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Tipos de Conflictos

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TIPOS DE CONFLICTOS


DE RELACIÓN

Es inevitable que las personas que conviven durante un cierto tiempo entren en conflicto, ya que la convivencia obliga a tomar posiciones.

Las relaciones más cercanas, las más íntimas, suelen ser las que más ocasiones dan para que existan roces y donde experimentamos la sensación de que alguien que te quiere puede ser la persona más indicada para que aguante tus rarezas, dando valor al dicho "donde hay confianza da asco". Por eso, las personas con las que tenemos una relación cercana son aquellas con las que más probablemente tendremos problemas.

Por lo tanto, con la pareja, los hijos, los familiares más cercanos, la familia política, los compañeros de trabajo, los vecinos y toda persona con la que tengamos un cierto trato es con los que más probablemente van a surgir la mayor parte de nuestros conflictos.


DE PROPIEDAD

Este es un concepto muy arraigado en las sociedades actuales, pero en las primitivas o en las de tipo tribal no siempre es tan importante. De hecho, provocó una gran extrañeza en los nativos del continente americano el hecho de que algunos de los primeros descubridores quisieron comprar sus tierras. Era un concepto nuevo para ellos el hecho de que un hombre pudiera poseer la tierra donde vivía.

Sin embargo, todos tenemos unas cuantas o muchas cosas que consideramos de nuestra propiedad. Nuestra casa, nuestro coche, nuestra ropa, nuestros utensilios, nuestro teléfono móvil, nuestros cubiertos, nuestra silla, nuestro puesto de trabajo… y así un motón de "nuestros" ficticios que nos hacen integrar la idea de propiedad y la necesidad de defenderla. Porque ser propietario implica defender las posesiones.

Por eso, cada vez que alguien osa entrar en nuestro territorio sin la adecuada autorización nos resulta incómodo, pero, también nos va a alterar en alguna medida que alguien utilice alguna de nuestras cosas sin haber pedido permiso previamente.

No siempre resulta fácil reconocer lo propio y lo ajeno. De hecho, algunas personas tienen una idea muy difusa de lo que es lo propio y tienden a mezclarlo con lo de los otros en su beneficio. Esta es la fuente de muchos problemas. Si un compañero de trabajo tiene la mala costumbre de coger nuestro bolígrafo cada vez que necesita uno y no lo pide, no lo devuelve en su tiempo o no se recupera en buenas condiciones, esto va a despertar nuestra irritabilidad inevitablemente.

Los conflictos originados en la propiedad son habitualmente muy intensos y levantan todo tipo de pasiones, lo que lleva con frecuencia a las personas implicadas de forma importante a dirimir sus disputas de forma violenta o en los tribunales de justicia.


DE PODER

Se ha dicho muchas veces que el poder actúa como una droga que envenena, transforma y estropea a las personas. Sin embargo, se ha convertido en una especie de necesidad humana instintiva, casi en un deporte universal, intentar medir las fuerzas entre las personas o los grupos, ver quién tiene más cosas, ver quién puede más. Y exhibirlo. Si no se exhibe, el poder pierde importancia.

Estas exhibiciones de poder se manifiestan de muy diferentes maneras. Una de ellas es la exhibición de objetos que están relacionados con el poder, como los coches de una cierta gama, las piedras preciosas, los vestidos de diseño exclusivo, las grandes y cómodas viviendas en zonas reservadas de las ciudades y todo aquello que sea difícil de conseguir o distinga a su propietario de las demás personas por ser exclusivo.

Esa es la manifestación en la práctica del poder del dinero y su exhibición en forma de objetos. Pero también existe el poder jerárquico, basado en el cargo que una persona ocupa, por ejemplo, en su trabajo, en el ejército, en la política, en su comunidad, en su familia, etc. Este poder, aunque suele ir asociado a un cierto bienestar económico, puede estar condicionado por otros factores, como el carisma personal, la habilidad para hacer o resolver cosas o la inteligencia mental o emocional.

Pero el poder que más conflicto genera es el que se ostenta de forma injusta o inapropiada provocando el daño a otras personas. Si, por ejemplo, ascienden en el trabajo a una persona, no por sus méritos sino porque es familiar, amigo o compañero de otro, esto va a despertar las iras de las personas que podrían ocupar ese puesto por méritos propios.

Otro poder es el poder institucional (políticos, policía, jueces, ejército, etc.), el que ejercen las personas por sus cargos en las instituciones o el que deriva de los estamentos que se han creado para el buen funcionamiento de las sociedades. Cuando se ejerce mal ese poder, también es fuente de múltiples conflictos que históricamente han acabado en enfrentamientos civiles, entre naciones o en múltiples guerras con auténticos baños de sangre y la pérdida de muchas vidas humanas.


DE RENDIMIENTO

Cuando dos personas se ponen a hacer un trabajo similar es inevitable que surjan las comparaciones y de estas comparaciones no es extraño que puedan surgir problemas. En estos casos cuentan mucho las aptitudes personales o del grupo ya que, según su capacidad y eficacia para hacer el trabajo, se pueden obtener resultados muy diferentes.

Un equipo que practica un deporte y compite con otros, debe trabajar en conjunto para obtener el rendimiento deseado gracias a la suma o multiplicación de las capacidades de sus componentes. Si se trabaja bien, se puede llegar a obtener el éxito. Pero, en la competición, el éxito de unos da lugar al fracaso de otros, lo que hace que muchas veces estas competiciones se hagan rayando el límite de las posibilidades del cuerpo humano y, desgraciadamente, acudiendo al uso de sustancias o técnicas prohibidas en el deporte.

También podemos ver esto en el trabajo. Dos personas trabajan juntas, hacen funciones similares y obtienen unos resultados por los que cobran un dinero a fin de mes. Las dos dependen de su trabajo y de su sueldo para poder mantener a sus respectivas familias y pagar los gastos que se generan habitualmente en sus hogares. Pero si una de ellas es más hábil, más fuerte o más eficaz en su trabajo, puede resaltar de forma evidente sobre la otra y conseguir que el jefe la ascienda y que, por lo tanto, pueda ganar más dinero. Eso puede despertar el miedo y la inquietud de su compañero y a continuación surgirá el dolor que hará posible que se ponga en marcha el conflicto. Es probable que ese dolor pueda poner en marcha un mecanismo de acoso o de incordio hacia la persona con mayores capacidades para evitar que destaque.


DE RANGO

En todos los grupos humanos hay jerarquías, aunque en algunos sea un poco más difícil identificarlas. De una forma natural y casi de inmediato, cada persona ocupa los espacios que le son más cercanos o los que encajan mejor con su forma de ser y con las necesidades del grupo.

Si, de forma espontánea, un grupo de personas tienen que enfrentar una situación difícil, pongamos por ejemplo un fuego en una zona rural en la que hay intereses comunes de todos los vecinos, enseguida alguna persona tomará el papel de líder y empezará a organizar a las otras y muchas se pondrán a actuar de acuerdo a sus capacidades, pero rápidamente se verán inmersas en la acción de un colectivo con unos rangos. Esto es así y ocurre sin que haya habido tiempo para organizarlo, pero cuando se dispone de éste se suelen establecer unas jerarquías mucho más claras.

En la familia hay unos rangos condicionados por el momento de llegada, por la generación a la que se pertenece, por el poder económico, etc., que hacen que los lugares que se ocupan sean muy difíciles de cambiar o alterar.

Cuando no se aceptan esos rangos o no se respetan las jerarquías, surgen los conflictos. Estos marcan definitivamente a la persona que intenta romper el orden, despertando en él, de forma inconsciente, un sentimiento de culpabilidad equivalente al nivel de desorden provocado y al rango alterado. Esa culpabilidad irá cambiando a la persona frente a su grupo familiar condicionando su comportamiento de forma que se intente restablecer, de alguna manera, el orden alterado.

Pongamos el ejemplo de una persona que al llegar a la mayoría de edad repudia a su padre porque le condiciona en sus actividades o porque no piensa como él. Por eso, abandona la casa familiar despreciándole y rompiendo los lazos afectivos con su familia y hasta dejando de hablarles. Consigue un trabajo, forma una familia y tiene unos hijos, siempre manteniéndose él y su nueva familia alejados de los padres o abuelos. Para él, esa familia ya no existe o existe sólo para considerarlos el enemigo. Los nietos crecen sin ver a sus abuelos y recibiendo mensajes negativos sobre ellos. Pero, cuando los nietos llegan a su mayoría de edad descubren que el padre les exige que se comporten de una cierta manera, diferente a como ellos quieren, y cuando tienen hijos les dice que tienen que llevarle los nietos a su casa, algo que no llegó a realizar él con sus padres. Vemos aquí como esa persona, que vive condicionada por su acción anterior, repite modelos y pide que hagan los demás lo que no hizo él.

Es muy importante que los rangos sean respetados, pero no lo es menos que las personas que ocupan los mejores lugares sean capaces de compaginar la responsabilidad y las obligaciones que conllevan el ocuparlos con unas claras muestras de generosidad hacia los que no disfrutan de los beneficios de estar en esos lugares.


DE EXPECTATIVAS

Es un hecho conocido que en la sociedad occidental actual se sufre un trastorno colectivo de grupo y también de individuos que consiste en no vivir el presente, el aquí y el ahora, proyectando sus vidas a través de su aspecto mental hacia el pasado o hacia el futuro, de forma recurrente y continuada, generando una imagen mental, y por lo tanto no real, que les aleja de la realidad actual que están viviendo.

Esa continua proyección, ese estado mental recurrente que consume grandes cantidades de energía sin apenas resultados, es lo que se denomina aspecto mental negativo y es la causa de que se generen continuamente expectativas que nos alejan de la vivencia del presente. Mientras se hacen esas proyecciones mentales, no podemos prestar la suficiente atención a lo que estamos haciendo ahora y, por eso, no podemos disfrutar de lo que tenemos o de lo que hacemos, ya que siempre aparece una nueva expectativa que hace cada vez más efímero el momento del éxito o el placer conseguido.

Muchas personas, basándose en sus proyecciones mentales que simulan la realidad, hacen todo tipo de augurios y predicciones horribles la mayor parte de las veces, sin que haya un fundamento realista o razonable que las sustente, y lo hacen tanto para ellos como para las personas que les rodean.

El efecto que genera este comportamiento es el de atraer la atención de los demás hacia ellos, incluso aunque sea de forma negativa, lo que nos puede indicar que son personas con carencias afectivas que están necesitadas de esa atención o que están ocultando una información personal o unos miedos que les angustian y que no les gustaría los demás fuesen conscientes de su debilidad y por eso quedan atrapadas en un pensamiento cíclico negativo que acaba sustituyendo la realidad por las proyecciones mentales que generan. Con frecuencia esto también ocurre para no prestar atención a los problemas reales que afectan a las personas, generando proyecciones mentales angustiosas que los oculten.

Ya que es casi imposible que todo lo que una persona pueda imaginar se cumpla tal y como se ha proyectado, es casi seguro que las expectativas se van frustrar en mayor o menor grado y se va a generar un gran dolor al percibir de forma preferente lo que falta en lugar de lo que se tiene. Con frecuencia se va a comparar lo que va ocurriendo en la realidad con lo que se ha proyectado o deseado y lo más probable es que la realidad no satisfaga completamente los deseos proyectados.

Pensemos en una familia que hace sus planes de vacaciones de verano y programan los viajes y los lugares a visitar en unas fechas concretas, pero durante el transcurso de esas vacaciones aparecen factores imprevistos que hacen que no se puedan cumplir en la realidad todos los objetivos que se han planteado, aunque lo que se consiga pueda ser suficientemente bueno como para estar satisfecho de esas vacaciones. Algún miembro de la pareja puede aceptar la situación nueva como algo bueno, aunque no fuese lo previsto, y otros sufrir porque lo que ha ocurrido no es lo que ellos imaginaban.

El que vea los cambios como algo normal en la vida, como situaciones a las que hay que ir adaptándose y aprendiendo de ellas, no sufrirá dolor y aprovechará los eventos para abrirse a nuevas oportunidades de desarrollo o aprendizaje. Sin embargo, otros verán todo lo que no se ha hecho, se sentirán infelices por ello y generarán un dolor que repercutirá sobre sí mismos y sobre los otros miembros, tanto de la pareja como del resto del grupo familiar o de amistades, dando lugar a que se genere un conflicto y que se acompañe de las emociones negativas correspondientes.

Lo mejor para evitarlo es no generar grandes expectativas en las actividades humanas habituales o excepcionales. No se trata de que no se hagan ciertos planes o proyecciones iniciales en la vida, especialmente en el mundo occidental donde es casi imposible vivir un año normal sin múltiples planificaciones, sino de evitar que esas proyecciones predominen sobre la realidad misma sin aceptar los cambios o las improvisaciones que surjan.

En concreto, hay que procurar no sobrecargar las actividades humanas con demasiados deseos mentales y que cuando se desarrollen esos deseos en la realidad, se puedan aceptar los cambios que puedan surgir como algo normal, algo de lo que podemos aprender, aunque siempre dentro de unos límites.

Hay dos maneras de esperar, una es de tipo pasivo-positivo y consiste en esperar que ocurran las cosas con una actitud abierta a los posibles cambios y la otra es de tipo activo-negativo que incluye la necesidad de que lo que suceda esté dentro de unos planes previamente establecidos o imaginados. La primera de ellas nos describe a una persona segura y adaptable y la segunda a una insegura e inestable.


DE ROL

Aunque todos tenemos una forma de ser propia, inherente a nuestro yo interior y con la que nos sentimos a nuestro gusto y felices, y a la que podemos dar el nombre de nuestra auténtica forma de ser, lo cierto es que, según las situaciones que vivimos, los entornos en los que estamos o las personas que nos rodean, desempeñamos unos roles, unos papeles parecidos a los que vemos que hacen los actores en el cine o en una representación de teatro, que nos obligan a comportarnos de una forma que no somos realmente.

Esos personajes están marcados por ciertos guiones que hay que aprender y que, según nuestra habilidad para desarrollarlos, pueden llevarnos a sentirnos bien o mal.

Muchos de estos papeles nos vienen impuestos por el lugar que ocupamos en la familia y nos permiten poca movilidad. Otros vienen marcados por la experiencia en el transcurso de nuestras vidas, el contacto con otras personas, los sucesos sociales y el momento histórico que nos ha tocado vivir.

Lo cierto es que esos personajes, esos roles que nos toca representar nos llevan, muchas veces, a sentir dolor y ese sufrimiento pone en marcha el inicio de los conflictos.

Pensemos ahora en un padre notario que es brillante en su carrera y es reconocido y admirado en su familia y en la sociedad. Tiene un primer hijo varón al que, desde que nace, se le asigna el papel de sucesor del padre. Toda la vida de este niño y joven va a estar marcada por este deseo, del que le va a ser casi imposible escapar. Si sigue los pasos del padre, representando el papel que se le ha asignado, y consigue igualarle o superarle, siempre se considerará que gran parte del mérito es del padre, pero si no lo hace o no es tan brillante como él, cargará con un peso muy duro de llevar y tendrá que representar otro papel en la familia.

También el rol cambia mucho si el actor es un hombre o una mujer. Si una madre considera que su único hijo varón debe seguir sus pasos y no los del padre, le puede condicionar a tener comportamientos personales que puedan considerarse que sean más típicamente femeninos y eso le puede llevar a tener un dilema en muchas situaciones de la vida que le obliguen a decidir qué tipo de rol encaja mejor en cada situación, el de tipo masculino o el de tipo femenino.


DE IDENTIDAD

En cuanto tomamos conciencia de nuestro lugar en la familia y en la sociedad, nos apoderamos de un sentido de identidad del que luego puede costarnos mucho salir.

Empezando por el nombre que nos adjudican al nacer los padres, los abuelos u otras personas. Nos acompañará toda la vida a no ser que sea cambiado por un apodo, un diminutivo o un cambio voluntario. También tiene mucha importancia el sexo de la persona, hombre o mujer, y el comportamiento que puede conllevar en según qué entorno social.

Después, el lugar en la familia, primero, segundo o tercer hijo, nieto, sobrino, etc. así como las funciones que son asignadas según las necesidades del momento.

También va a condicionar el carácter la integración en la sociedad al interaccionar con otros grupos cuando se va a la guardería, al colegio, al instituto o a la universidad. Se identifican a los amigos, compañeros, colegas, etc. Luego el proceso se repite en el mundo laboral, en la empresa, con los compañeros de trabajo. Sin olvidar la importancia que tiene la formación de parejas, la búsqueda de la vivienda, la llegada de los hijos, los nietos, etc.

Todas esas circunstancias nos van colocando etiquetas que nos definen en teoría, pero que pueden estar simplemente encasillando a las personas viéndolas más por lo que hacen o el lugar que ocupan que por lo que realmente son.

Resulta, a veces, muy difícil saber quién es quién simplemente basándose en las definiciones que establecemos por los datos que nos identifican, ya que, además, estos cambian continuamente según las situaciones.

Así, Francisco López puede ser Paquito para su madre, Paco para su grupo de amigos, Curro para su familia, Don Francisco en el trabajo, Quico o mi marido para su mujer, papá para sus hijos, el tío Paco para sus sobrinos, el número 34.628.329M según su documento de identidad, el profesor para sus alumnos y así una larga lista de posibles identidades.

Todas ellas pueden interaccionar con el entorno y con otras personas de forma que se puedan generar conflictos.


DE PERSONALIDAD

La forma de ser la vamos creando a partir de nuestra identidad propia y de lo que vamos recibiendo y adquiriendo de nuestra experiencia en la familia y en nuestro entorno social.

Cuando llegamos a tener suficiente conocimiento de quiénes somos, o de quiénes creemos ser, a ese comportamiento que nos caracteriza le ponemos una etiqueta a la que denominamos personalidad y a partir de ahí esto va a condicionar continuamente y de manera muy importante nuestra forma de ser y de actuar.

Resulta muy negativo para una persona que se le identifique con una determinada forma de ser a la que etiquetamos de mala, traviesa o vaga, ya que esto se convierte en una programación inconsciente para actuar a partir de ese momento de la forma que se le ha asignado.

Pero cuando se encuentran dos personas, con sus consiguientes personalidades aceptadas, y chocan entre sí por sus diferentes formas de ser, sus comportamientos o sus actividades, se pone en marcha la maquinaria que va activar la generación de los conflictos.

Hay también personas a las que se les etiqueta de graciosos o bromistas y desde que llegan a un sitio tienen que estar intentando caer bien o entretener a la gente con bromas o chistes.  Pero cuando un día no están de humor y dejan de responder a las expectativas de los demás, suelen ser objeto de críticas para que vuelvan a actuar como se espera de ellos.

Lo bueno de la personalidad es que puede variar con el paso de los años y se pueden ir aceptando los cambios de una manera que sea progresiva y paulatina, de forma que estos no provoquen reacciones en contra y se vaya hacia situaciones más favorables. Así, una persona de carácter tímido en la infancia puede acabar siendo extrovertida cuando pasa la etapa de la adolescencia.

Cuando dos personalidades son complementarias o tienen una gran afinidad entre ellas, es más difícil que tengan conflictos o que estos sean de cierta intensidad. En la situación opuesta, si dos personalidades son antagónicas, contrarias en sus acciones y formas de ser, las crisis van a surgir más fácilmente o acabarán siendo recurrentes, condicionando a las personas a actuar con mucho más cuidado y atención en sus encuentros, ya que si no lo hacen pueden acabar enfrentados.

Hay personalidades de tipo agresivo, que necesitan interaccionar con su entorno atacando siempre a los que tienen a su alrededor. Otros necesitan sentirse culpables de todo lo que ocurra. Otros buscan víctimas que aguanten sus actos y otros sufren con resignación las agresiones.

Todo lo expresado anteriormente nos indica que la forma de ser de los humanos está muy condicionada por la experiencia que se haya adquirido previamente a lo largo de la vida y por los condicionantes que hayan sido impuestos en la familia de origen o en la sociedad en la que se han pasado las primeras dos décadas de la vida.

En las siguientes décadas existe la posibilidad de que vaya cambiando la personalidad de forma brusca o progresiva, pero cada cambio puede despertar la intranquilidad en los seres queridos que nos rodean, activando la duda sobre si las variantes que se han introducido son las adecuadas o incluso si eran necesarias.


CLASIFICACIÓN DE LOS CONFLICTOS PARA LAS SIGUIENTES PÁGINAS

Aunque los conflictos pueden ser clasificados de muchas maneras, se presentan en las siguientes secciones según las personas o grupos implicados en ellos.

De esta forma, vamos a ver algunos modelos de conflicto de acuerdo a la siguiente clasificación:

- Conflictos entre hombres.
- Conflictos entre mujeres.
- Conflictos de pareja.
- Conflictos con los hijos.
- Conflictos entre hermanos.
- Conflictos con la familia.
- Conflictos en el trabajo.
- Conflictos sociales.

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