gran ansiedad, irritabilidad, agitación, depresión, aislamiento, convulsiones, insomnio e ideación negativa.

Las sustancias alucinógenas y psicodélicas como el LSD, la psilocibina, MDMA o la ketamina son utilizadas por personas que buscan tener experiencias psicológicamente intensas y percepciones sensoriales excepcionales. Pueden provocar ansiedad, ataques de pánico, desorientación, deshidratación, pérdida del control de la realidad, brotes psicóticos, aislamiento, trastornos mentales, lesiones en vejiga y riñones y dificultad para el estudio o para trabajar. La retirada puede dar apatía, depresión, desmotivación, pérdida del interés y fatiga.

Fig.4= Experiencias psicodélicas.
 

El abordaje de una persona adicta a sustancias suele ser difícil, ya que le cuesta mucho dejar de consumir esa sustancia por los efectos que le provoca y también reconocer el simple hecho de ser adicto a una sustancia. Eso incluso, a pesar de que puede estar dándole series problemas de salud, de equilibrio mental o dificultad para mantener las relaciones sociales, familiares e incluso el trabajo. Se requiere siempre un enfoque profesional, habitualmente de médicos y psicólogos, con terapia de grupo y ocupacional, reactivar el contacto con la realidad, motivación y planes de vida además del apoyo social y de la familia para poder ayudar a retirar algunas de las sustancias más peligrosas. Lo mejor es evitar el inicio y su consumo, especialmente en las épocas de la adolescencia y de la juventud.











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