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CONFLICTOS SOCIALES


El ser humano, como animal social, necesita formar parte de grupos para sobrevivir, desarrollarse y evolucionar. Cada ser humano forma parte de varios grupos a la vez y cada uno de ellos se rige por unas leyes más o menos exigentes con sus miembros. Cuanto más cerca está un individuo del grupo al que pertenece más le afecta.

El hecho de que una persona pertenezca a la especie humana no le condiciona especialmente en su vida cotidiana, pero sí el de ser miembro de un grupo religioso, ser ciudadano de un país o tener una cierta ideología.
Una vez que un individuo se posiciona y acepta su pertenencia a un cierto colectivo humano, percibe que existen dos tipos de personas: las que son de su grupo y las que no. Con las que se identifica y ve como a similares tenderá a establecer una relación positiva y cercana, pero con las que no lo hace va a reaccionar de forma distante, como mínimo, cuando no beligerante, lo que puede ser motivo de problemas entre ellos, dando origen a los conflictos sociales.

Hay muchos aspectos del ser humano que pueden desembocar en estos conflictos, pero los más relevantes están asociados a las diferencias ideológicas, religiosas, políticas, las raciales, las de sexo y las situaciones que tienen que ver con la lucha por el poder, el territorio y el cumplimiento de las leyes.
El ser humano ha mostrado su tendencia espiritual desde sus orígenes, empezando a buscar inicialmente la representación de lo sagrado en la Naturaleza y los astros para después irse formando progresivamente las diferentes religiones que hoy existen.

Como cada una de ellas ha surgido en momentos concretos de las diferentes culturas, no suelen coincidir de forma clara entre ellas, ni en las creencias, ni en los ritos o ceremonias que realizan.

Hay religiones monoteístas y politeístas y también existe el ateísmo, al que podemos considerar una religión sin Dios. La propia idea de ese ser supremo es vista de formas muy diferentes por las diferentes religiones, lo que lleva a los que pertenecen a unas o a otras a entrar fácilmente en conflicto.

No son menos frecuentes los enfrentamientos o choques entre personas que son de otras razas. El color de la piel o los rasgos que distinguen y caracterizan a las diferentes etnias humanas pueden despertar en sus miembros el recelo hacia los que no son de la suya, aunque otras veces esos rasgos pueden también ser un elemento de atracción entre personas.

Las diferencias entre los dos sexos, naturales y biológicas, son un componente importante en las discusiones y enfrentamientos entre hombres y mujeres al considerar unas u otros que lo que caracteriza a su sexo es lo mejor y lo del otro es menos importante o, al menos, se puede criticar o ridiculizar.

Vemos en nuestras sociedades cómo grupos de personas pertenecientes a uno de los dos sexos apartan, discriminan o atacan a los del otro por el sólo hecho de pertenecer a él. Hay clubes selectos en los que no pueden entrar hombres o mujeres, bares o lugares de ocio donde unos u otros no son bien recibidos, grupos políticos cuya aversión al otro sexo es una de sus principales consignas, etc., evidencian el conflicto entre los sexos.
Los conflictos entre naciones o estados son tan frecuentes que ya nos parece normal ver en la prensa escrita o escuchar en las noticias de cualquier cadena de televisión o de radio, la información sobre los choques entre naciones, las situaciones de alta tensión o las guerras que están activas en la actualidad.

Como es lógico, esto va a ocurrir con más frecuencia entre países vecinos, pero cada vez más podemos encontrar conflictos entre naciones que están a muchos kilómetros unas de otras, gracias a que la información llega a casi todas las partes del mundo.

Otro apartado importante en el grupo de los conflictos sociales le corresponde a los choques entre las diferentes ideologías. Personas que sienten afinidad por una forma de pensar se juntan y se agrupan para defender sus ideas frente a los que no piensan de forma similar a ellos.

Tenemos un excelente ejemplo en las luchas por ideologías políticas, que llevan a los seres humanos a enfrentamientos encarnizados, a guerras fratricidas y a conflictos que se enquistan durante muchos años.

Otras veces, los enfrentamientos se producen por defender los recursos y el territorio que ocupan unos grupos humanos frente a la agresión de otros. Estos pueden afectar a gran escala a países y a naciones o, a una escala menor, a pequeños propietarios que defienden, por ejemplo, su terreno de la entrada de ganado, de la actividad de algún vecino o de la voracidad de una empresa constructora.

El choque entre vecinos es siempre mucho más probable que entre personas que no lo son. Las personas que viven cerca pueden sufrir las consecuencias de la actividad cotidiana de unos y otros, lo que les puede generar muchos problemas. Además, estas personas reciben información frecuente de la forma de ser, de actuar o de vivir de los otros, que pueden utilizar en su contra y añadir nuevos factores de tensión si entran en conflicto.

Otro importante grupo es el de la lucha por defender ciertos intereses o el de la lucha por el poder. Es más frecuente que este último corresponda al mundo de la política y el primero al mundo de la economía, ambos repletos de situaciones en las que pueden surgir probables factores de tensión.

El respeto a las leyes y el comportamiento social adecuado es fuente de situaciones de tensión o de rechazo a su cumplimiento al considerar que las pautas mayoritariamente aceptadas son inadecuadas o injustas para una persona o para un grupo. En este apartado se pueden dar conductas antisociales o contra el sistema para forzar los cambios o para generar alternativas a las leyes impuestas o a las conductas tradicionales.

Con frecuencia, los conflictos sociales nos dejan ver, como ocurría en la familia, situaciones que se han dejado pasar o en las que no se ha actuado a tiempo, bien porque no se consideraban primordiales o bien porque había otras más importantes a las que dedicar la atención.

Aunque los conflictos sociales pueden generar un gran sufrimiento a muchas personas durante mucho tiempo, ralentizar o parar algunos procesos evolutivos o frenar el avance de una cultura, también tenemos que reconocer que las situaciones conflictivas activan el ingenio y la capacidad de supervivencia del ser humano, de forma que, cuando se enfocan adecuadamente, estas situaciones pueden provocar cambios favorables y de una gran importancia en la evolución de los seres humanos. Estaríamos dando fuerza a esa frase popular que dice que no hay mal que por bien no venga.

Vamos a ver a continuación algunos ejemplos de modelos de conflicto social.









 
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