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LUCHA POR EL TERRITORIO


Como en muchas otras especies, el macho humano es territorial. Establece a su alrededor una zona a la que considera su dominio y la defiende de los posibles factores que atenten contra su seguridad o sus necesidades, como la presencia de otros machos. En esta zona está incluido también todo lo que hay en ella, lo que la persona cree que es de su propiedad.

En el ámbito natural primitivo, un hombre considerará territorio al terreno en sí mismo, al alimento, al agua, a las zonas de protección o refugio, a la manada, a las hembras y a las crías. Dentro de los núcleos de las poblaciones denominadas civilizadas, se incluye también la casa y todo su contenido, el puesto de trabajo y lo necesario para desarrollarlo, el coche, la familia, la mujer, los hijos, los amigos y las zonas u objetos de uso frecuente.

Si otro hombre se acerca y penetra por primera vez en la zona que considera su territorio, se produce una reacción entre curiosa y hostil, según el aspecto que tenga esa intromisión. De acuerdo con la conclusión que se saque de una primera observación, se tomará la decisión que corresponda, que puede ser amigable, de reacción en contra, de huida o de mantenerse a la espera.




Dos hombres rivalizan por el territorio.


Al menor signo de una actitud no amistosa por parte del intruso se producirá una reacción de estrés y se pondrá en marcha el conflicto. De cómo evolucione ese primer encuentro se tomará una actitud agradable u hostil para los siguientes encuentros, si es que estos se producen.

El estrés generado como consecuencia de este encuentro puede ser agudo, si la situación se ha podido resolver adecuadamente o crónico, si los encuentros o choques continúan produciéndose y no se solucionan.

Si el hombre que penetra en el territorio de otro se somete de alguna manera o mantiene una actitud de respeto, la situación puede cambiar y estabilizarse mientras no surjan nuevos conflictos.

Un ejemplo de esto podrían ser las luchas entre vecinos por los lindes de sus terrenos o por las incomodidades que se generan unos a otros. También, cuando alguien descubre a otro hombre sentado sobre su coche al ir a cogerlo.








 
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