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LUCHA POR IDEAS RELIGIOSAS


Aunque las tres religiones monoteístas de mayor implantación provienen del mismo tronco y tienen el mismo Dios, son las que más situaciones de tensión personal o de grupo han generado a lo largo de su historia.

Éstas son el judaísmo, el cristianismo y el mahometanismo y su tronco común arranca del éxodo del pueblo judío desde Egipto hacia las tierras prometidas. En sus libros sagrados, comparten el fragmento de la Biblia llamada el Antiguo Testamento, pero después se han escrito nuevos libros con la llegada de Jesucristo (el Nuevo Testamento) o Mahoma (El Corán) que han provocado la escisión religiosa.

Pero en las religiones politeístas o aquellas en las que no hay una clara idea de Dios, han surgido también todo tipo de enfrentamientos a lo largo de la historia pasada y reciente del ser humano. El mundo de los griegos y el de los romanos es un buen ejemplo de ello.


Lucha por ideas religiosas entre cristianismo e islamismo.


Las creencias de un ser humano le llevan a comportase de una cierta manera en relación a sí mismo y con el resto de las personas. Las religiones aportan esos códigos de comportamiento que informan a las personas de lo que es bueno o malo para que generen pautas de conducta que favorezcan el bien común.

Cuando dos personas de diferentes ideas religiosas se encuentran tienen dos opciones: tolerarse respetando mutuamente sus comportamientos y creencias o enfrentarse en todo aquello en lo que no coincidan. Hay otra opción que consiste en ignorarse, pero ésta sólo ocurre cuando hay intereses mayores o no hay motivos de enfrentamiento.

Pero si la forma de pensamiento de la religión de cada uno marca pautas de conducta que no son compatibles entre sí, puede surgir una gran tensión y llevarles a un enfrentamiento que puede ir subiendo de nivel hasta llegar a las agresiones físicas o a las guerras religiosas.

No es fácil conseguir que personas que tienen unas creencias muy diferentes y unas pautas de comportamiento de origen religioso que son incompatibles, puedan evitar que surjan conflictos entre ellas. Hay que eliminar las circunstancias que favorecen el miedo a la persona diferente, buscar y encontrar todo aquello que les une dejando a un lado, en la medida de lo posible, las formas de ser y de actuar que les separan. El respeto y la tolerancia por ambas partes hará que sea posible una buena convivencia y facilitará la resolución de los problemas.









 
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