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La Abeja - UNA VIDA INTEGRAL

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La Abeja

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LA ABEJA


La abeja es un animal que ha establecido un vínculo de beneficio mutuo entre las plantas y ella, de forma que las plantas le ofrecen sus flores con su néctar para alimentarlas y ellas las polinizan trasladando su polen de flor en flor, de manera que mejoran la genética de la planta además de ayudarlas a generar sus semillas. De esta forma, no solo ayudan a las plantas en su proceso vital, sino que también lo hacen con los animales que comen esas plantas o sus semillas. Pero además son muy importantes en la alimentación de los seres humanos, ya que gracias a las abejas las plantas cultivadas pueden reproducirse de forma eficaz facilitando las cosechas, además de ofrecer a los humanos alimentos de primera calidad como la miel, el polen o la jalea real.

Las abejas son insectos que llevan más de cien millones de años evolucionando con las plantas de flor y constituyen uno de los grupos de animales más decisivos para el funcionamiento de los ecosistemas terrestres y para la alimentación de los seres humanos. Su papel como polinizadoras hace posible la reproducción de una inmensa variedad de plantas silvestres y cultivadas, sosteniendo cadenas alimentarias completas y gran parte de la diversidad de frutas, hortalizas, frutos secos y semillas que consumimos a diario. Hay muchas especies de abejas pero la gran mayoría de ellas son solitarias, ya que cada abeja construye su propio nido y cría a su descendencia sin la ayuda de otras, pero la abeja común, o abeja de la miel, vive en grandes comunidades y es un fascinante animal sobre el que se han hecho cientos de estudios científicos. Su presencia cerca de los humanos despierta siempre una cierta inquietud por su capacidad de picar e inyectar su veneno, muchas veces con gran dolor e inflamación o reacciones alérgicas a veces mortales, pero hay que saber que la abeja solo pica si ella misma o la colmena están en peligro, solo para defender, ya que después de picar el aguijón se arranca de su abdomen, lo que le lleva a muerte. Algunas personas utilizan el veneno, o la propia picadura de la abeja, como un tratamiento terapéutico, muchas veces realmente eficaz en ciertas enfermedades.

Fig. 1: La abeja de la miel: la abeja reina, las obreras y el zángano.


Solo un grupo reducido de abejas ha desarrollado la sociabilidad, en forma de colonias permanentes con una reina reproductora, obreras estériles y un alto grado de cooperación entre ellas. La principal y más conocida es la abeja de la miel, Apis mellifera, la especie social por excelencia, que ha sido utilizada por el ser humano desde hace miles de años para la producción de miel y polen además de la polinización de los cultivos. Pero dentro de este grupo están también los abejorros, que forman colonias anuales, más pequeñas que las de Apis, y son extraordinariamente eficaces polinizando cultivos gracias a su capacidad de "polinización por zumbido". Algunas otras abejas sin aguijón son comunes en regiones tropicales, forman colonias perennes y producen mieles muy apreciadas localmente.

El cuerpo de la abeja está dividido en tres partes: cabeza, tórax y abdomen. En la cabeza se sitúan dos grandes ojos compuestos, capaces de detectar luz ultravioleta y patrones de polarización que las plantas utilizan para guiarlas hacia el néctar, además de tres ocelos simples que perciben la intensidad de la luz; las antenas tienen miles de sensores químicos, son su principal herramienta para detectar olores, feromonas y vibraciones, la boca incorpora mandíbulas para manipular cera y materiales de construcción, y una lengua alargada que funciona como una pajita para succionar el néctar de las flores. Del tórax salen dos pares de alas membranosas que se acoplan en vuelo mediante una hilera de pequeños ganchos, permitiendo un control de vuelo extraordinariamente preciso, y también tres pares de patas. En las obreras, las patas traseras presentan una estructura especializada, la "cestilla" o corbícula, donde se compacta y transporta el polen recolectado de vuelta a la colmena.

El abdomen contiene el sistema digestivo, incluido el buche melario o "estómago de la miel", donde se transporta el néctar antes de procesarlo, el aparato reproductor y, en las hembras de muchas especies, el aguijón, una estructura defensiva conectada a una glándula de veneno. El abdomen también alberga las glándulas cereras, responsables de producir la cera con la que se construyen los panales. Las abejas no chupan miel de las flores, sino que recolectan el néctar, un líquido azucarado mucho más diluido, y cuando vuelven a la colmena, las obreras lo regurgitan repetidamente y le añaden enzimas de su saliva mientras lo deshidratan progresivamente mediante la ventilación con las alas, hasta transformarlo en miel, un producto químicamente distinto y mucho más concentrado que el néctar original.

Fig. 2: Colmenas de abejas.


La colonia de Apis mellifera es uno de los ejemplos más estudiados de superorganismo en la naturaleza: miles de individuos coordinados funcionan como una única unidad biológica gracias a una ingeniosa división de funciones entre tres tipos de individuos. La Reina es la única hembra fértil y pone huevos, hasta 2.000 al día. Las Obreras, que son unas 20.000 a 60.000 por colmena, son hembras estériles que se dedican a la crianza, limpieza, construcción, defensa y recolección del néctar y el polen. Los Zánganos son los machos que fecundan a la reina de su colonia y a las de otras. Cuando una colonia crece en exceso o la reina envejece, una parte de la población, junto con la vieja reina, abandona la colmena, en un proceso llamado enjambrazón, para fundar una nueva colonia, mientras en el nido original emerge una nueva reina virgen, que tras realizar vuelos de apareamiento con varios zánganos se convertirá en la nueva soberana.

Las obreras van cambiando de tarea a lo largo de su vida según su edad. Durante sus primeros días limpian celdas, después alimentan a las larvas, más adelante actúan como constructoras y almacenistas, procesando el néctar entrante; posteriormente hacen guardia en la entrada de la colmena y finalmente, en la fase más arriesgada y final de su vida, se convierten en recolectoras, que salen a recoger néctar, polen, agua y resinas. Los huevos fecundados se convierten en hembras, obreras o reinas según la alimentación de las larvas, mientras que los huevos no fecundados dan lugar a los zánganos. La futura reina se diferencia de las obreras únicamente por la dieta: las larvas destinadas a reina son alimentadas exclusivamente con jalea real, una secreción glandular extraordinariamente rica en nutrientes.

Una de las facetas más fascinantes del comportamiento de la abeja de la miel es su sofisticado sistema de comunicación simbólica. Las abejas recolectoras informan a sus compañeras sobre la ubicación de fuentes de alimento mediante una secuencia de movimientos corporales conocida como "la danza de las abejas". Si la danza es circular indica que la fuente de alimento se encuentra muy cerca de la colmena, sin precisar dirección. La danza en ocho o "danza del meneo" codifica simultáneamente la distancia y la dirección de una fuente de alimento lejana, usando el ángulo respecto a la vertical como referencia equivalente a la posición del sol. Además del lenguaje corporal, la colonia se coordina mediante un complejo sistema químico de feromonas,  la reina libera sustancias químicas que inhiben el desarrollo de nuevas reinas y cohesionan a la colonia, mientras que las obreras emiten feromonas de alarma ante amenazas y feromonas de marcaje floral para señalar fuentes de alimento ya visitadas.

Fig. 3: Productos de las abejas: Miel, polen, jalea real, propóleo, cera y veneno.


Los principales productos de la colmena que son aprovechados por el hombre son la miel, el polen, la jalea real, la cera, el propóleo y el veneno. La Miel es el néctar de las flores deshidratado y enzimáticamente transformado que sirve de alimento de reserva de la colonia. El Polen, el gameto masculino de las flores, es recolectado como fuente de proteínas para las larvas y las abejas jóvenes. La Jalea Real es una secreción glandular de las obreras nodrizas y es el alimento exclusivo de la reina y de las larvas en sus primeros días. La Cera es secretada por glándulas abdominales de las obreras y sirve para la construcción de los panales. El Propóleo está hecho de resinas vegetales y aceites esenciales mezclados con secreciones salivales y sirve para el sellado a modo de pegamento de las grietas y como protección de la colmena contra las bacterias, virus y algunos parásitos. El Veneno, o apitoxina, fabricado en la glándula asociada al aguijón, que sirve como defensa de la colonia frente a agresores; hay que resaltar que la abeja que pica muere a continuación, a diferencia de las avispas.

El servicio que prestan las abejas y el resto de polinizadores, como las mariposas, escarabajos, moscas, aves o murciélagos, es el servicio ambiental más valioso y, a la vez, más difícil de sustituir del planeta. Se estima que en torno al 90% de las plantas con flor del mundo dependen, en mayor o menor medida, de la polinización animal, y que aproximadamente tres de cada cuatro cultivos alimentarios se benefician directamente de la visita de los polinizadores. Entre los cultivos más dependientes de la polinización por insectos se encuentran los cítricos, las manzanas, las almendras, el café, el cacao, los tomates y una larga lista de frutas y hortalizas. Algunas cosechas pueden autopolinizarse, pero su productividad mejora notablemente cuando son visitadas por abejas u otros insectos; otras, en cambio, son completamente dependientes de la polinización externa y no producirían fruto sin ella. Esto sitúa a la polinización entre los servicios más valiosos que se aporta a las plantas y a los animales que las consumen.

Las abejas son mucho más que la fuente de la miel que llevamos milenios recolectando, ya que son arquitectas silenciosas de la biodiversidad vegetal y garantes de buena parte de la producción agrícola mundial. Su organización social, su sofisticada comunicación y su intrincada relación con el mundo vegetal las convierten en uno de los grupos de animales más fascinantes y extraordinarios del planeta. Proteger a las abejas no es solo una cuestión de conservación de una especie carismática, sino una condición indispensable para preservar la seguridad alimentaria y el equilibrio de los ecosistemas de los que depende, en última instancia, la propia humanidad.








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