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El Aspecto Físico

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EL ASPECTO FÍSICO

La parte física del ser humano es la que mejor conocemos ya que como solemos decir “se puede ver y tocar”. La conforma nuestro cuerpo y sus emisiones y actividades. Del estudio de cómo es y cómo funciona en estado de normalidad se ocupan disciplinas tan importantes como son la Anatomía, la Fisiología o la Bioquímica. Del estudio de los desarreglos y desequilibrios se ocupan la Medicina y la Fisiopatología.

Lo primero que debemos observar en el cuerpo humano es el dimorfismo sexual, es decir, en nuestra especie hay machos y hembras, hombres y mujeres, yin y yang. Ambos conforman a la especie, son complementarios, son similares, funcionan de forma parecida, pero no son iguales.

La evolución de nuestra especie nos ha llevado a caminar sobre dos pies, aunque nuestro cuerpo estaba inicialmente diseñado para caminar a cuatro patas como los chimpancés. Somos frágiles y la supervivencia del cuerpo físico requiere unas condiciones especiales de comida, bebida, clima y defensa frente a las agresiones del mundo exterior.

En nuestra adaptación a las difíciles condiciones de ese mundo exterior, hemos desarrollado unas manos con un dedo gordo que se opone a los otros y nos permite utilizarlo de forma muy eficaz para manipular nuestro entorno y también hemos formado un cerebro que nos hace posible gestionar hábilmente nuestro cuerpo y, especialmente, nuestras manos. Pero ese cerebro es un órgano que consume mucha energía y que no la produce. De eso se encargan otros órganos y sistemas que hacen posible el funcionamiento del cuerpo físico de acuerdo a las muy diferentes necesidades que marcan la supervivencia en cada zona del planeta.

Hay una estructura de soporte que la conforman los huesos, músculos, ligamentos y articulaciones principalmente (Fig. 8). Otra de asimilación de nutrientes formada por el estómago, hígado, bazo, páncreas, intestino delgado e intestino grueso. Otra para eliminar desechos, formada por el riñón, la vejiga, el intestino grueso, el pulmón y la piel. Otra para la correcta distribución y transporte de sustancias, formada por el corazón, las arterias, las venas y el sistema linfático. Otra sirve para controlar, organizar y dirigir, formada por el sistema nervioso central, los nervios y los ganglios y plexos nerviosos. Y así hasta hacer posible el equilibro de todo el cuerpo físico.

Fig. 8: Aspecto físico: huesos y músculos.

Cuando todo lo anterior funciona a la perfección decimos que el cuerpo está sano, generando así la definición, siempre difícil e imprecisa, de la salud física, es decir, el equilibrio y buen funcionamiento de todos los sistemas. Y por lo tanto, la enfermedad sería el desequilibrio o disfunción de uno o varios sistemas.

Sin embargo, el concepto occidental de enfermedad se centra en la aparición de signos o síntomas, dejando así una zona no bien definida de estados de desequilibrio en la salud que aún no dan signos o síntomas evidentes. A esta zona le hemos asignado el término de pre-enfermedad, dejando así claro que hay un periodo de tiempo en el que la persona ya ha perdido parcialmente su estado de salud pero aún no se ha desarrollado la enfermedad según el concepto actual de la Medicina Occidental.

En la visión energética del ser humano, el cuerpo físico estaría en el lugar más denso, en la base que nos une a la Tierra. Podemos considerar los diferentes aspectos de la expresión del ser humano como si fuesen esas muñecas rusas que, siendo progresivamente cada vez más grandes, una engloba a la otra; el aspecto físico sería la muñeca más pequeña, la que está al final, dentro de todas las demás.

Sobre este aspecto físico revierten todos los demás, utilizando su energía y gastando la vitalidad con la que nacemos, la cual nos da la esperanza de vida. Especialmente el aspecto mental y el emocional son los que más consumen la energía del aspecto físico del ser humano, por lo que siempre que haya algún desequilibrio emocional o mental es muy probable que aparezcan signos y síntomas en el cuerpo físico, como reflejo de ese desequilibrio.

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