El Origen de los Conflictos - UNA VIDA INTEGRAL

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EL ORIGEN DE LOS CONFLICTOS


Todo conflicto deriva de la actividad humana. Cuando se juntan dos o más personas se establecen puntos de unión y puntos de diferenciación. Los puntos de unión nos acercan y nos permiten ver al otro como a un ser cercano, uno de los nuestros. Pero los puntos de diferenciación nos alejan y nos llevan a los conflictos.

De forma inmediata, cuando se percibe que la persona de al lado es diferente y que su forma de ser, de vestir, de pensar, sus metas, sus valores, etc. no se asemejan a las nuestras, empieza el proceso de dolor que nos lleva a desarrollar conflictos.

Antes de que se produzca el conflicto externo en forma de choque o de enfrentamiento, se observa un estado intermedio en el que la persona que ha tomado conciencia de que el otro es diferente siente un tremendo deseo de cambiarle, de ganarle para el propio interés, de hacerle uno de los nuestros y se pone en marcha un mecanismo de incordio hacia él resaltando las diferencias para darle la oportunidad de que cambie y que no sea diferente.

A pesar de que en este periodo pueda parecer que no hay conflicto, lo cierto es que ésta ya es una actitud agresiva basada en el miedo. Querer cambiar a otra persona para que se parezca a nosotros, en cualquiera de las facetas que sea, implica la no aceptación y la suposición, a priori, de que nuestros valores o posiciones son las correctas y las del otro son las equivocadas.

Esa suposición implica un alto nivel de soberbia al dar por hecho que nosotros poseemos la verdad o estamos en una situación acertada en relación a los demás. Como consecuencia surge ese deseo de cambiarles, pero ese deseo imperioso esconde la emoción que, de verdad, está detrás de esa actitud: el miedo. Lógicamente, este miedo arranca de la inseguridad que implica el tener que admitir que pudiéramos estar equivocados y que nuestras posiciones fueran, tal vez, las equivocadas. Eso supondría entrar en situaciones de reflexión y de cambio que muchas personas inseguras no están dispuestas a hacer con frecuencia o sin un buen motivo.

Por ello, estas personas prefieren que sea el otro el que recorra el camino del cambio y por eso surge la necesidad de que sea la otra persona la que transforme su comportamiento para evitar tener que pasar por una situación que implique reflexión y modificaciones.

Podemos deducir de lo dicho anteriormente que es más probable que una persona insegura entre en conflicto que una que sea más segura. La inseguridad les pone en estado de alerta y les genera el estado de dolor necesario para iniciar los conflictos.

Todo esto puede aplicarse también a los grupos de varias o de muchas personas, ya que funcionan con la misma estrategia y la necesidad de que sea el otro grupo el que haga el cambio en vez del propio. En este caso, cada uno de sus miembros asume un papel común de portavoz de lo que piensa el grupo como tal y también un papel particular según el rango que se ocupe dentro de ese grupo. Las personas más conflictivas van a ser, de nuevo, las que tengan el carácter más inseguro y las que ocupen un lugar más inestable dentro del grupo.

Por ello, muchas personas se exaltan o se crecen cuando les respalda un grupo y no actúan de la misma manera cuando están solas. Un claro ejemplo de esto son los hinchas de los equipos de fútbol que gritan y muestran su agresividad hacia los del equipo contrario mientras se desarrolla en partido y luego, cuando vuelven a sus casas o a sus puestos de trabajo son personas normales e incluso poco o nada agresivas.

Cuando se percibe que el otro es diferente, se siente la inseguridad, aparece el dolor y se intenta cambiarlo. Puede ocurrir que el otro no quiera hacer ese cambio y mantenga sus posiciones total o parcialmente intactas. Como consecuencia de ello, es muy probable que la situación se tense más y se pongan en marcha acciones que vayan en direcciones diferentes que acaben en un choque abierto o en el alejamiento de las personas.

Pongamos aquí el típico ejemplo de una pareja de recién casados que entra en su nueva casa y empiezan a convivir. De repente, cada uno de ellos percibe que la persona ideal con la que se ha casado tiene pequeños defectos que, inicialmente, se perdonan. Pero, a medida que van viviendo situaciones cotidianas en las que se repiten los comportamientos no aceptados aparece el dolor y el deseo de cambiar al otro.

Puede que ella perciba en él una clara tendencia al desorden y a dejar las cosas en cualquier sitio, por ejemplo, la ropa sucia. Ella podría empezar a recogerla por él o sugerirle con cariño que lo haga, pero si él no responde adecuadamente, poco a poco se convertirá en un motivo de discusión y finalmente de conflicto.


Él puede percibir su exagerada tendencia hacia la limpieza y sugerirle con cariño que no es tan importante hacerlo así, pero si ella no cambia, eso irá poco a poco despertando el dolor en él hasta que surjan actitudes más tensas que les pueden ir llevando progresivamente al enfrentamiento.

Así pues, los conflictos surgen del encuentro entre humanos, de sus actividades habituales, de la percepción de que alguien es diferente y del dolor que eso implica y genera. Esta percepción de las diferencias que existen entre las personas cuando se juntan, se expresa de forma humorística en un antiguo refrán nuestro que dice: "dos españoles, tres opiniones".

Podemos esquematizar la forma en que se genera un conflicto de la manera que vemos a continuación.



FIGURA 17: Esquema de la formación de un conflicto.















FIGURA 17: Esquema de la formación de un conflicto.









 
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