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MEDIOS PARA LA RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS


No solamente tenemos que tener un método de trabajo que nos permita seguir una cierta rutina en la resolución de los conflictos, sino que también debemos disponer de ciertas estrategias que nos den luz en los momentos más difíciles mientras se está intentando resolverlos.

A continuación se exponen algunos de esos medios para facilitar estos procesos.


BUSCAR LAS FORMAS O SIGNOS DE CONCILIACIÓN
Para cada persona, grupo o cultura existen ya una serie de formas de conciliación que se enseñan y se aprenden desde la infancia. Muchas veces surgen de forma espontánea con solo generar el ambiente favorable, pero otras es necesario echar mano de información previa e incluso de la imaginación para favorecer estados de conciliación.

Ya hemos comentado que el apretón de manos es una forma casi universal de mostrar acuerdo y suele estar presente en todo tipo de encuentros de carácter amistoso. El abrazo, tanto el más lejano como el más afectuoso ayudan a que las personas se acepten mejor y se sientan cerca. El beso en la mejilla es otra adecuada manifestación de cordialidad, y es más frecuente que se dé en la familia o entre los amigos. El beso en la boca se da en algunas culturas, pero es más frecuente que esté reservado para las parejas o personas con una relación afectiva más cercana. El encuentro sexual queda definitivamente reservado a la pareja o a las personas con una visión más liberal del sexo.

Las compensaciones de todo tipo, en especial las económicas, también pueden abrir la puerta a un estado emocional positivo y a la resolución de conflictos. Pongamos el caso de una persona que golpea el coche de otra por detrás y lo deja destrozado, pero que inmediatamente muestra su pesar y ofrece comprarle al afectado un coche nuevo y mejor; el dolor generado por la pérdida se verá rápidamente compensado por la ganancia.

La cesión de terrenos puede dar también un giro a una situación conflictiva de lucha por el territorio, en el caso, por ejemplo de una pugna entre vecinos por un trozo de tierra colindante. Si uno de ellos cede una parte de su terreno en favor del otro a cambio de algún beneficio, esto puede ser el inicio de la resolución.

La ayuda o el acompañamiento en tareas comunes o los trabajos de apoyo, incluso cuando son obligados, también ayudan a la conciliación. En este caso, un buen ejemplo sería el de una persona que ha lesionado a otra por conducir bajo los efectos del alcohol y dedica voluntariamente, o es obligado por un juez a que lo haga, una buena parte de su tiempo libre a visitar y acompañar a su víctima durante toda la recuperación. Esta verá así con mejores ojos a su agresor arrepentido y colaborador.


PROPONER ACUERDOS
Cuando dos personas han entrado en la fase de reivindicación en un conflicto les resulta muy difícil plantearse acuerdos pero, sin embargo, resultan ser muy importantes, es más, son necesarios.

Por eso, hay que intentar hacer todas las propuestas que se nos ocurran para que las reivindicaciones dejen paso a los encuentros y a las negociaciones que faciliten un acuerdo.


CEDER CADA UNA DE LAS PARTES EN LO QUE SE PUEDA
No hay negociación sin cesión. Cada una de las partes debe entrar en la negociación consciente de este apartado y debe valorar cuándo y cuánto se puede ceder a lo largo de la misma.

El estar dispuesto a ceder no quiere decir que haya que hacerlo nada más empezar la negociación, aunque en algunos casos puede ser un buen golpe de efecto e incluso ayuda a permitir la rápida solución de un problema. Pero sí que es importante que cuando llegue el momento, quizás cuando la negociación esté más atascada, se ceda en lo que cada parte pueda.


BUSCAR UNA VISIÓN COMÚN DEL PROBLEMA
Aunque los conflictos surgen cuando se toma conciencia de las diferencias, lo cierto es que la mayor parte de las veces son más los factores que unen a las personas que los que las separan, simplemente es que se ha prestado mucha mayor atención a las diferencias o a los pequeños errores y defectos.

El hecho de percibir lo que une a las personas nos lleva a buscar una visión común del problema que nos permita ver más fácilmente las soluciones. Aquí nos vale el famoso dicho "si no puedes con tu enemigo, alíate con él".

De hecho si hiciésemos este pequeño ejercicio más a menudo, de valorar las similitudes, la abundancia, la suerte que tenemos de existir, de ser como somos, de compartir la vida con diferentes personas, de disfrutar de las cosas que poseemos, etc., nos resultaría más difícil caer en crisis y llegar a tener conflictos.

Esta sería una excelente manera de evitar el dolor como forma de aprendizaje, ya que si aprendemos de las situaciones conflictivas lo que nos quieren enseñar antes de que duelan, ya no tendremos que pasar por ellas.


ESTABLECER UNA COLABORACIÓN ENTRE LAS PARTES
Colaborar supone una elaboración conjunta, es decir, trabajar en equipo con un objetivo común.
Si las partes en conflicto son capaces de colaborar en lo que sea, ya se ha abierto una buena vía para el encuentro y la búsqueda de soluciones.

No es tan importante en qué colaboren las dos partes como el hecho mismo de que colaboren. Esto es lo que les facilita que se sientan unidos en una acción común. Por ejemplo, si en una empresa en la que el ambiente entre compañeros se ha enrarecido, puede cambiar todo si se propone una actividad común, como jugar un partido de fútbol, ir juntos a una fiesta, pasar todos un día al aire libre o hacer una comida de empresa.

Después de esa experiencia positiva, es mucho más probable que las partes estén más predispuestas a buscar las soluciones comunes a sus conflictos y que intenten ayudarse mutuamente tal como lo han hecho en esas experiencias.

Puede que una de las partes no esté dispuesta a iniciar una colaboración con la otra, pero eso nos indica que esa persona o grupo de personas son las que tienen un nivel más alto de dolor y entonces tendremos que dedicar un tiempo a encontrar las causas de ese dolor y a tratar de sustituirlo con otras emociones positivas.


INICIAR VÍAS DE COMUNICACIÓN
Cuando las partes en conflicto no se hablan es muy difícil que puedan encontrar los puntos en común, pero también puede ocurrir que un encuentro para hablar acabe en una discusión que agrave el problema, algo que sucede con mucha frecuencia en las crisis de pareja.

Por lo tanto, hay que establecer vías de comunicación pero éstas deben ser moduladas o controladas para que resulte más fácil encontrar las formas de resolución de los conflictos.

Es importante que estos encuentros comunicativos estén regulados con ciertas normas que se pactan previamente por ambas partes y que se comprometen a cumplir de forma prioritaria para evitar complicar la situación.

Si una pareja entra en crisis y los dos deciden hablar para encontrar una solución a sus problemas, deben establecer unas normas previas. Por ejemplo, no levantarse la voz, no utilizar palabras hirientes o duras y respetar las posturas de cada uno hasta llegar a algún acuerdo. No deben perder tampoco de vista el hecho de que, el hombre y la mujer tienen formas muy diferentes de expresarse y de entender lo que dice el otro, de forma que es muy fácil malinterpretar lo que se expresa.

Además y en general, las mujeres tienen un área cerebral del lenguaje mucho más desarrollada y un don natural para decir la misma frase con unos siete tonos diferentes (tres para el , el neutro y otros tres para el no), a diferencia del hombre que suele utilizar sólo tres (, no y neutro). Así, una mujer puede estar diciendo "" en un tono que realmente está diciendo "mejor no", mientras que lo más probable es que el "no" del hombre corresponda, la mayor parte de las veces, al "no" real.

Esto puede complicar enormemente las conversaciones cuando intervienen en ellas hombres y mujeres, pues cada grupo implicado tenderá a tener un lenguaje común y a malinterpretar el lenguaje del otro y además cada persona dentro del grupo hará sus propias versiones de lo dicho o escuchado según su propia memoria o vivencia personal.

De ahí que cuando los conflictos afectan a grupos, a empresas, a instituciones o a estados, se tiende a establecer una comunicación por escrito, donde las tonalidades no existen y es más difícil malinterpretar o acudir al famoso "pero, tú dijiste que…" y recibir como respuesta un "¿yo?, yo no he dicho eso". Las parejas también pueden acudir al lenguaje escrito a través de notas estratégicamente colocadas o de cartas donde uno expresa su dolor o su problema a la vez que propone formas de conciliación.

Otra forma de lenguaje es el de los signos y el de la forma de vestir o de comportarnos. Una flor dejada en la mesa a la mañana para que la encuentre su pareja de forma sorpresiva puede ser el comienzo de una reconciliación. Y una chica que se arregla y se viste de forma atractiva para acompañar a su chico a una actividad cotidiana puede indicar que hay ganas de resolver la crisis.


INTENTAR RECONOCER Y ACEPTAR A LA PERSONA (O GRUPO) CON LA QUE EXISTE EL CONFLICTO
Hemos dicho que resulta básico para resolver un problema el reconocerlo, pero también que existe porque hay personas implicadas en él.

Este reconocimiento debe ir unido a la aceptación, es decir, que esa persona está ahí por algo. Según hemos dicho antes, los conflictos vienen para que podamos aprender algo y así poder crecer y evolucionar.

Por más duro que resulte aceptarlo, las personas que nos generan conflictos resultan ser nuestros maestros, ya que son las personas que nos condicionan para aprender alguna cosa en la vida. Y, según un antiguo dicho de la India, "el alumno encuentra al maestro cuando está preparado para ello" o lo que es lo mismo, los conflictos y las personas implicadas en ellos vienen cuando necesitamos aprender ciertas cosas.

Si en vez de ver a un enemigo delante de nosotros que nos quiere hacer la vida imposible y que nos obliga a salir de nuestro estado de paz y meternos en situaciones de tensión, vemos a alguien al que le ponemos la difícil etiqueta de maestro y se le ve como la persona que nos quiere enseñar algo, nos va a resultar más fácil aceptarle y tratar de aprender lo más rápido posible la lección que nos viene para, así, poder continuar con más sabiduría el resto de nuestra carrera en la vida.

Lo mismo ocurre en las escuelas, en los institutos o en la universidad y por eso podemos considerar a la Tierra como una enorme escuela donde participamos unos seis mil millones de personas a la vez, además de tener que convivir con muchas otras especies animales y vegetales. Durante el ciclo de una vida tendríamos la oportunidad de aprender diferentes cosas y por eso interaccionamos con aquellos que nos las pueden enseñar. Elegimos las asignaturas optativas según nuestras tendencias o apetencias y son obligatorias las troncales.

Dicho lo anterior, la aceptación de los individuos que se cruzan en nuestro camino como aquellas personas importantes y necesarias para aprobar nuestra carrera universitaria en la vida, es el camino que nos permitirá no sólo aprobar, sino sacar la mejor nota posible.


PREGUNTAR Y ESCUCHAR
En muchas parejas se da la circunstancia en la cual uno o los dos miembros dan por hecho que se le han dicho cosas al otro sin que eso haya ocurrido más que en la mente de la persona. Pero basta con que se haya pensado, para utilizarlo hacia el otro con la frase "ya te he dicho que…" o, como ocurre más frecuentemente en las mujeres, esperar que su compañero adivine su estado emocional o sus deseos y pensamientos.

Es necesario expresarlo, incluso aunque resulte incómodo al principio. Hay que exponer lo que uno piensa o siente sin esperar a que sea el otro el que lo adivine espontáneamente y hay que preguntar, responder a esas preguntas y escuchar al otro.

Escuchar es un ejercicio que practicamos bastante menos de lo necesario para que tengamos la oportunidad de conocer a la otra persona y de aprender de ella, pero es fundamental para que toda relación de pareja o de grupo vaya bien.

Hay que escuchar todo lo que se pueda a las personas con las que nos encontramos y convivimos, con los límites de nuestras propias capacidades de escuchar y de aprender. No se trata de alargar una conversación cuando ya no nos aporta nada nuevo o de soportar, sin ningún beneficio, la larga perorata de una persona que intenta llenar su vacío personal o emocional captando víctimas para entretenerse.

La escucha, por lo tanto, debe ser agradable y deseada y también debe ser alterna, primero habla uno y el otro atiende y luego se cambia y habla el que escuchaba. Si no es así, se convierte en un monólogo con algún aporte ocasional por parte del que escucha.

Incluso, si las personas tienden a invadir las oportunidades de hablar de los otros, se pueden establecer tiempos para cada uno, es decir, turnos de palabra.

Preguntar y escuchar son dos herramientas fundamentales en la prevención y la resolución de los conflictos, ya que nos permiten ver y reconocer al otro como a un similar, un ser con actividades y necesidades igual que nosotros.


VER LA MANERA DE ADAPTARSE A LA PERSONA (O GRUPO) O A LAS SITUACIONES
Reconocer, aceptar y escuchar a la persona con la que tenemos un conflicto nos acerca a ella y a sus propios problemas, nos hace empatizar favorablemente y nos permite dar el siguiente paso: la adaptación.

Cuando una persona conoce a otra y empiezan una relación que después acaba en noviazgo y, finalmente, en convivencia, es inevitable el hecho de que uno tiene que adaptarse al otro y viceversa. Consideramos adaptarse a cambiar hábitos, tendencias e incluso formas de ser y de pensar para favorecer la convivencia y mejorar la relación.

En la adaptación hay una gran sabiduría que no debemos nunca despreciar. Frente a ella está la intransigencia, un auténtico veneno para las relaciones de pareja, desgraciadamente hoy muy difundido. La intransigencia es una postura rígida y la adaptación es una actitud flexible. Como la rigidez va unida al miedo, podemos deducir que las personas que no intentan adaptarse es porque tienen algún tipo de miedo que se lo impide. Este miedo suele estar basado en la experiencia personal o en la de la familia o grupo social de origen.

Todo miedo surge de la inseguridad y ésta de no actuar de acuerdo con nuestro yo interno sino de acuerdo con las proyecciones mentales, los estados emocionales negativos o los condicionantes de otras personas. Recuperar la soberanía del yo interno y desechar las influencias adversas de nuestro entorno o de nuestro estado mental negativo, nos permitirá tener una mejor adaptación a las personas y a las situaciones.

En el proceso de adaptación hay que experimentar aquellas cosas o situaciones que no conocemos para poder tener un criterio y una experiencia propia. De esta forma, nos acercamos a una realidad que nos es ajena, pero que al experimentarla la incorporamos como propia. No hay que traer ningún tipo de prejuicios a esta experiencia, tan solo la información básica necesaria para poder vivirla.

Es parecido a cuando un niño se acerca con su bañador a una piscina o al mar por primera vez y se pone a llorar o se coloca inseguro en el borde. Sólo la experiencia de zambullirse le va a dar una valoración real de lo que ocurre dentro del agua y por mucho que sus padres, el monitor o sus amigos le hablen de la bondad del baño, no será nunca equivalente al hecho de meterse él en el agua como consecuencia de una decisión personal y soberana.


GENERAR SITUACIONES QUE FOMENTEN LA CREATIVIDAD, LA COHESIÓN, LA AUTONOMÍA Y LA INNOVACIÓN
Cuando la mente recursiva nos obliga a repetir pensamientos o situaciones una y otra vez, desaparece la creatividad. Sin embargo, ésta es muy importante para la vida y para la buena relación entre las personas. Hay que favorecerla siempre que podamos y así darle a nuestras vidas un nuevo color.

La creatividad va unida, muchas veces, a la innovación, a los cambios favorables, y repercute muy positivamente en la cohesión de la pareja, a la vez que estimula la autonomía de la misma.
Si mezclamos todos estos factores juntos tendremos una mayor capacidad de mejorar la relación con nuestro entorno.

La autonomía unida a la cohesión da una mayor autoestima a las personas, pero siempre en relación con las que conviven con ellas. Ser autónomo y saber lo que uno quiere, además de saberse dentro de un sistema con necesidades comunes nos da pie, en primer lugar, a valorar nuestras necesidades y prioridades y, en segundo, a poder contrastarlas con las de las personas del entorno para así poder tomar la mejor decisión posible.

Imaginemos que a una persona dentro de un grupo de amigos le apetece ir al cine esa misma tarde y se lo propone así a todos. Su autonomía como persona le ha llevado inicialmente a buscar dentro de sí mismo sus deseos para ese día y la conclusión ha sido "ir al cine". A continuación, ha percibido que pertenece a un grupo de amigos y que está unido a ellos y condicionado parcialmente. Por esa razón de pertenencia y por la existencia de lazos afectivos comunes, les propone que todos hagan la misma actividad que a él le apetece.

Si el grupo reacciona en positivo, el proceso habrá sido agradable para todos. Pero si después, surgen otras propuestas y la decisión final es "ir a bailar", la persona puede adaptarse al grupo y aceptar que otro día se vaya al cine y hoy se acuda a un centro de baile. Así se dan la autonomía y la cohesión juntas de forma positiva.

FOMENTAR EL APRENDIZAJE Y DESARROLLO DE NUEVAS HABILIDADES DENTRO DE LA PAREJA O EL GRUPO
Cuando en la vida de pareja o en los grupos se llega a la repetición de situaciones habituales y, por lo tanto, a la monotonía, se tiende a entrar en un estado de apatía y después alguien sentirá la necesidad de provocar a la pareja o al grupo para que ocurra algún cambio.

Si esto se hace de forma agradable y las propuestas no incluyen críticas o descalificaciones, no se produce ningún conflicto, pero si no es así, alguien se sentirá molesto o atacado y surgirá el dolor.
Por ello, es importante que, de forma periódica, se propongan nuevas actividades que lleven a conseguir habilidades que hagan que la pareja sea más experimentada y sabia en el manejo de su vida cotidiana y rompan así la sensación negativa de rutina.

En las empresas se fomentan los cursos de formación, cambian de puesto a las personas, unifican algunas secciones o cambian de local, como actividades que obligan a los trabajadores a desarrollar nuevas habilidades para poder adaptarse a los cambios.

En la pareja, el ir juntos al gimnasio o a aprender a bailar, por ejemplo, puede abrir una nueva forma de experimentar al otro que enriquezca la visión que tenemos de él, especialmente cuando las rutinas se van apoderando de la vida cotidiana y hacen más aburrido el día a día.

En un grupo de rehabilitación de toxicómanos, puede ser muy útil enseñarles a cultivar la tierra o a manejar herramientas de artesanía en un taller.


PROPONER UNA "TORMENTA DE IDEAS".
Cuando una situación pasa a un parón técnico y parece que no se puede avanzar, resulta muy práctico reunir a las personas implicadas y provocar lo que llamamos tormenta de ideas, es decir, dejar que cada persona exprese lo que se le pase por la cabeza casi sin pensar o, lo que es lo mismo, dejar a la mente libre de los condicionamientos que provoca el pensamiento recursivo y permitir que sea el lado intuitivo de las personas el que permita salir del atasco.

Lo curioso es que funciona. No pensar resulta muchas veces más eficaz que hacerlo. Y precisamente la tormenta de ideas consiste en salir de la cárcel del pensamiento recursivo del que nunca salen soluciones nuevas, como en aquel famoso chiste en el que una persona busca a la luz de una farola la moneda que ha perdido en otro sitio, con la excusa de que en el otro lado no hay luz para verla. Así actúa el pensamiento recursivo, repite una u otra vez, en círculos concéntricos, los mismos postulados y las mismas propuestas sin esperanza alguna de sacar algún provecho de ello.

Sin embargo, este comportamiento se da mucho en las empresas y también en las parejas. Por ello, hacer una tormenta de ideas, dejar de pensar de una forma ligada a la experiencia previa, al pasado, libera el aspecto intuitivo de las personas y ayuda a indicar el camino que hay que recorrer. Es muy eficaz, lo recomiendo a todos los que se sientan atascados.







 
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