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No todas las situaciones que generan problemas tienen el mismo enfoque ni nos llevan a las mismas soluciones. De hecho, cada situación conflictiva tiene factores únicos y personales que hacen de ella algo peculiar e irrepetible.

Aún así, podemos aprender de cada situación de conflicto y generar una cierta habilidad para encontrar soluciones basadas en la experiencia adquirida. Los humanos tendemos a repetir una y otra vez el mismo tipo de situaciones conflictivas, lo que nos permite establecer prototipos o modelos de trabajo.

De la misma manera, podemos establecer algunos modelos de resolución, ciertas estrategias con las que podemos enfocar la mayor parte de los conflictos en general. Se pueden seguir una serie de pasos previamente establecidos e ir pasando progresivamente a las etapas en las que se hacen diferentes intentos sucesivos para encontrar la mejor de las soluciones posibles. A veces puede ser necesario volver a alguna de las etapas por las que ya se había pasado o saltar a una de las siguientes.

En el gráfico que se presenta a continuación vemos en forma de un diagrama el esquema de resolución de un conflicto utilizando el modelo de las etapas progresivas.




Esquema de la resolución de un conflicto.



RECONOCERLO E IDENTIFICARLO (HACERLO CONSCIENTE)
Es muy difícil poner en marcha la solución de un conflicto si no empezamos por reconocer que éste existe. La falta de reconocimiento puede ocurrir de forma consciente o inconsciente.

A veces, el problema no es que no se quiera reconocer sino que es difícil identificarlo. Es decir, se percibe que hay un problema, pero no se consigue saber exactamente cuál es.

Con el reconocimiento damos un paso imprescindible para poner en marcha los procesos que pueden dar lugar a la solución de los conflictos.

Si damos a la palabra reconocer el significado de hacer consciente algo, damos por hecho que el reconocimiento es un acto voluntario de nuestro aspecto mental que precisa de nuestra atención. Si no ocurre este proceso, el conflicto puede quedar oculto dentro de nuestro sistema inconsciente y seguir su proceso sin ningún control consciente.

Esto quiere decir que el hecho de no reconocer un conflicto no ayuda en nada a la resolución y lo más probable es que la postergue de forma que puede suceder que, cuando queramos actuar, la solución sea más compleja o ya sea demasiado tarde para tomar algunas decisiones.

Sin embargo, no es nada raro ver a algunas personas ignorar las situaciones problemáticas a la espera de que vengan tiempos mejores o que los factores desencadenantes desaparezcan por sí mismos. Esto puede ocurrir, y de hecho ocurre, con algunas situaciones conflictivas, pero como la persona no ha puesto en marcha el proceso de resolución tampoco ha aprendido nada de esa situación, por lo que si se vuelve a repetir una similar seguirá sin tener la pericia adecuada para encontrar soluciones.


VER CUÁLES SON LAS PERSONAS IMPLICADAS
He comentado ya varias veces que los conflictos surgen cuando se juntan dos o más personas, así que, después de reconocer que existe un conflicto, es necesario identificar a las personas implicadas directa e indirectamente en él.

No es muy difícil saber quién está implicado directamente en una situación conflictiva si observamos los signos que he descrito en la sección anterior y es muy probable que las mismas personas se den a conocer y expresen su implicación en él.

Sin embargo puede resultar más difícil identificar a las personas que están indirectamente vinculadas al conflicto, ya que pueden ser individuos que no quieren que se conozca su vinculación y, por ello, se esconden o puede que no estén presentes, tanto por la distancia como porque pueden haber fallecido.

Imaginemos la situación de una familia frente a un testamento a los pocos días de la muerte del patriarca de la misma, el abuelo. En ese testamento puede haber cláusulas que nos evidencien sus problemas con algunos miembros de su familia. Puede que, de repente, aparezca su malestar con aquella hija que se quedó embarazada antes de casarse y le deje una herencia escasa o no equivalente a la de los demás. También puede que a su hijo pequeño le distinga con algunas cosas que no le da al hijo mayor, recordándole que no ha sido tan amable con él en los últimos tiempos y así sucesivamente.

Como vemos, aunque la persona no esté presente puede ser el origen de muchos conflictos. Por lo tanto, antes de identificar a las personas indirectamente implicadas es conveniente tener un encuentro con las que lo están directamente y de su comportamiento y de lo que nos aporten al hablar con ellas podemos deducir la implicación de otras personas de forma indirecta.

Otra cosa importante es que una persona implicada en un problema no debe intentar resolverlo directamente ya que caería en la situación de juez y parte que despertaría las iras de uno o de los dos bandos. Es mejor derivar estas acciones en personas que no estén implicadas directa ni indirectamente.


ESTUDIAR LAS CAUSAS DEL CONFLICTO
Siempre que hay una situación problemática hay también un dolor. Ese dolor puede venir sólo por una o por ambas de las partes implicadas.

Cuando nombramos los hechos a las personas implicadas les vuelve a surgir el dolor, ya que ese es un sentimiento que perdura en el tiempo, y vuelven a reaccionar de forma nerviosa o airada casi como en el momento en que surgió todo.

Hablando con ellas e indagando en ese dolor podemos ir poco a poco descubriendo sus causas, que pueden ser muy evidentes o no para un observador externo.

Siempre es muy importante para la persona que se acerca a las que están en conflicto, que no se implique directamente y que no emita juicios prematuros ya que, de inmediato, sería colocado en uno de los dos bandos en lucha y no podría seguir investigando las causas que lo han generado.


VER EN QUÉ LUGARES SE PRODUCE EL CONFLICTO
Es muy probable que muchas situaciones conflictivas se repitan o se agudicen en los lugares donde ya han ocurrido previamente y que éste pueda ser un factor desencadenante de las mismas.

Por ello, es importante saber si hay lugares en los que los conflictos se dan con más facilidad. Un ejemplo de ello serían las peleas que ocurren en el patio de recreo de un colegio. Es más probable que se repitan una y otra vez en los mismos sitios y lo sea menos que ocurran en clase o en los pasillos.

Si identificamos los lugares de riesgo, podemos también intentar que sean evitados por los que están enfrentados y analizar de forma concreta qué es lo que representan para las personas implicadas o qué factores especiales se dan en esos lugares para que sea más fácil llegar a tener problemas y que se produzcan los choques.


VALORAR LA PRESENCIA O NO DE MEDIADORES
Hay muchas situaciones conflictivas que son mejor conducidas por personas externas e incluso totalmente ajenas al grupo afectado. El ejemplo más claro de ello es la justicia oficial, en la que el juez no está relacionado con las partes y debe emitir un juicio ciego sobre la situación.

Pero en otras, la presencia de mediadores puede resultar hasta cierto punto incómoda o provocadora. Imaginemos, para ilustrarlo, a una pareja que entra en conflicto por la diferente apetencia sexual de cada uno de sus miembros. Es casi seguro que uno o los dos miembros sientan vergüenza o puedan estar violentos al contar sus problemas sexuales a terceras personas, incluso si éstas son profesionales.

Por ello, es necesario valorar hasta qué punto la presencia de terceras personas puede beneficiar a la resolución del conflicto y esto no es una misión fácil. Además, se debe suponer que la persona que interviene es una persona ajena al conflicto, una persona con experiencia en su resolución. Si no es así, pueden surgir de nuevo problemas y se le puede identificar como que está a favor de un bando o de otro.

No es tampoco infrecuente que se proyecte cierta violencia sobre la persona que intenta ayudar e incluso que se le identifique con algunos de los personajes o bandos implicados. Como ejemplo puede servir la equiparación del terapeuta, al que se visita para pedir ayuda, con la figura del padre. O la suposición de que el terapeuta sufre los mismos o similares problemas que la persona que consulta, intentando ver sus puntos débiles.

Ya que esto siempre complica la posibilidad de tener éxito en la intervención, hay que meditar largamente sobre la necesidad de la presencia o no de personas que puedan aportar algo o que puedan mediar en el conflicto.

Escuchar a otras personas dar el testimonio sobre su experiencia en situaciones similares y ver cómo lo han enfocado y resuelto puede ayudar mucho. En este caso podemos poner el ejemplo de la organización Alcohólicos Anónimos, donde personas adictas al consumo de alcohol escuchan los testimonios de otras y aprenden indirectamente de sus experiencias al exponerlas en grupo durante las sesiones periódicas en las que sus miembros hacen encuentros de apoyo y testimonio.


BUSCAR ENCUENTROS ENTRE LOS IMPLICADOS.
Las partes en un conflicto tienen tendencia a evitarse ya que presienten que si se acercan puedan surgir situaciones violentas o desagradables.

Sin embargo, es muy improbable que puedan llegar a alguna solución si no se producen encuentros de carácter amistoso que les permitan llegar a posiciones comunes y esto les abra el camino de la resolución.

Estos encuentros deben ser pactados y nunca deben dejarse al azar o a la sorpresa pues siempre pueden ser malinterpretados por alguna de las partes. Para ello, hay que hablar de las bondades de estos encuentros y de los beneficios de hablar, negociar y exponer los puntos de vista de cada uno de los implicados.

No debemos esperar que de un solo encuentro pueda surgir la solución definitiva, pero sí que se vaya allanando el camino, con encuentros sucesivos, si fuese necesario, para irnos acercando a ella.


ESTABLECER UNA NEGOCIACIÓN ENTRE LAS PARTES.
Negociar, implica exponer lo que uno quiere y ceder en alguno de los puntos expuestos para ganar en otros. Es injusto que en una negociación en la que las dos partes tienen intereses cruzados, uno de ellos obtenga todo lo que ha expuesto y el otro no. Esto sería imponer en vez de negociar.

Por ello, negociar implica hablar y ceder. Ceder algo para ganar algo. Así las dos partes pueden sentir que la negociación ha sido útil y beneficiosa.

Es bueno que la negociación esté mediada, es decir, que alguien intervenga para moderar y valorar lo que se ofrece o a lo que se renuncia. Es lo que suelen hacer los abogados de las partes en los pleitos, por ejemplo, en la separación de una pareja. Las partes pueden estar inicialmente muy enfrentadas por la custodia de los niños o por el reparto de los bienes materiales, pero la negociación puede hacer que se considere bueno algo que es un mal menor.

Las personas que no estén dispuestas a ceder no deben iniciar una negociación. Estas personas tienen un dolor muy intenso y bloquearían cualquier intento de resolución que no les diese una fuerte compensación por su dolor y eso no siempre es posible. Sería el caso de la muerte por atropello de un hijo por parte de un conductor ebrio y para el que los padres siempre van a considerar que no hay sentencia justa ni dinero que les compense por su pérdida. En estos casos se establece una compensación simbólica que no satisface totalmente a las personas afectadas por el dolor o la pérdida, pero que evidencia que ha habido voluntad de indemnizar a los afectados.


ANÁLISIS DE POSIBLES SOLUCIONES.
Un conflicto puede tener muchas formas de solucionarse y no sólo una. No es bueno, por lo tanto, centrar la atención exclusivamente en una vía de trabajo o negociación.

Como es muy probable que las posibles soluciones no satisfagan al cien por cien a ambas partes, hay que valorar cuál de ellas encaja más en el binomio coste/beneficio o esfuerzo/resultados.
Las soluciones ideales son las que dejan contentos a las dos partes con el menor esfuerzo posible, tanto humano como económico. Pero estas no siempre se alcanzan con facilidad, así que hay que intentar llegar no a la solución ideal sino a la más cercana posible a la ideal.

Estas soluciones deben ser expuestas claramente a ambas partes, a veces por escrito, para evitar las malinterpretaciones o los malentendidos que puedan llevar a nuevos conflictos al aplicar las soluciones. En esa situación, sería peor el remedio que la enfermedad.

Las partes deben dar su conformidad y asumir que la resolución de los conflictos puede llevar un tiempo, incluso aunque se haga todo tal y como se pactó previamente.

Gracias al método que nos ha proporcionado Bert Hellinger, las Constelaciones Familiares, podemos visualizar las posibles soluciones que nos facilitan las personas en una representación. Es sorprendente ver cómo a personas que no están condicionadas por la memoria grupal o familiar, les resulta mucho más fácil encontrar las soluciones que a las que sí que están directamente implicadas.

Al ser ajenos al problema que representan se sienten mal sufriendo sus consecuencias y los estados emocionales que las acompañan, por lo que en un breve espacio de tiempo, encuentran las mejores soluciones posibles al conflicto y nos las ofrecen de forma clara y visual a todos los participantes y, de forma especial, a la persona que solicita ayuda.


PONER EN MARCHA LAS SOLUCIONES PROPUESTAS.
Como es lógico, de poco servirían los pasos anteriores si después de ellos no se ponen en práctica las soluciones encontradas.

Realmente sólo hay una solución posible a un conflicto y es la que lo resuelve en el mundo real, en el presente. Esto quiere decir que uno puede imaginar varias soluciones y seguirlas mentalmente para ver a dónde nos pueden llevar, pero no serán más que eso, imaginaciones y proyecciones mentales, nada que ver con el mundo real.

De hecho esto es lo que suele dar al traste con muchas de las posibles soluciones al vivirlas en una proyección futura o en relación con otros intentos similares en el pasado, pero no en el aquí y en el ahora, en el presente.

Algunas soluciones que no funcionaron en el pasado pueden funcionar en el presente si modificamos algunas variables y cambiamos nuestra actitud ante el problema. Por lo que no hay que desechar, a priori, soluciones que ya se habían considerado anteriormente y que, por alguna razón, no funcionaron adecuadamente en su momento.

La puesta en marcha de soluciones es una etapa activa y requiere una actitud amistosa y amorosa. De hecho, es el amor lo que resuelve todos los conflictos y son los cinco estados emocionales negativos, que vimos en el capítulo uno al repasar los aspectos del ser humano, los que los provocan, los mantienen o los complican.

Así que la puesta en marcha de la solución al conflicto tiene que estar rodeada de una atmósfera positiva, abierta y sin emociones adversas. De esta forma el éxito será muchísimo más probable.

No olvidemos que los conflictos sirven para aprender y los solucionamos cuando hemos aprendido la lección que nos querían enseñar, por lo que siempre que se soluciona un conflicto se vive un periodo de calma y bienestar que nos prepara para encarar las siguientes situaciones de choque.


PROPONER UNA CONCILIACIÓN.
La conciliación es un estado favorable para que la solución sea definitiva.

Si acudimos, una vez más, al Diccionario de: la Real Academia del Español, la definición de conciliación es "acuerdo de los litigantes para evitar un pleito o desistir del ya iniciado" y también "conveniencia o semejanza de una cosa con otra". Ambas definiciones nos aportan luz sobre la importancia de proponer una conciliación a las partes en conflicto.

Este tipo de actitudes o gestos dan fuerza a las soluciones planteadas y son un signo de buena voluntad entre las partes. Un ejemplo de ello es el apretón de manos después de la firma de un tratado entre personas o grupos. No es necesario, ni siquiera es imprescindible, pero es la foto que desean todos los medios de comunicación para demostrar al público que hay buena voluntad.
La conciliación es, por lo tanto, un buen complemento a las soluciones. Es un intento de igualar a las partes en vez de separarlas, de ver sus semejanzas, sus puntos en común. Es la forma de darle a todos los problemas el imprescindible toque de naturalidad, ese factor humano sin el que los hombres seríamos máquinas previsibles.

La conciliación puede tener muchas formas en la práctica. Algunas pueden ser simbólicas, como el apretón de manos, el beso en la mejilla o el abrazo después de un acuerdo y otras pueden ser más consistentes, como los aportes económicos o la cesión de bienes materiales de una parte a la otra. Un ejemplo de esto último, cogido de la historia, sería la cesión de la Alsacia y un tercio de la Lorena, regiones francesas, a Prusia junto con 5.000 millones de francos, como compensación por la agresión francesa en la guerra franco-prusiana de 1870-71, regiones que recuperó Francia, por el mismo motivo, al final de la primera guerra mundial, en 1918, con el tratado de Versalles.

Ejemplos de conciliación tenemos muchos en la Historia de la humanidad. Seguramente tantos como los de agresión entre grupos o colectivos de hombres, pero nos resultan siempre más cercanos los que tienen que ver con la confianza mutua y la buena voluntad entre las personas afectadas.

Dar muestras de que uno quiere resolver los conflictos y de que hay un ambiente favorable ayuda a que no se repitan o a que, si esto ocurre, las soluciones vendrán más rápido.


HACER UN SEGUIMIENTO DEL PROCESO.
Tanto en la pareja, en la familia, como en los grupos más grandes, es importante que, después de haber encontrado una solución, propuesto un acuerdo y aceptada una conciliación, se siga el proceso para mantener vivas las ganas de resolver los conflictos.

De esta forma se intenta asegurar que su efecto va a ser duradero en el tiempo o que será definitivo.

Es bueno hacer un balance del proceso después de un cierto periodo y ver los resultados obtenidos en la aplicación de las soluciones, proponer algunas mejoras, si es necesario, y revisar la evolución.

Estos seguimientos, aunque puedan parecer inicialmente un poco artificiales, generan hábitos positivos que unen a las personas y facilitan los ambientes de buena relación.


REAFIRMARSE EN LAS SOLUCIONES.
También es bueno que, cada cierto periodo de tiempo, las personas o los grupos afectados se encuentren de nuevo y realicen algunas actividades para confirmar o reafirmar que el conflicto ha sido resuelto y que la voluntad conciliadora es fuerte y persistente.

Estas reafirmaciones suelen tener la forma de actividades de tipo festivo o de celebración y diversión, que permitan a los afectados por los conflictos buscar un nuevo tinte a las experiencias de encuentros y convivencias.

En las parejas, esto puede consistir en realizar actividades lúdicas que hagan que ambos se encuentren más a menudo en el entorno similar al inicial, cuando la pareja disfrutaba de tiempos libres en común, sin otras obligaciones, por ejemplo, pasar un fin de semana en un lugar romántico o con un significado especial para los dos.

En las familias o los grupos puede consistir en la celebración de aniversarios, fiestas, comidas, encuentros amistosos o de intercambio entre los grupos que habían estado en conflicto previamente, para darle ese nuevo sentido emocional, esta vez en positivo, a los encuentros.








 
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