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Atracción del Hijo por lo Prohibido

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ATRACCIÓN DEL HIJO POR LO PROHIBIDO O LO PELIGROSO


En la función natural de criar y educar a los hijos, los padres tienen que emitir con mucha frecuencia mensajes de atención, de peligro o de prohibición en relación con las cosas o situaciones de riesgo en las que se encuentra o se encontrará su hijo.

Estos mensajes van a variar de forma significativa según la experiencia personal de sus padres en la vida, la del entorno familiar o la del momento social en el que se vive, con las modas y cambios que aporta cada generación.

Pero, los hijos sienten que necesitan experimentar por ellos mismos todo lo que les trae la vida o lo que ellos creen que deben ir a buscar y en este proceso puede ocurrir que los mensajes de los padres no les parezcan adecuados, realistas o actualizados para su generación. Esto les impulsa a hacer justo lo contrario de lo que les han aconsejado sus padres para descartar o confirmar si estos tienen razón en la información que se les trasmitió con sus mensajes.

Atracción de un hijo por lo prohibido o lo peligroso


Estos periodos de experimentación ocurren especialmente en las primeras etapas de la vida, desde la infancia a la adolescencia y la primera juventud, pero resultan ser más peligrosas y conflictivas durante estas dos últimas.

Es razonable que unos padres eduquen a su hijo en la etapa de la niñez en lo que ellos crean que es más adecuado y le alerten de lo peligroso. Los niños aceptan a veces de buena gana las recomendaciones de los padres, pero vemos que en otras necesitan quebrantarlas y comprobar por ellos mismos como cuando, por ejemplo, tocan algo caliente y se queman.

Pero, la atracción por lo prohibido o lo peligroso coge más intensidad en la adolescencia y en la primera juventud, etapas en las que el aumento de talla, la mayor fortaleza de su cuerpo, el cambio hormonal, el incremento de sus habilidades mentales y el aumento de sus necesidades emocionales, les pueden llevar a probar nuevas experiencias y a investigar si hay motivos para que lo prohibido siga siéndolo.

El comportamiento de atracción hacia lo peligroso les puede dar un lugar más importante dentro del grupo de jóvenes o adolescentes y ganar así puntos frente a otros menos atrevidos. También puede ser útil para llamar la atención de las personas del otro sexo con el objetivo de acercarse e intentar establecer nuevas relaciones.

Esto surge especialmente si hay una mala o inadecuada relación entre los padres y el hijo, si hay una herencia caracterial negativa en la familia, si surge una lealtad hacia algún miembro importante que también se comportó peligrosamente, si hay un conflicto que se ha hecho crónico en la pareja o en su familia o si el lugar que ocupa el hijo entre los hermanos le genera conflictos o la pérdida de autoestima.

Es frecuente que estos comportamientos peligrosos o prohibidos tengan que ver con el consumo de drogas, tanto las legales como las ilegales, con la conducción de vehículos (motos o coches) de forma temeraria o a grandes velocidades, con la actividad sexual o con actividades delictivas (robo, acoso, etc.).

Con frecuencia, estas formas de actuar llevan a los que las practican o a sus compañeros a sufrir sus consecuencias y, al sufrirlas, pueden dar lugar a un cambio de actitud y a intentar evitarlas.

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