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CONFLICTOS EN EL TRABAJO


En una sociedad grupal como la humana en la que sus miembros se necesitan unos a otros para el funcionamiento general de la misma, se dan muchas circunstancias que estrechan los lazos y unen a sus miembros para conseguir un fin común, pero también se dan otras en las que es más probable que aparezcan situaciones de choques y enfrentamientos entre ellos.

Uno de los lugares donde es frecuente que ocurra esto es en el entorno laboral, en el lugar donde se va a trabajar, con los compañeros de trabajo o con los jefes.

No es de extrañar que esto sea así, ya que las personas que tienen una ocupación laboral, pasan una buena parte de sus vidas en el lugar de trabajo o haciendo cosas para su empresa. Si le calculamos a un trabajador medio una jornada laboral de 8 horas al día, 5 días a la semana y le añadimos un promedio de 1 hora para ir y volver de su trabajo, tendremos que esa persona pasa casi la tercera parte del tiempo en el entorno laboral o yendo y viniendo de él.

Si además tenemos en cuenta  que en las empresas son varias personas a la vez las que pueden compartir tiempo y lugar, resulta necesario desarrollar una habilidad social especial para convivir durante las horas de trabajo con los compañeros que, aunque inicialmente son personas desconocidas, progresivamente van a ir pasando a formar parte del entorno afectivo de la persona.

El grupo humano que convive en un mismo entorno laboral se caracteriza porque sus miembros buscan un fin y un beneficio común. Los trabajadores de una empresa privada necesitan ganar dinero para poder cubrir sus necesidades y los dueños de ésta también. La empresa pública puede buscar ganar dinero o dar servicio a los ciudadanos, pero también en ella se persigue un objetivo común. En las cooperativas el beneficio de todos resulta mucho más evidente y es muy importante que exista una cohesión entre sus miembros.

En estos grupos se da siempre una jerarquización de forma espontánea o que ha sido previamente diseñada para que haya un mejor funcionamiento y rendimiento laboral. Esas jerarquías han de ser respetadas ya que el que no lo haga corre el peligro de ser expulsado del grupo y perder su trabajo.

Cuando una persona inicia su periodo laboral con su primer puesto de trabajo, tiene que aprender rápidamente las normas de la empresa y los códigos de comportamiento de sus miembros para poder desarrollar adecuadamente su labor. Con mucha frecuencia no hay un cursillo de aprendizaje y la persona suele encontrarse bruscamente con muchas situaciones para las que no había sido preparada previamente. Por eso intenta encontrar las similitudes que haya entre sus compañeros y las personas de su familia y también con las situaciones vividas previamente, a través de la experiencia propia o la transmitida.

Una vez asignados esos papeles, se intenta actuar de la misma forma en la que se ha hecho en la familia de origen y se procura utilizar esa experiencia para resolver los conflictos que surjan en su puesto de trabajo. Poco a poco esa persona se irá acoplando e irá superando las situaciones problemáticas que vayan apareciendo.

Tampoco hay que olvidar que las diferentes estructuras biológicas, cerebrales y emocionales que distinguen de manera muy importante al hombre y a la mujer van a ser un factor clave a la hora de desarrollar el trabajo, respetar las jerarquías o establecer vínculos de relación entre los compañeros. En general, podemos decir que un hombre va a aceptar de mejor grado una estructura jerárquica de tipo vertical que una mujer y que ésta intentará buscar relaciones al mismo o similar nivel, en una estructura horizontal, y también tenderá a establecer lazos afectivos más cercanos con sus compañeros de trabajo que lo que haría un hombre. Además, se generan con naturalidad los grupos de hombres y los grupos de mujeres, en los que de vez en cuando participa algún miembro del otro sexo.

La dificultad para relacionarse con personas con las que no hay una experiencia previa de convivencia y que, por lo tanto, han aprendido códigos diferentes aportados por sus respectivas familias, facilita la aparición de emociones negativas tales como el miedo o el enfado, que pueden derivar en situaciones de rivalidad o de acoso hacia la persona más débil y también hacia la que pudiera hacer peligrar la estabilidad o seguridad laboral de otras. En estos entornos resulta más fácil que surja ese fenómeno muy extendido actualmente que es denominado acoso laboral o mobbing.

El período laboral le exige a una persona cambiar de comportamientos y actitudes ante su vida, como son la hora de levantarse o acostarse, las fechas para viajar o disfrutar de momentos de ocio y los tiempos que se pueden dedicar a la familia. Esto puede condicionar de manera importante la forma en que se relaciona una pareja o como lo hacen los padres con sus hijos, obligándoles muchas veces a omitir o a delegar funciones importantes en el desarrollo y maduración de la pareja y de los niños.

Muchas veces, se traslada el estrés personal o familiar al entorno laboral y viceversa. A una persona que tiene un problema importante en su familia le va a resultar muy difícil no estar alterada o condicionada en su trabajo. Lo mismo ocurre si mantiene hábitos patológicos u horarios inadecuados, ya que el cansancio o la enfermedad le van a condicionar su capacidad para desarrollar de forma eficaz su actividad.

Cuando llega el fin de esa etapa laboral y viene ese otro periodo denominado jubilación, muchas personas sienten un gran vacío en sus vidas al disponer de mucho tiempo libre y pocas cosas que hacer. Con frecuencia también este periodo viene condicionado por un nivel de vida económico menor que el que se disfrutaba en la época laboral, lo que obliga a la familia a hacer adaptaciones en sus gastos o actividades.

No es extraño ver que una persona que ha desarrollado una gran actividad laboral durante años, al jubilarse intente continuar con sus funciones en casa, casi transformándola en su empresa, controlando o condicionando a los otros miembros de la familia, la pareja o los hijos, y que esto suponga un aumento del estrés en sus relaciones y una inevitable necesidad de adaptarse a la nueva situación. Cuando eso no se produce aumentan las situaciones conflictivas que pueden desembocar en la ruptura o separación de la pareja, en una crisis con los hijos o en ciertas enfermedades asociadas al estrés.

Por todo ello, el mundo laboral viene a ser el segundo foco en importancia, después de la familia, del origen de los conflictos que vive una persona a lo largo de su vida.









 
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